Desde Homestead, Florida, EEUU.

Distribuido por El Centro Cubano - The Cuban Center - http://www.cubancenter.org

20 de Septiembre del 2001

ACADÉMICOS CUBANOS EN WASHINGTON (Impresiones personales). Por Emilio Ichikawa Morín, El Centro Cubano - The Cuban Center

Entre el jueves 6 y el sábado 8 de septiembre se desarrollo en un céntrico hotel Marriot de Washington (para el cliente normal a mas de 300 dólares la noche como promedio) el XXIII Congreso de Latin America Studies Asociation (LASA). Varios centenares de especialistas se acreditaron para discutir cuestiones vinculadas a sus disciplinas universitarias o temas de investigacion. Hubo paneles de historia, sociología, ciencias políticas, estudios literarios y todo un amplio espectro de inquietudes que califican en lo que hoy, con cierta imprecisión y bondad democratica, se ha dado a conocer como "antropología cultural" o "cultural studies".

Fue sobresaliente la presencia de la llamada "delegación cubana"; es decir, un grupo de alrededor de un centenar (informalmente se hablo de 94) de cubanos provenientes de la isla que se ajustaron, mas o menos disciplinadamente, a una estrategia general trazada por lo poderes extra-intelectuales que supervisan la inteligencia en un tipo de sociedad como la cubana.

La conducta y los resultados obtenidos por esa delegación en términos políticos puede resumirse en esta ecuación: poca libertad pero gran eficacia. Recuerdo así las singulares transfiguraciones que puede alcanzar el veredicto de Goethe: "Prefiero la injusticia al desorden." Porque algo de desorden, en efecto, hubo entre los demás grupos de visitantes en los que, como es de esperar en un comportamiento democrático, la mayoría de los especialistas estaba concentrado en sus intereses individuales y en el acrecentamiento de su propio prestigio.

Los delegación de la isla, por las circunstancias políticas singulares que todos sabemos, contó con el financiamiento y algo de trato preferencial por parte de reconocidas autoridades e instituciones académicas de este país. Pude conocer la incomodidad que esto provoco en algunos delegados latinoamericanos que tuvieron que correr con parte de sus gastos, que en Washington son muchos. A este subsidio de los cubanos de dentro (y que yo mismo alguna vez disfrute), se le suele llamar con toda agudeza "industria de la solidaridad".

A pesar de todo, no puede decirse que fuera una "delegación" totalmente homogénea y carente de interés. En ella convergían diferentes generaciones, distintas maneras de apoyar y entender el castrismo, profesionales provenientes de varias especialidades, etc.

Desde el punto de vista teórico es muy difícil atrapar en un concepto a los miembros de la delegación cubana. A decir verdad, el nivel académico general que este tipo de eventos muestra no suele ser muy excepcional que digamos; no tanto por la competencia individual de los asistentes sino por los campos intelectuales en que trabajan, muchas veces perdidos en las minucias del llamado "multiculturalismo". Esta perspectiva, por cierto, ha afectado ya a la formación tradicionalmente clasicista de las elites intelectuales cubanas. La necesidad de sintonizar con las academias norteamericanas ha obligado a muchos profesores a reconvertirse como etnólogos, feministas, defensores de los derechos civiles de los negros, indígenas, chinos, etc. Otra muestra del pensamiento colonizado y trafico comercial con una sensibilidad legitima.

Hay que desechar, de entrada, el uso indiscriminado del calificativo despectivo de "representantes de Castro", o el menos directo de "ideólogos" o "apologistas" del régimen para todos los que vienen de la isla. Lo que generalmente se tiene a mano para calificar una "delegación" como esta es el termino "intelectual", o "académico".

Sin embargo, la mayoría de los asistentes de la isla no califican propiamente como "intelectuales"; si entendemos por esto una suerte de librepensador que, como decía Voltaire, se comunica con la nación a través de la pluma. No existen en Cuba, ya lo sabe todo el mundo, las condiciones necesarias para garantizar un compromiso independiente y publico con una base social también elegida con libertad. Los asistentes de mayor renombre, como Rafael Hernández o Darío Machado tienen, en efecto, cierto poder concreto sobre zonas de resolución intelectual, pero son desconocidos por la mayoría de la población cubana, incluyendo la inmensa mayoría de los estudiantes.

