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20 de Julio del 2001

CONTRA EL SACRIFICIO (Una ética del sentimiento y la individualidad en la tradición británica). Emilio Ichikawa para El Centro Cubano

I.

Escoger el camino "mas fácil" se considera con frecuencia una actitud cobarde: "claro, tu no quieres pasar trabajo y coges por la tangente", llegan a reprocharse hasta los amantes en los contextos desnaturalizados por la meritocracia del padecimiento. De alguna manera, el sacrificio se ha abierto paso en nuestras conciencias como una virtud. Y lo peor de todo: el sacrificio improductivo. No haber sufrido lo suficiente es, cuando menos, un indicador de debilidad en el contexto de nuestra psicología social.

El Himno Nacional Cubano llama constantemente al sacrificio. La actriz Liliam Renteria, haciendo énfasis en un texto de Salvador Lemis titulado Micaela: diva, mambisa y chancletera, dirigido hace unos días por Raúl Duran, nos recuerda que la "muerte gloriosa" que prescribe el emblema solo puede conseguirse al precio de un sufrimiento consumidor de cotidiana constancia.

El sacrificio nacional, según el himno cubano, no debe temerse. Pero no conduce a la redención a través del placer o la satisfacción cotidiana; sino a la desgracia familiar e individual mediante otra entrega mayor: un ofrecimiento del ser personal a la trascendencia supraindividual y asensitiva.

Uno de los artistas cubanos que mas me ha enseñado acerca de las claves de la isla ha sido el escritor Reinaldo Montero. Criollo intuitivo, infiere sin embargo muchas de sus esclarecedoras tesis de un conocimiento cabal de la época isabelina. Saberes de islas se acumulan unos sobre otros y sedimentan unas constantes verdaderamente sorprendentes. Y es que de la geografía se puede viajar a la geopolítica, y de ahí a la geopsicologia.

"El pensamiento no necesita alas; el pensamiento lo que necesita es plomo". Esta frase, que Montero atribuye al pensador tardo-renacentista y promoderno Francis Bacon, es todo un compendio aforístico de la orientación básica del pensamiento británico.

El naturalismo y experimentalismo ingles, fraguado ya desde las entrañas del medioevo por los "occamistas", se reflejo en política como un gusto privilegiado por las leyes efectivas y el estudio concreto e individualizado de las cuestiones sociales.

Mientras los foros ibéricos o el "derecho lusitano" buscaban hombres con crédito para garantizar la justicia (fuente histórica de lo que los suecos nos han devuelto en la contemporaneidad como "defensor del pueblo"), los ingleses se interesaban por "cosificar" lo justo enajenándolo en leyes.

Así, la sociedad podría pretender la justicia aun cuando los hombres que la administrasen fuesen cuestionables; lo que es mas creíble y acorde con el sentido común.

Como después dirá Hobbes, el hombre es malo por naturaleza y actúa como si fuera el lobo de los demás hombres. Mas seguras como garantes de lo justo son las leyes y las instituciones que es capaz de crear esa misma limitada criatura. "El hombre es feo, pero la humanidad es hermosa", decía José Marti en un sentido parecido; frase que gustaba repetir el erudito y genio natural cubano Jorge Luis Ravelo.

La escolástica (las alas) debía afincarse en el examen minucioso (plomo) de la naturaleza y la sociedad; espíritu que seguirá posteriormente la primera institución científica claramente moderna, la Royal Society, que prescribía una defensa de la física ante la metafísica.

El eje del filosofar (incluso de la metafísica misma) ha de ser el sentido común; y ese sentido esta mas en las ferias comerciales asentadas en las riveras del Tamesis, que en las celdas cerradas de los discutidores sutiles o en las cátedras altivas de los funcionarios del espíritu. El modelo de esa modernidad institucional ya lo había anunciado Francis Bacon en su Nueva Atlántida, al concebir La Casa de Salomón como una forma de poner la inteligencia a merced del servicio publico.

La filosofía inglesa ofrece un mensaje crucial: aun cuando falle el hombre, nos queda el individuo. Y cuando el individuo mismo se antoje como una fuente de maldad, todavía resta el "yo", individualidad puntual, como posibilidad de ejercer lo bueno.

Las bases de la utopía de lo singular, de la "salvación centrípeta", del humanismo individualista, se pueden rastrear en la tradición británica de pensamiento nominalista, naturalista, sensualista y empírico. Como se sabe, el símbolo poético del sentimiento es el corazón, y el sentimiento se comprende como aquella facultad sobre la que se funda una eticidad de la diferencia.

