Desde Dentro de Cuba.

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07 de Enero del 2000

LO QUE NOS DICE EL NUEVO EMBAJADOR ANTE EL VATICANO. Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- En la mañana del 2 de diciembre del finalizado año el señor Isidro Gómez Santos, ex funcionario de la oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista, presentó sus cartas credenciales como Embajador de la República de Cuba al Sumo Pontífice en su despacho privado del Vaticano.

Coincidía la ceremonia con la presencia en La Habana del Canciller de la Santa Sede Jean Louis Tauran. En uno y otro punto del planeta, ambas autoridades pronunciaron sendos discursos acerca de la realidad cubana que presumen a un punto de inflexión en las relaciones de los dos Estados.

Pero en estos momentos no nos referiremos a las palabras pronunciadas por las autoridades religiosas, más bien trataremos algunos puntos planteados en el discurso de presentación que el señor Isidro Gómez realizara.

Sus palabras comenzaron transfiriéndole al Papa un "cordial saludo y la expresión del más alto aprecio y distinguida consideración" del dirigente cubano, Fidel Castro. Al respecto y, teniendo en cuenta las esenciales diferencias entre la posición de la Santa Sede y el Estado cubano acerca de puntos tan polémicos como el respeto a los derechos fundamentales de la persona humana, la creación de auténticos espacios de libertad y el establecimiento de un diálogo a favor de la reconciliación nacional, cabría preguntarse cuánto (protocolo aparte) puede haber de sinceridad a la hora de ofrecerse tan efusivos mensajes.

Seguidamente el Embajador entrante ofreció un rosario de estadísticas acerca de la salud y la educación que los voceros del estado cubano dominan de memoria y repiten mil veces ante cualquier auditorio, pero que dice muy poco o nada sobre aspectos tan importantes del sector de la salud como la carencia de medicamentos, el deterioro de las instalaciones asistenciales, la ausencia de una adecuada dieta para los enfermos y los trastornos que genera, en las personas sanas, el desbalance y la deficiencia nutricional.

En el campo de la educación las cifras tienen inadecuada relación con el grado real de instrucción de las personas, que dista mucho de lo que, en formación ética de los jóvenes, debe lograr la escuela dada la inadecuada estructura actual del sistema de enseñanza y las concepciones por las que se rige.

Más adelante puntualizó que, "no hay inmovilismo" en relación a las transformaciones económicas y que "los cambios se hacen gradualmente y en relación con nuestras circunstancias y requerimientos". ¿A qué cambios se referirá el señor Gómez? ¿Será al de fomentar cada vez más la venta de artículos de primera necesidad en una moneda que nada más recibe una ínfima parte de los trabajadores y en irrisoria cantidad? ¿O al de acosar aún más a los trabajadores por cuenta propia mediante imposiciones deshonestas y quitándoles abrumadoramente sus licencias para ejercer? ¿O se referirá al incondicional apoyo a la ineficiente empresa estatal incluyendo la rama de la producción agropecuaria, lo cual genera índices de producción vergonzosos y muy en particular un dramático desabastecimiento de alimentos? ¿O quizás también debe considerar la ofensiva en el campo del turismo, cuyos fondos, unidos al de otros sectores que generan ganancias, van a parar en considerable suma y misteriosa cuantía a fines propios de la actividad ideológica y de la propaganda dentro y fuera de la Isla?

Párrafo seguido el ilustre diplomático asegura "que Cuba siempre ha estado abierta al mundo, son otros los que han tratado inútilmente de aislarnos", haciendo una cercana alusión al manido asunto del bloqueo. Pero dejando a un lado el añejo diferendo, bien sabido es que otros países, que son coincidentes con Estados Unidos en determinadas solicitudes que también, con la suavidad característica de la retórica de la Iglesia, ella ha realizado.

La apertura del mundo hacia Cuba no es un problema. Ciento setenta países asegura el Embajador, mantienen relaciones diplomáticas con ella. Pero lo que genera a menudo tensiones con varios de esos países, como las recientes ocurridas con Canadá, es precisamente la negativa del gobierno cubano a la amplia demanda de que Cuba se abra a los propios cubanos.

Para justificar su oposición a las numerosas solicitudes, arguyen la existencia de una rara democracia en la Isla que excluye, de manera insólita, aspectos esenciales como pluralismo de opinión y de expresión política, separación de poderes y control del ejecutivo, entre otros elementos.

Es algo así como un ajiaco sin viandas, ni carne, sin agua y sazones. Cosa semejante pasa con los derechos humanos que aseguran respetar.

Cuando el orador mencionó las relaciones del estado cubano con la Iglesia católica, refirió una amplia lista de hechos positivos como el ingreso a Cuba en los últimos cinco años de cientos de sacerdotes y religiosos de 31 países y que el 60% del personal consagrado no es cubano.

Como de costumbre en estos casos hizo la comparación con el año 59, señalando que ahora hay más extranjeros sin tener en cuenta que la población de la Isla es el doble en estos momentos. Puso también como ejemplo la circulación en el país de más de 20 publicaciones de la Iglesia, pero no habló de cómo algunas han sido centro de ofensas públicas por autoridades del gobierno como es el caso reciente de la Revista Vitral acusada de reaccionaria sin fundamento alguno.

En definitiva, no comprendemos las relaciones a que se refiere este señor, cuando la Iglesia católica tiene en la Isla inmensas restricciones para desarrollar su labor social, al margen de la política. No puede propiciar a los padres que así lo desean, la educación de sus hijos en escuelas religiosas, como en cualquier otro país, porque el Estado se lo prohibe. No puede fabricar nuevos templos en nuevas comunidades, rescatar los desaparecidos, siquiera reparar los existentes por faltar la autorización estatal. Y mientras así ocurre, las iglesias protestantes fabrican flamantes catedrales por todas partes.

A menudo son desautorizadas las actividades fuera del templo en violación a un derecho elemental y esto sólo por citar algunos casos entre tantos. Las concesiones que se muestran como ejemplo de buenas relaciones no son más que derechos naturales que tiene la Iglesia y que nunca debieron haber sido restringidos. Pero está muy claro que lo que existe de "distensión" entre ambas partes hay que adjudicárselo a los católicos, los cuales, con una perseverancia mayúscula lo han soportado todo y han tenido la paciencia increíble para, pulgada a pulgada, ir ganando un terreno que está muy lejos de ser todavía el que cualquier estado moderno que se respete a sí mismo, desde siempre le hubiese concedido.

Ya casi concluyendo, el nuevo Embajador, olvidando el tamaño del país en que vive y la magnitud de los problemas que lo aquejan, ofreció la colaboración de su gobierno para la solución de los problemas más acusiantes de la humanidad, cuando el gobierno de la Isla lo que debe hacer, sin descartar la modesta posibilidad de ayudar al prójimo en la medida que no acreciente más la miseria de su pueblo, es crear las condiciones que le permitan ser un receptor confiable de la ayuda internacional y poner todo su empeño en sacar al país de la crisis creada por él mismo.

Ya finalizando el señor Gómez Santos reafirmó, como de costumbre, que "perseverará el pueblo cubano en el camino escogido", pero no son muy pocos los que consideran que, en honor a la verdad, quienes están perseverando desde hace ya exagerado tiempo son los que como un núcleo de poder absoluto, prefieren seguir haciendo cuanto les venga en gana con nuestro maltratado pueblo.

Orestes Martín Pérez, para Cuba Free Press.


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