Ni siquiera tienen lectores, por lo que, en sus casos, el llamado "contacto" con intelectuales y políticos de profesión es imprescindible para sobrevivir como especialistas. Ni son leídos en las fabricas, ni son ídolos de fabrica, ni interpretes de soldados, obreros o campesinos. Esa falta de "base social" les descalifica como intelectuales.

No es casual que, al analizar este tipo de intelectual "marxista" de laboratorio, Perry Anderson haya expresado una gran nostalgia por aquellos tiempos en que Lenin, Kautsky o Luxemburgo podían movilizar la opinión con un veloz articulo periodístico. Ningún tratado de intelectuales de este corte vale un párrafo de un discurso de los lideres obreros del siglo pasado.

Es imposible, pues, calificarles como "intelectuales" por esa carencia de compromiso; pero también se les desajusta el calificativo de "académico", que paradójicamente apunta a una dirección inversa: una supuesta "objetividad" que les garantiza la existencia relativamente independiente respecto a los núcleos de pode político. La política, el "conecto", como ya apuntamos, les es imprescindible para sobrevivir dentro de su profesión; en este caso no es, pues, un elemento externo a la definición del oficio.

En el Congreso XXIII de LASA no estábamos tampoco en presencia de "académicos" pues el compromiso efectivo o inducido por una supervisión políticamente explicita les resta la independencia que se supone en una figura como la del "academico". No son en rigor ni una cosa (intelectuales), ni si opuesto (académicos). Sin embargo, "académicos" es el titulo que preferimos emplear en el titulo porque es mas familiar al entendimiento en uso.

De cualquier modo estos académicos cubanos, así como los diplomáticos extranjeros acreditados en La Habana y los diplomáticos cubanos acreditados en cualquier lugar del mundo, han de ser los focos centrales para sacar adelante lo que llamamos "dialogo"; es decir, el establecimiento de un puente de información y de respeto mutuo que permita en el futuro, o una convivencia geográfica, o la génesis de una sensitividad común acerca de los destinos de la isla.

Solo tengo legitimidad para hablar de mis propias impresiones; por eso, y para ser sincero, confesare que sentí mas claridad a la hora de escuchar o tratar protocolarmente a ciertos "viejos" que a algunos "jóvenes" de la delegación cubana. Esto pudiera explicarse de la siguiente manera. Los jóvenes recién comienzan a salir a este tipo de eventos, deben probar lealtades políticas o al menos contención en el trato a los exiliados. Los viejos, por otra parte, disfrutan el aplomo de la experiencia y hasta la clemente altivez que ofrece una vida entregada a la defensa de un régimen político; o de un "ideal", como algunos prefirieron decirme.

Decía que la delegación cubana dio muestras de heterogeneidad, pero evidencio también una coherencia conductual y retórica que sabia a "frente de batalla", a estrategia de mando único. De hecho en el lobby del Marriot existía una mesa, situada justamente a la entrada del bar, que los demás delegados solían reconocer como "la mesa de Cuba". Alrededor de ella se podía ver con frecuencia a personas con altas responsabilidades ideológicas, como el propio Darío Machado y el joven historiador y poeta Edel Morales, llamado a hacer, si las condiciones políticas de la isla fueran estáticas, una gran carrera en el ámbito de la burocracia cultural.

En términos de ideas escuche repetirse en varias mesas un argumento que por lo menos es de una habilidad desconcertante. A esta altura de la historia, y con todos los medios informativos que gravitan sobre la realidad de la isla, es casi una terquedad defender al totalitarismo castrista como "ejemplo para el amanecer en América", o "democracia de nuevo tipo" de los humildes y para los humildes. Es mas creíble afirmar que, en efecto, la sociedad cubana emergida de la revolución de 1959 es del tipo reconocida como "cerrada", pero a la vez, justificar esa cerrazón en el "bloqueo" norteamericano o al acoso perenne de la "mafia" cubano americana.

