Desde Dentro de Cuba.

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04 de Febrero del 2000

SOMBRA DE AUSENCIA: Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Hortensia lleva sobre sus hombros, toda la ausencia del mundo. Es una carga pesada, que ella siente ligera. Se sienta a la puerta de su casa y mira hacia dentro, hacia un lugar en sus recuerdos. Viven en una de las zonas más humildes de Pinar del Río. En ese mismo barrio creció y jugó su hijo Oscar. Hortensia sonríe a solas y habla en voz baja. Como si hablara con él o le sonriera las travesuras de una niñez distante.

Cuando Hortensia recibe el mensual dinero de la jubilación, sale a una de las tiendas de la calle principal y compra ropas para un joven de 19 años. Quien no conoce de su drama, se pregunta para quién compra esa anciana ropa de muchacho si vive sola en su casa. Hace ya ocho años que Hortensia compra ropa para un jovencito que jamás va a estrenarlas. Oscar era su único hijo. Ya Oscar no está con ella. Lo perdió para siempre un funesto día del año 88 durante la guerra de Angola. En 1991 los vecinos de Hortensia se dieron cuenta de que ya no era la misma.

Una tarde llegó con muchos paquetes en las manos. Decía a todos que era ropa buena para su hijo Oscar. Los que la escucharon se estremecieron. Oscar llevaba tres años muerto. Pero, para ella, seguiría vivo. Se supo que había gastado en aquella compra todos sus ahorros. Más tarde, continuó comprando con el escaso dinero de la pensión como maestra retirada. Los vecinos han hablado con las autoridades para que se ocupen de la pobre Hortensia, madre de un "combatiente caído como internacionalista". Nadie responde a ese llamado de la gente que la conoce. Ella se va deteriorando ante los ojos de todos. Nadie puede impedir que siga comprando cada mes, más ropa para su hijo muerto. Continúa ahí, en la soledad de su portal cada tarde.

Ayer caía una llovizna y Hortensia, miraba hacia la calle sonriendo. Un vecino preguntó a otro por qué sonríe tanto esta mujer cuando llueve, la respuesta lo sacó de dudas. Oscarito había nacido en una tarde de lluvia, según recuerdan los mayores. También ayer por la tarde, mientras llovía, Hortensia lloraba a ratos. Entonces el vecino preguntó por qué también la lluvia la hace llorar, bajando la cabeza el vecino respondió, con tristeza, que en una tarde de lluvia y en una selva lejana, Oscar perdió la vida. Eso dice los que vivieron para contarlo. A la anciana sin hijo le quedan todas las tardes de su lánguida existencia rodeada de regalos que su muchacho no va a haber en medio de lluvias triste que, seguirán cayendo.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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