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24 de Septiembre del 2001

SOBRE EL SOCIALISMO (Una meditación desde J. K. Galbraith) Por Emilio Ichikawa Morín, para El Centro Cubano

A finales de los anos `80 J. K. Galbraith empezó una carrera por puntualizar de manera diáfana, casi docentemente, que entender por "liberalismo". La Perestroika había dejado desconcertada a la opinión publica al emprender la critica radical del socialismo en nombre del propio socialismo.

Aprovecho el espacio para introducir una nota respecto a Cuba, dirigida básicamente a algunos políticos de Miami, castristas unos, anticastristas los otros. Que el régimen totalitario siga en pie en la isla puede ser, efectivamente, algo sorprendente para quienes preveían su desaparición inevitable tras la caída del muro de Berlín. Pero que yo recuerde, en aquellos dias en la isla jamás nadie jugo con esa variante. Lo que se veía en la Perestroika era la posibilidad de reformar el socialismo en el sentido de una reparación democrática. Es decir, se quería "fortalecerlo", "redondearlo".

Fidel Castro comprendió lo mismo que había comprendido en 1968, cuando apoyo la entrada de los tanques en Praga: los regímenes totalitarios son irreformables; un cambio en la parte se lleva al sistema todo. Así, según se mire, el socialismo cubano sobrevivió; lo que no significa ni mucho menos que el país haya mejorado. Que Castro siga en el poder es ya, para el cubano común, un hecho que no implica ningún tipo de interés: es una fatalidad, una rutina. Durara el tiempo de Fidel Castro; periodo que algunos también identifican resignadamente con un "hasta que Dios quiera".

Por esa misma época el estudioso Camilo Pérez Casal tuvo el cuidado de editar en la Habana, en medio de toda la escasez, una "plaquette" de J. F. Galbraith titulada El liberalismo hoy (Ciencias Sociales, La Habana, 1991). Una edición realmente pertinente porque los cubanos, en fin de cuentas, no saben de que cosa se les esta hablando cuando se les habla de socialismo. Pero esta seria, por demás, una definición fútil: el castrismo no es la concreción de un proyecto filosófico sino la obstinación política de una banda poderosamente armada.

En muchos de los trabajos publicados desde entonces por Galbraith es notable el carácter "dialéctico" de la definiciones que enmarcan su reflexión. El profesor no se limita al desarrollo positivo de las tesis propias, sino que le adjunta un contradiscurso que funciona como complemento de la fundamentacion.

De esta manera, la argumentación del capitalismo se acompaña de una critica al socialismo y la del estado benefactor de una objeción al libre mercado. Sin embargo, no siempre existe un consenso en la literatura acerca de la integración de esas dualidades. Para una parte de los autores el contrapunto del liberalismo se da con el socialismo, mientras que para otra la tensión se dirime entre liberalismo y conservadurismo.

Galbraith ha dejado entrever que para el publico promedio el antagonista del liberalismo no es el socialismo sino el conservadurismo. Este punto de vista difiere del mas generalizado, que puede ver en un liberal un "conservador moderado".

El asunto se torna aun mas interesante cuando nos damos cuenta que, a pesar de todas las distancias que toma respecto al socialismo, Galbraith pone un agudo acento en los puntos convergentes que el liberalismo norteamericano posee con el socialismo. Dadas las condiciones en que es percibido hoy, un liberal norteamericano sabe que debe tomar todas las precauciones necesarias para evitar ser confundido con un socialista.

Sin prender repetir argumentos, este punto de contacto se hace particularmente significativo en lo que es una de las grandes distancias que el liberalismo ha marcado respecto al socialismo: la participación del estado en la vida socioeconómica.

Galbraith llega a representarse el socialismo como un advenimiento natural en el contexto de las sociedades desarrolladas. Desde cierta perspectiva, esa posición es coincidente con una tesis originaria de Carlos Marx (la misma, por cierto, que condiciono algunas de sus opiniones erráticas sobre la realidad latinoamericana).

Al referirse al mercado como fundamento de la injusticia y la "opresión", defiende el llamado "papel complementario del estado". Argumentos de este tipo se encuentran a lo largo de toda la obra de liberales de este corte; ideas que tienen su base social en sectores de la población necesitados de algún tipo de protección.

Lo anterior busca demostrar que, como muchos otros, el termino "liberalismo" es equivoco. Por tanto, si se quisiera hablar del "liberalismo" y el "socialismo marxista" es necesario precisar el contexto de análisis. Puede elegirse, para hacer un simple ejercicio, el examen de esa relación en el nivel de una obra especifica de Marx, por ejemplo, en la llamada Critica del programa de Gotha.

Mas que un esquema económico o un proyecto de transición política inspirado en las ideas de Adam Smith, el liberalismo representa aquí un conjunto de valores culturales que, si son entendidos como atributos, tienen en el individuo-ciudadano el soporte substancial.

El pleito teórico en su defensa fue dado en el siglo XVIII por la Ilustración, y el político por la Revolución Francesa de 1789. Este fue el punto de partida en la definición histórica del liberalismo, aunque también se puede afirmar que no fue mas que el resultado necesario de siglos de evolución intelectual de Occidente, cuya "alba destinal" se encuentra en la cultura grecolatina.

La Ilustración fue un movimiento cultural de fuerte acento negativista; incluso los valores que afirmo no hacían sino destacar los cuestionamientos hechos a la historia y a su ambiente social.

