Desde Dentro de Cuba.

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14 de Enero del 2000

EN BLANCO Y NEGRO Por Armando Añel, Cuba Free Press.

La Habana.- El pasado sábado 8, en su acostumbrado espacio nocturno el canal CubaVisión, de la televisión cubana, pasó dos películas de factura norteamericana, la primera de ella llevaba el título de "En Blanco y Negro", la segunda, protagonizada por Harrison Ford, el de "Presunto Inocente". La segunda, aderezada con una buena dosis de corrupción judicial, abuso físico a un menor y presentación de ese mismo menor en un proceso para que declarara en contra de su propia progenitora, tocaba el tema de la "degeneración del aparato de justicia estadounidense", la primera, conducía por los asesinatos en serie de un policía, presentaba el lastimoso cuadro de una madre drogando a su hija pequeña a cambio de dinero, ilustre "ejemplo" de la degeneración de todo un sistema. Curiosamente, en ambos casos se traía a colación o se insinuaba o se pretendía constatar o se ponía sobre el tapete la cuestión de la crisis de valores de la sociedad norteamericana, crisis de la que un niño, por más que lo intentara, no podría sustraerse; casualmente, por aquellos días se cumplía en Cuba un mes de marchas, actividades, concentraciones y demás suculencias en pro de la vuelta de Elián González.

"La democracia y el socialismo sólo se unen por una palabra, la igualdad; pero nótese la diferencia: la democracia adquiere la igualdad en la libertad, el socialismo adquiere la igualdad en las incomodidades y en la servidumbre", decía Tocqueville, allá por el lejano año de 1848 y hay que ver que el socialismo, específicamente entendido como dictadura totalitaria, quiere algo más: quiere la igualdad en el embuste. En una sociedad totalitaria el carnicero tiene tanto derecho a ser manipulado como el ingeniero, el albañil como el cirujano, el limpiabotas como el gerente de empresas. Totalizada la sociedad por la ideología del más fuerte, acarreada la masa por el partido único, controlado el disidente por el pueblo uniformado, pero sobre todo, manipulado el pensamiento por los medios de difusión al servicio del estado, el engaño es, en un sentido redundante, el recurso político por antonomasia de la élite en el poder. En un libro escrito hace ya más de 40 años, Carl Friedrich y Zbigniew Brzezinski, plantean que la dictadura totalitaria es la adaptación de la autocracia a la sociedad industrial del siglo XX, yo agregaría, de no pecar de inmodesto, que es también la adaptación de esa autocracia a la sociedad audio visual de una época que felizmente termina. Termina la época de las autocracias, me explico. Es el momento, como ha dicho Minogue, "en el que los radicales han perdido todas las utopías posibles -de la Soviética a la Cubana-, por lo que pueden llegar a ser forzosamente intolerantes con la sociedad en que viven".

El control de los medios audio visuales y de difusión masiva en una sociedad cerrada resulta al político lo que la posesión de un arado al dueño de un par de bueyes. A ningún ciudadano se le obliga a ver, oír o leer ciertas cosas (al menos casi nunca), pero a todos se les prohibe todo el tiempo contemplar, escuchar o examinar (porque además se les oculta), lo que no le conviene al régimen. Es entonces que la dupla imagen-mensaje, atizada por los ideólogos de la dictadura del "proletariado", se alzan en toda su tremolante crudeza. Es entonces que conocemos que en Africa los niños mueren por desnutrición, y en los Estados Unidos se drogan, que en América Latina trabajan en lugar de asistir a clases. Es entonces que descubrimos que en Cuba esta empresa sobre cumplió el plan trimestral, aquella pobre doctora es una heroína del trabajo, aquél cantante de moda donó un día de haber a las milicias de tropas territoriales. Es entonces que sentimos, porque sólo "vemos", la grandiosa obra de la revolución. Giovanni Sartori afirma en "Democrazia: cosa é" que la televisión reduce la información a lo visible, es decir, que el espectador sólo sabe que ve, que ve sin "saber", pero en un mundo globalizado, los de la información se bifurcan en disímiles direcciones y tendencias, el receptor al menos puede escoger, comparar, buscar e incluso divulgar su punto de vista. De esta manera los ideólogos del partido único suelen darse el lujo de hallar agujas en el pajar de las calamidades mundiales, agujas con que pinchar a su antoja la conciencia de la masa desprevenida (o patéticamente ignorante). El As de triunfo con que cuenta el régimen cubano es su dominio sobre los medios de difusión masiva, y si no se entiende esto a cabalidad, contra él se estrellarán las cartas de los que aspiran a instaurar la democracia en la Isla.

En un sistema como cubano se vive en blanco y negro. En el film del mismo nombre a que hacía referencia al comienzo, un policía establece la diferencia entre el ajedrez y la sociedad abierta: "Al menos aquí sabes a quien te enfrentas, -explica al protagonista señalándole el tablero-, en la vida real hay tantos matices que todo es mucho más complicado". En la vida real, aquella que los comisarios políticos intentan birlar al pueblo "combatiente" la libertad, entendida como un valor en sí misma, implica riesgo, voluntad de cambio, tolerancia, capacidad de hacer y de escoger en función de un objetivo concreto, ya sea el bienestar individual o colectivo. Lo terrible es en la vida virtual, aquella que los comisarios políticos procuran regalar al pueblo "contaminado", la vida real aparece simplificada, corregida, condicionada a dos extremos (los del bien y el mal) como en las malas películas del oeste.

Armando Añel, Cuba Free Press.


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