Desde Dentro de Cuba.

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07 de Enero del 2000

MIEDOS. Por Armando Añel, Cuba Free Press.

La Habana.- Hubo un tiempo en que yo sentía miedo. Pero únicamente lo sentía, es decir, experimentaba la certidumbre física, anímica, sensorial, del miedo. Ahora sucede que no solamente lo siento, también lo disecciono. Ahora el miedo no sólo forma parte de mí mismo, si no que es el reflejo condicionado de una conciencia que lo escudriña: La mía. Ahora soy responsable de mi miedo: sé, o supongo que sé, a dónde puede o no puede llevarme, qué consecuencias puede o no puede traerme, incluso cuándo puede o no puede traicionarme. No exagero si digo que mi miedo ha pasado a un segundo plano dentro de mí. Yo a mi miedo ya lo conozco. A mí mi miedo ya no puede embaucarme.

Tal vez no sea aventurado decir que el miedo es sobre todo falta de conocimiento. Alguien amenaza golpearte, pero no sabes por dónde vendrá el golpe y ni siquiera si en realidad te asestarán un golpe. Si supieras, no temerías. La otra noche conversé con un colega que durante años ha esgrimido la estremecedora teoría del miedo de todo un pueblo como justificación de la inmovilidad de ese mismo pueblo: según mi amigo los cubanos de la Isla no nos revelamos porque tenemos mucho miedo. Le digo que sí, que no me caben dudas. Pero que en todo caso ese miedo funciona a partir de un desconocimiento inducido por otro miedo. Actualmente la nación cubana se debate entre dos miedos. Quienes detentan el poder temen perderlo. Quienes gobiernan no se hacen a la idea de servir. A quienes oprimen les aterroriza la idea de rendir cuentas. No saben por dónde vendrá el golpe y por eso dan palos de ciego. Ni siquiera saben si habrá golpe pero responden a porrazo limpio. Quien da primero, da dos veces. Pura filosofia popular.

El miedo es cosa seria. Con el miedo no se juega. Sin embargo el miedo puede llegar a ser tremendamente provechoso. Por temor a la muerte los hombres beben, comen, aman, se multiplican. Por temor a la ignorancia aprenden a leer y escribir. Por temor al ridículo o a un encontronazo se mira por dónde se camina. Por temor a andar a obscuras cierta gente enciende la luz. Ahora mismo temo tener miedo. O lo que es igual, temo no tener miedo de perder el tiempo, la vida, la posibilidad de elegir, de hacer, de ser. Aún cuando este último miedo (su relativa insuficiencia), pueda jugarme una mala pasada.

Armando Añel, Cuba Free Press.


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