La individualidad esta ligada a la cualidad de lo irrepetible, por tanto, supone ella misma la coexistencia con otras individualidades distintas en si. La aniquilación, el sacrificio de una de ellas implica, producto de su mismo carácter irrepetible, una mutilación ilegitima del universo total.

Nada puede justificar una muerte allí donde cada elemento, cada dato representa la garantía de la continuidad y la plenitud de lo real. Desde esta perspectiva son inaceptables las propuestas políticas que consideran el sacrificio del individuo como una ofrenda necesaria para conseguir la felicidad del ser humano; o el sacrificio del ser humano como garantía de la felicidad de la polis.

El sacrificio puede resultar racional, si acaso, cuando tiene carácter simbólico y se hace en nombre de la divinidad. La idea de sacrificio supone las de culpa, utilidad y la mas abarcadora de Dios.

Una cosa es que una comunidad decida sacrificar a Dios un simple objeto que representa la vida, y otra cuando se sacrifica una vida real a la consecución de empeños humanos elevados falsamente al rango de lo divino.

En política, y aun en historia, no se debe pensar y actuar en términos sacrificiales. Es preciso liberarse de la culpa que lleva a la expurgación, y exigir un índice mínimo de utilidad a la hora de comprometerse con un proyecto. Utilidad que, por cierto, ha de encontrar su criterio de racionalidad en el beneficio individual. Solo así, a través de un egoísmo positivo, de un sano amor a uno mismo, se pueden formar los hombres generosos que reportaran algún beneficio a la sociedad general.

El gentil hombre y el filántropo, figuras sociales de la modernidad europea, no sabían exactamente (la exactitud es una pretensión científica del especialista, ajena al erudito) de ninguna cosa, ni se proponían fines políticos demasiado abarcadores. Sabiendo un poco de todo, disfrutando el buen trato con las demás personas, ellos contribuyeron al mejoramiento social como cualquier político eficiente. Fundaron bibliotecas, mejoraron cárceles, hicieron hospitales y guarderías infantiles impulsados por el simple afán de servir.

Fueron personas concretas que percibieron las necesidades reales de la gente de carne y hueso. Y lo mejor, eran servidores que encontraban en sus acciones un inmenso placer, un sentido exquisito de la satisfacción; no había nada de sacrificial en sus privaciones voluntarias. Se trata aquí de un mejoramiento reciproco.

II.

Aunque Francis Bacon es mas conocido por sus aportes al método moderno de pensar, hay en el contribuciones importantes en la configuración de una ética del sentimiento de carácter amable y no-sacrificial. Su pensamiento, de gran acento metodológico, esta centrado en los "hechos" naturales y humanos; no en la misión destinal, la nación, la historia.

Su trabajo se ubica entre el renacimiento humanista y una modernidad que aspira a un conocimiento capaz de implicar eficacia.

Bacon se centra en el humanismo, ahora a través del saber, al cual llega a considerar fuente privilegiada de poder. Cree que la ciencia llevaría al hombre a realizar su reino sobre la naturaleza. La investigación verdadera, libre de falsos "ídolos", traería el mejoramiento humano, permitiría instaurar el "regnum hominis".

Ese "retornar" del hombre a las entrañas de lo natural puede captarse en las primeras líneas de su Novum Organon, donde dice: "El hombre, ministro e interprete de la naturaleza..."; agregando una equilibrada apreciación sobre el ejercicio del saber: "Pues a la naturaleza no se la vence si no es obedeciéndola."

Su ideario social también lo emparienta con la cosmovisión renacentista, específicamente con los hacedores de utopías. Su Nueva Atlántida califica como una utopía social, pero es muy diferente en el punto relativo a las vías que propone para conseguir la felicidad publica: el uso útil de la ciencia, la investigación y la invención tecnológica. El eje de la vida en esa utopía social es la Casa de Salomón, dedicada a la investigación y a la aplicación útil de los estudios.

Constituye un modelo paradigmático de las instituciones científicas modernas, en el que se llega a contemplar incluso el secreto científico y la censura. La burocracia intelectual en términos de poder político y epistémico esta asombrosamente definido ya en esa Casa de Salomón.