Cuando en su celebre articulo sobre la Ilustración Kant llamaba a los individuos a superar la "minoría de edad", significaba una incitación a alzarse con sus propias fuerzas por encima de lo establecido. La premisa filosófica sobre la que sus exhortaciones se legitimaba es muy conocida: "Los hombres son naturalmente iguales"; esta no era mas que el reciproco de aquella que había alentado la estratificación feudal: "Los hombres son naturalmente desiguales."

Lo anterior significa un aumento del grado de hipocresía con que se establecen los estratos clasistas en Occidente. Mascarada llevada al grado extremo por las revoluciones comunistas del siglo XX.

Si el hombre había permanecido en la servidumbre era sencillamente porque no había tomado conciencia de esa prescripción natural que capto kant. ¿Quién debe despertarlo de ese letargo?; pues el empuje del entusiasmo ilustrado. La libertad para vencer como libertad predeterminada fue la gran afirmación que se abrió paso entre todas las negaciones y cuestionamientos iluministas.

En el plano político la Revolución Francesa fue el brazo defensor de los valores liberales de la Ilustración, aun cuando se distanciara de ellos como método. La revolución tenia que asumir una tarea institucional que el movimiento teórico no podía satisfacer. En el análisis que hace Hegel en sus Lecciones de historia de la filosofia sobre el pensamiento de la ilustración francesa, alcanza a dividirla en dos vertientes: una que llama negativa y otra positiva.

Hegel cree que la vertiente negativa de la filosofía francesa fue la mas lograda pues supo poner de manifiesto los elementos críticos de la sociedad y denuncio la corrupción de sus instituciones. La vertiente positiva, que debía proponer aquellas con las que se iban a sustituir las instituciones cuestionadas fue, sin embargo, de una ingenuidad tremenda y de un valor muy pobre.

La revolución, de manera un tanto errática, ha sido considerada el complemento practico de la Ilustración. Lo anterior es solo parcialmente verdadero. Ella debía crear instituciones que ejercitaran los valores liberales, pero no siempre lo logro y, lo que es peor, a veces la emprendió contra otras que funcionaban; el movimiento revolucionario francés sintetizo en una breve consigna política las aspiraciones iluministas: "Libertad, igualdad, fraternidad."

Esto revela que, desde su mismo debut, la revolución y el liberalismo son dos ámbitos vinculados, al menos formalmente. Por definición una revolución liberal nos puede parecer un contrasentido; el liberalismo debería ser reformista, no revolucionario. Pero esta claro que el imaginario de las revoluciones modernas no puede renunciar, aun cuando lo pisotee con sus medidas concretas, al seductor discurso del liberalismo asentado en el "sentido común".

La tradición revolucionaria se inspira en las revoluciones modernas de Europa y los EE.UU., que después se derramaron por toda la América meridional. Hasta el mismo Imperio Prusiano estuvo bajo el influjo de las revoluciones; ya a partir de 1816 estas huellas son diáfanas en muchas instituciones de la inteligencia alemana; básicamente en liceos y universidades.

El siglo XVIII francés puso en juego un eje complejo desde las perspectivas histórica, política y filosófica: modernidad-ilustración-revolución-liberalismo-democracia. Sin pretender rebasar el nivel hipotético, casi desde una pragmática del saber, me inclino a ver en la modernidad un momento histórico de orientación múltiple; en la ilustración un ejercicio teórico ajustado a las necesidades de la modernidad, en la revolución un agente practico de la misma; en el liberalismo una inspiración y en la democracia una forma de organización de la sociedad.

Se ha dicho que el liberalismo puede ser compatible con una dictadura; de hecho, se suele disponer de varios ejemplos de eso que llamamos "dictaduras prosperas". Esto, sin embargo, no hace mas que poner a discusión el propio concepto de "prosperidad". Lo ha introducido Carlos Alberto Montaner en un libro titulado Libertad: clave de la prosperidad, pero debemos seguir adelante.

Los estereotipos teóricos que bajo el nombre de socialismo y liberalismo hoy se manejan suelen olvidar muchas cuestiones de orden histórico. Alternativamente unos y otros olvidan el vinculo revolución-liberalismo, ya sea bajo una visión no libertaria de la revolución, ya sea bajo una concepción totalitarista de la libertad.

Algo parecido ocurre cuando se habla socorridamente de "marxismo". Aunque nadie ha disociado aun a Marx del concepto de lo revolucionario, si se le ha enajenado del concepto de la libertad. Hace varias décadas, en un ciclo de conferencias dictadas por iniciativa del Comité Jefferson Lectures y la Universidad de California, el sociólogo Raymond Aron señaló refiriéndose al ideal liberal que este "...no había nunca hallado sitio fácilmente dentro del marxismo, ni siquiera dentro de Marx."

Quizás lo que sucede es que Marx esta, como alemán, mas alejado de la tradición política británica, que como pensador del liberalismo. No es difícil detectar las deudas de Marx con el pensamiento de la Ilustración. Desde el mismo liceo de Treveris estas pueden localizarse; creo que es momento de revisar minuciosamente a Marx y desmarcarlo del experimento totalitario con el que se quiso asociar. Por supuesto, no para salvar ese totalitarismo con un supuesto "verdadero Marx", sino para mostrar que lo que se llamo verificación practica de una teoría universal no es mas que un andamiaje político-policial que se mantiene en el poder gracias a la violencia de sus dirigentes.

El socialismo de corte bolchevique y sus derramamientos mundiales, africanos, asiáticos, europeos y caribeños, no es resultado de la inteligencia sino de una astucia descomunal que no conoce limites morales en sus afanes de mando.

Emilio Ichikawa.
Homestead, sept. 2001.


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