Desde Dentro de Cuba.

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04 de Febrero del 2000

CARTAS Y BOLEROS. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Dicen que el Benny Moré tenía miedo escénico. Salía al escenario empapado en alcohol. Hasta su última víscera. Al público, que lo aplaudía hasta el arrebato, le daba terror pensar que este hombre, excelente compositor y cantante, pudiera ser víctima de sí mismo. Cada bolero, cada son y cada salto al escenario, eran como un salto hacia la muerte, en el tren expreso de la bebida. Pero, era inevitable, la vida misma del Benny estaba tras el micrófono y al frente de su "Tribu" como le decía a su orquesta.

Benny Moré no vio concluir la década del 60. Con apenas 42 años murió de cirrosis hepática. Sus últimas fotos son muestra de cómo se deterioraba, pero se presentaba en vivo sabiendo que le quedaba poco por vivir. Ya no había miedo al público. Era el temor a la muerte el que le hacía vivir aún más intensamente su vida de artista excepcional. Entabló una amistad de secretos con su médico personal, hasta llegar a comprender que estaba sentenciado. Benny Moré no llegó a ver los tiempos del exilio masivo de su público. Casi todos los que lo aplaudían fueron saliendo de la Isla. Y en tiempos del "bloqueo" se hizo muy difícil tener discos del Benny, pero los cubanos del exilio lo siguen adorando y la Víctor de la cuál el Bárbaro del Ritmo era artista exclusivo, reprodujo una y otra vez su voz inolvidable. Benny Moré significa además los hermosos recuerdos del pasado, de la vida nocturna y alegre de una Habana despreocupada y hermosa. Por eso le escribían, mantenían ese contacto vital que une la música y sus cantantes a los recuerdos y mantiene la presencia en los discos y la voz.

Nadie puede imaginar qué hubiera hecho el Benny si viviera aquí en la Isla estos tiempos. Amaba hasta la locura a su gente. El miedo escénico lo siente el artista por respeto a su público. Benny hacía del respeto al público una divisa. Muchos empresarios lo contrataban para recaudar y por ello llegan las leyendas de ausencias del sonero mayor a los espectáculos, pero se ha demostrado que nunca quedó mal en los contratos y, si llegaba un poco tarde, enmendaba el error cantándole a la gente hasta que salía el sol. Nadie lo duda, Benny Moré cantaba con alegría. Se sabía que en su voz Dios había colocado el soplo divino. Quedan sus discos pero también las cartas del exilio. Las cartas de los que lo extrañaban y lo lloraron. Muchos de ellos ya van también desapareciendo, dejando entre las piedras de ciudades extrañas la esperanza de un definitivo regreso que aún está por darse. El Benny Moré tenía miedo escénico. Lo que nadie puede imaginar es cómo hubiera muerto hoy el Benny al ver todo lo que hay de distancia entre su canto y los aplausos.

Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.


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