Bacon ha sido considerado alguna vez como profeta de y filosofo de la técnica, y las razones de este calificativo se pueden comprender muy bien revisando el Libro I del Novum Organon, precisamente titulado "Aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre".

Pero el filosofo también se escapa de la herencia renacentista hacia un planteamiento claramente moderno de la filosofía. Sus meditaciones fundamentales se inscriben sin dificultad en lo que conocemos como polémica en torno a la búsqueda de un "método universal" de conocimiento, que el resuelve a través de un peculiar empirismo inductivista.

No comparte con los renacentistas la decidida admiración por los antiguos. Llega a decir: "La verdad es hija del tiempo"; con ello quiere significar que los antiguos eran con mas exactitud los jóvenes inexpertos, y los sabios de su tiempo los "ancianos" respecto a la edad del mundo. Estos han acumulado mas verdades y están en mejores condiciones para conocer.

Francis Bacon nació en Londres, un 22 de enero de 1561. Sir Nicolas Bacon, su padre, fue Lord Guardasellos de la Reina Isabel. De este heredo cierta influencia política, aunque el comportamiento del filosofo en este ámbito fue un poco cuestionable.

Aprovechando circunstancias positivas y ciertos favoritismos llego a ocupar importantes cargos. En 1613 se le sabe Procurador General; en 1617 Lord Guardasellos y en 1618 Lord Canciller. Pero en 1621 Jacobo I convoco al Parlamento para pedir la imposición de nuevos títulos y acuso a Bacon de corrupción, concretamente de aceptar dinero en el ejercicio de sus funciones.

Bacon se reconoció culpable y fue condenado a recluirse en una torre, además de ser despojado de todos sus títulos. Sin embargo, con el tiempo fue perdonado, aunque jamás pudo recuperar su vida política. Se dedico entonces al estudio, retirado en Gorhambury, muriendo el 9 de abril de 1626.

Este profeta de los tiempos modernos fue de dignidad dudosa en los negocios públicos, según los datos de algunos de sus biógrafos; pero su legado intelectual le pone por encima de estas contingencias de la memoria. Velo por la sociedad como asociación que permite la formación y el mejoramiento del hombre; como se ha dicho, la entendió como una suerte de "geórgica del alma".

Bacon incursiono en muchos temas de interés intelectual: morales, políticos, filosóficos; pero su gran ambición fue realizar una enciclopedia del saber que debía recoger las ciencias todas, clasificadas según las capacidades que exige su ejercicio. Considero así un esquema general:

-Ciencias que se fundan en la memoria, como la historia.

-Ciencias que se fundan en la fantasía, como la poesía, que incluye a su vez narrativa, dramática y parabólica.

-Ciencias que se fundan en la razón, como la filosofía primera y las ciencias particulares.

Su obra principal puede considerarse el Novum Organum, publicado en 1620, y donde expone su concepción fundamental acerca del objetivo y método de la ciencia.

Su propósito es presentar una alternativa al "organon" aristotélico, es decir, a la lógica tradicional. Según Bacon la lógica es estéril si se insiste en la concepción al uso; puede servir para vencer sobre el adversario, pero nunca para hacerlo sobre el enigma. Ayuda a demostrar que se sabe, pero difícilmente a encontrar la verdad. Dijo en el punto XII de la citada obra: "La lógica, dado el mal uso que se hace de ella, vale mas para estabilizar y perpetuar los errores cimentados sobre el terreno de las ideas vulgares que para conducir al descubrimiento de la verdad, de suerte que es mas funesta que provechosa."

En el Novum Organum Bacon expone su método experimental inductivista. Elogia al experimento en calidad de sensación recreada a partir de un plan de la inteligencia. Para el los sentidos no bastan por si solos; la percepción debe ser organizada. Los experimentos son en fin de cuentas los interpretes prácticos de los sentidos.

El experimento es una especie de mediador entre la mente humana y la naturaleza; el principal recurso para liberar al intelecto de los cuatro ídolos o errores fundamentales: el idola tribu, el idola specus, el idola fori y el idola theatri.

Lo que se reconoce en historia de la filosofía como"método baconiano" no tuvo una influencia decisiva en la ciencia moderna, que se inclino mas bien hacia Leonardo, Kepler y Galileo. Sin embargo, el inductivismo, que fue un recurso importante en su proyecto, restituye lo general solo después de considerar previamente el carácter determinante de aquellos individuales sobre los que se ha de realizar la operación inductiva. Y esto si pertenece al espíritu mismo de la ciencia moderna.

