Desde Dentro de Cuba.

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07 de Febrero del 2000

LAS ESCUELAS EN EL CAMPO.- La peor de todas las opciones. Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Las escuelas en el campo, son, entre las pocas opciones que existen en Cuba para cursar la enseñanza media, la peor. Los padres que aceptan mandar a sus hijos a estos lugares, lo hacen por no tener otra alternativa aunque en no pocas ocasiones deciden dejarlos en el hogar sin estudiar más.

Esta modalidad de enseñanza está basada en concepciones pedagógicas totalmente erradas, y más que pretender enseñar y educar, tal parece que en ellas la prioridad es aprovechar la mano de obra gratuita de los estudiantes y sentar bases para la manipulación política del futuro adulto.

Esta modalidad de enseñanza es vulnerable a una valoración pedagógica y sus aspectos más débiles pueden resumirse en los siguientes puntos:

Primero: La escuela en el campo rompe casi todo vínculo entre el menor y los padres, además de distanciarlo del hogar, de la familia en general y del entorno social donde venía desarrollándose. De esta manera la formación de convicciones éticas y de hábitos de vida adecuados, que se forman según el influjo de los factores citados, no se desarrollan o lo hacen de manera reducida.

Se refuerzan los aspectos negativos del asunto si se tiene en cuenta que semejante aislamiento se produce durante una edad crucial para el individuo (12 años) puesto que su futuro moral se gesta durante estos años.

Segundo: La pretensión de crear en el joven una cultura de amor y respeto al trabajo que favorezca sus futuros deberes con la sociedad en vez de lograrse por esta vía, se desvirtúa. El efecto contrario a lo que se dice conseguir se comprende cuando se constata el balance inadecuado entre el tiempo dedicado a la docencia y el dedicado al trabajo en las plantaciones. La actividad principal de un alumno de enseñanza media es obviamente el estudio mientras que aquí se dedica el mismo tiempo que al trabajo e incluso, menos.

Por otra parte, las condiciones humanas en que las labores agrícolas se realizan dejan mucho que desear. Basta destacar a manera de ejemplo que en ocasiones la falta de la asada para el deshierbe no queda otra alternativa que el uso de las manos, siendo participantes también las niñas en estas labores. A esto se añade que las normas en ocasiones son excesivas, sin tener en cuenta que son niños los que laboran y que las condiciones en que hay que cumplirlas, son las peores.

Este inadecuado ambiente en la realización de las labores, va generando en los muchachos un intenso espíritu de repudio a las labores manuales en particular y hacia el trabajo de manera general.

Tercero: La sustracción del menor del ambiente familiar de que hemos hablado, pudiera tener una afectación menor si las condiciones humanas y materiales en las escuelas al campo, fueran adecuadas. Pero en la práctica está probado que las escuelas en el campo, salvo pocas y transitorias excepciones, se caracterizan por un desorden generalizado que incluye la ineficacia en la aplicación del proceso docente educativo, la promiscuidad sexual, el hacinamiento, los actos delictivos y un desabastecimiento de alimentos y medios para desarrollar las actividades para lo cual están concebidas. El resultado de todos estos factores negativos es que el estudiante apenas asimila el 20 ó 30% de los conocimientos que debe, según los objetivos de los planes de estudio, pero aún peor es el grado de degeneración ética de la mayor parte de sus egresados. Esto se manifiesta en una alta potencialidad para incurrir en delitos y un abandono total hacia el ejercicio de sus deberes sociales.

Esta realidad de perogrullo es el resultado de un disparate de ayer del cual no existe hoy la voluntad para subsanar. Hacerlo implicaría tener que fabricar cientos de escuelas y dejar muchas caballerías de cítricos sin la atención manual y gratuita que aportan los estudiantes.

Durante los últimos años ha habido una reducción demográfica drástica en las edades de enseñanza media. Se han vaciado gran número de escuelas en el campo que hoy permanecen abandonadas en el medio de la campiña, habiendo desaparecido ya las vías para llegar a sus ruinosas construcciones. De haber sido fabricadas en el lugar correcto y según concepciones racionales, estas escuelas majestuosas de ayer, podían haber prestado su importante función durante más de 100 años, mientras que algunas no llegaron ni a los 20 de vida útil. No existe monumento mejor a la irracionalidad y la falta de previsión. Pero estas ya no preocupan a los padres y a los alumnos. Son aquéllas que absorben todavía una abundante masa juvenil para llevar a cabo su mal formación, las que quitan el sueño a la familia cubana que debe entregarle sus hijos. Y así será hasta que el sentido común se aplique y se enmiende tal barbaridad pedagógica, que hoy con impotencia presenciamos.

Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.


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