Desde Dentro de Cuba.

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03 de enero del 2000

UN MAL FIN DE AÑO PARA LA RELACION IGLESIA ESTADO. Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Los meses finales del año 99 fueron testigos de situaciones que empeoraron las oscilantes relaciones entre el gobierno cubano y la iglesia católica. Esta última etapa de tirantez tuvo, al parecer, su inicio cuando el gobernante Castro declaró, durante una conferencia televisiva el 1ro. de noviembre, que el Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Pedro Meurice sería sometido a presuntas manipulaciones desde el exterior.

El día 2 del mismo mes, el Cardenal Jaime Ortega y Alamino, publicó una nota aclaratoria escrita en tono molesto, donde reflejó que "Las palabras, homilías o declaraciones públicas del Arzobispo de Santiago de Cuba en cualquier ocasión, no han sido el fruto de ninguna manipulación (...) sino que han sido dictadas por su conciencia de Pastor solícito que ha sentido como algo muy propio de su deber pastoral expresar cual es, su pensamiento sobre los temas que preocupan a la Iglesia y al pueblo cubano". Señaló también el Cardenal cómo la Iglesia fue tratada de manipular en otra época por los llamados "cristianos por el socialismo" y por los pertenecientes a la llamada teología de la liberación "quienes a su paso por La Habana, intentaban alinear a la Iglesia en Cuba con corrientes que crearon división en el seno de la Iglesia Latinoamericana".

Semejante alusión involucró directamente a las autoridades cubanas en el intento de manipular a la iglesia puesto que es bien recordado el apoyo y la aclamación que tuvieron los pertenecientes a tales corrientes por la jerarquía política de la Isla.

En definitivamente el cuestionamiento hecho a la figura de Monseñor Meurice devino, tal vez para sorpresa de algunos que veían al prelado como alguien que sobrepasaba el límite impuesto por las autoridades eclesiásticas, que la Iglesia cerrara filas en derredor suyo, advirtiendo con el gesto que no abandonará a ninguno de sus miembros ante cualquier agresión del Estado.

A un mes del altercado y con motivo de recibir al nuevo Embajador Cubano en la Santa Sede, el Papa Juan Pablo II hizo declaraciones acerca de que "el gobierno cubano debía de ofrecer una mayor apertura de la sociedad".

Un día antes en La Habana, su Canciller Jean Louis Taurán, había planteado algo semejante pero además, ofreció una conferencia titulada "Relaciones Estado Iglesia en la Sociedad Moderna" a través de la cual expresó postulados de la Doctrina Social de la Iglesia Católica acerca de la democracia, el estado y su relación con la Iglesia que han sido duramente criticados por las autoridades de la Isla.

Concluyó la conferencia lamentándose de que la tarja que dedicara el Papa a la Universidad de La Habana durante su visita no ha sido colocada aún en el Aula Magna como se suponía que ya debía haber ocurrido. Aunque no hubo respuesta del Gobierno cubano a las declaraciones del Vaticano, es obvio el disgusto y la irritación que la mismas deben haber generado y muy probablemente el estado de ánimo haya influido en cualquier modificación acerca de la política que hacia la Iglesia se haya tomado.

Tal vez no esté desligado del hecho, la sorpresiva prohibición que emitiera la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, sobre la peregrinación que jóvenes católicos de toda Cuba realizarían los días 3 y 4 de diciembre en el Santuario del Cobre en el marco de las celebraciones por el Tercer Milenio de la Era Cristiana. Ni la manera excluyente con que se prohibió a las Diócesis de Santiago de Cuba y Pinar del Río efectuar el domingo 26 de diciembre la peregrinación que en todas las provincias del país se llevaría a cabo.

En el marco de las procesiones del día 26 fueron desplegados intensos operativos de la policía política, incluso en lugares donde las marchas habían sido prohibidas y detenidos ciudadanos para impedir que participaran en las mismas. Este proceder de las autoridades políticas viola el acápite de la Constitución donde se plantea que "el Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad de religión" y dista mucho del criterio de la Iglesia acerca de que "los creyentes tengan plena libertad de pensar, de expresarse y de pensar, incluida la libertad de disentir".

Aunque la Iglesia no escatima esfuerzos para evitar fricciones con el estado que hagan aún más difícil su misión religiosa y social, es de suponer que la continuidad de esta política de injerencia y restricciones, genere en cualquier momento un endurecimiento de la retórica del Vaticano hacia la Isla y la culminación de lo que algunos consideran una actitud de excesivo consentimiento.

Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.


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