Pero algunos delegados fueron mas allá. Abundaron sobre las supuestas bondades de una apertura cubana que habría acabado por configurar, de una vez, una sociedad civil en la isla. Así, después de un duro desove manchado por discriminación, violencias y castigos "tan inevitables como indeseados", el alevín democrático habria echado a andar hasta la meta de una democracia ejemplar.

Este razonamiento se completa considerando que, en efecto, el castrismo necesita criticas; pero las mas inteligentes y decididas criticas al castrismo se hacen dentro de la isla y, lo que es mas significativo, se publican dentro de ella, en las consideradas publicaciones de la sociedad civil. En la revista Temas, por ejemplo, dirigida por Rafael Hernández, un inteligente y habil editor cubano. Ojo con esta publicación que, al parecer, existen muchas personas interesadas en elevarla a paradigma de revista democrática dentro de la isla.

Al distanciar a la revista Temas (un órgano de la sociedad civil) de otras publicaciones pertenecientes al ámbito del estado como, por ejemplo, el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Hernández introduce una diferenciación al interior de la misma delegación cubana. Es muy difícil valorar el alcance de esta escisión; no se sabe si se trata de una retórica formal en aras de presentar un rostro plural, o de una división real que amerita ser tomada en cuenta.

Lo que si quedo claro, si llevamos estas movidas al ámbito de una política de la amistad, es que Rafael Hernández y Dario Machado, si bien tenían algunas razones que les hacían funcionar como parte de un mismo equipo, daban la impresión de razonar y moverse en ámbitos distintos. De cualquier modo, producto del cuestionamiento publico que algunos académicos de la izquierda democrática habían hecho a la presencia de Dario Machado en un Congreso de esta naturaleza, no era ni mucho descabellado (aunque poco honesto) esquivar su presencia.

Los académicos cubanos en el exilio, además de ser una minoría respecto a esta delegación cubana, actuó como una verdadera diáspora. No se trata de un defecto, es apenas el individualismo que permite la democracia. De esta manera es muy difícil una dialéctica ideológica al mismo nivel; se trata en verdad de unos individuos que se enfrentan con una iniciativa creadora atomizada a un verdadero ejercito de hacer ideología con un estado mayor bien consciente de su estrategia extra-académica.

No dudo, claro esta, que por definición LASA sea una reunión académica. Pero es evidente que la parte cubana aprovecha el privilegio con que se le consiente su "excepcionalidad" para lograr objetivos de carácter directamente político. Esta vez se convoco el ultimo día, cuando todos los colegas y amigos se disponían a prepararse para la despedida, una reunión que, entre otros asuntos, debia tratar dos puntos:

-Una condena al embargo (que ellos llaman bloqueo).

-Y un acuerdo para rechazar la nominación de Otto Reich como Subsecretario de Estado para América Latina. hecha por el Presidente George Bush.

Puede ver la sala de esa reunión gracias al ingenio de una amiga. Apenas un centenar de personas para votar esos acuerdos; la delegación cubana, en numero equiparable, dispuesta al voto. Es decir, que la parte cubana mantenía incólume su estrategia política aun en las postrimerías del Congreso, mientras los demás delegados se concretaban en sus intereses específicos.

Reitero las grandes dificultades en que se lleva a cabo la polémica sobre el castrismo; se trata apenas de unos individuos separados por la misma capacidad creativa que les hace admirarse mutuamente, contra una política ideológica y cultural militante promovida coherentemente por un estado.

Emilio Ichikawa.
Homestead, sept. 2001.


Cada trabajo que aparece en estas páginas electrónicas de El Centro Cubano es una creación libre y sin censura del autor o de los autores. Las ideas expresadas en los análisis, artículos, ensayos, etcétera, son responsabilidad individual de su (s) creador(es). Ninguno de los textos presentados representa la opinión de grupos, agrupaciones o colectivos de ninguna índole.


Cuban Center for Cultural, Social & Strategic Studies, Inc.
P.O. Box 651806
Miami, FL 33265
Phone: (305)270 8779 -- Fax: (305)595 1883

E-mail: mailbox@cubancenter.org
Home: http://www.cubancenter.org
Copyright © 2001 - Cuban Center for Cultural, Social & Strategic Studies, Inc.
All Rights Reserved.