Por esta razón Bacon es un momento importante en el establecimiento de esa ética del sentimiento y la felicidad que establece la tradición inglesa, y que nosotros consideramos en oposición a la ética de la razón y el sacrificio.

Mientras el hombre de Bacon, Shakespeare o De Mandeville se recrea en los detalles de una naturaleza donde late Dios, o disfruta los vicios de la sociedad, el soldado de Fichte se aprestara a negar su vida en aras de la grandeza de la nación. He ahí la gran diferencia.

III.

Thomas Hobbes es heredero de esta suerte de sensualismo y materialismo naturalista incubado desde la Edad Media en los rincones de Oxford. Su pensamiento expresa un espíritu distinto de aquel que llevara a ese estilo de pensar que aun identificamos como cartesianismo.

Nació en Malmesbury, el 5 de abril de 1598. Viajo y vivió en Francia, donde conoció a Descartes y Gassendi; y visito en Pisa a Galileo. Conoció una parte tormentosa e intensa de la historia inglesa: los Estuardo y la dictadura de Cromwell. Vivió hasta los 91 anos; murió el 4 de diciembre de 1679.

En 1651 aparece su obra mas conocida: Leviatán, donde se estudia, según afirma, la materia, la forma y el poder de un estado eclesiástico y civil. Pero publico además Los elementos de legislación natural y política (1640), De cive (1642), De corpore (1655), De homine (1658).

A diferencia de Francis Bacon, centrado en la lógica y los problemas de método, el interés básico de Hobbes será practico y político. Pero no llega a el directamente sino a través de la filosofia, desde la que busca exponer los fundamentos de un gobierno ordenado y pacifico.

Las cuestiones iniciales acerca de la política, tal y como la entiende filosóficamente Hobbes, son las siguientes: ¿sobre que bases se construye el estado?, ¿cómo puede ayudar la filosofía a su realización?.

Ese estado debería tener por base un cabal conocimiento de la naturaleza humana y la contribución de la filosofía estaría precisamente en la aportación de tal conocimiento. Es Hobbes quien hace patente a la conciencia moderna la necesidad de una antropología política para instrumentar un estado y gobierno óptimos. Gobernar exige un conocimiento de aquello que se ha de gobernar; es decir, del hombre.

Hobbes parte de un supuesto "materialista" en su concepción filosófica del hombre: el cuerpo, como unidad singular a partir de la que se establece un mundo de inteligencia y sensación.

El cuerpo es una constante natural que esta mas allá de la historia. El hombre, por tanto, esta dotado de una permanencia y continuidad que le otorga su esencialidad; el es naturalmente algo. Ahora, ¿qué es el hombre "por naturaleza"?.

La respuesta de Hobbes es muy interesante y se diferencia radicalmente de los falsos humanismos que, envueltos en un socratismo meloso, entienden la filantropía como un halago incondicional a esta compleja criatura de Dios. El hombre, según Hobbes, no es un ser sociable por naturaleza; aunque la formulación positiva es un tanto dura, bien vale arriesgar la tesis en aras de la claridad conceptual: naturalmente, el hombre es un ser antisocial.

Por demás, carece de instintos de benevolencia y simpatía hacia los demás hombres. Por eso las reuniones humanas están dominadas por la vanidad y la maledicencia. En consecuencia, la sociedad solo puede emerger reaccionando a esta inclinación; el orden solo puede ser logrado en contra de la naturaleza humana; en dirección contraria al instinto natural de los hombres.

La sociología Occidental puede sentar fundamentos desde tres limites:

-el egoísta: el hombre actúa a favor del conjunto de sus intereses propios.

-el filantrópico: el hombre actúa a favor de los intereses ajenos.

-el masoquista: el hombre actúa en contra de sus propios intereses.

Como puede comprenderse, Hobbes ubica sus concepciones en el horizonte de la primera opción; que, por otra parte, es la de mayor eficacia explicativa posible y la fuente de lo que se considera "racionalidad moderna". En sentido general, como tendencia, que es lo que le importa a la ciencia, el hombre esta inclinado a defender sus intereses propios. Como se aclarara después, básicamente los intereses de carácter material.

Hobbes pudo comprobar la dura realidad de una sociedad competitiva. El capitalismo ingles originario fue tan arduo en sus "selecciones sociales" que hizo expresar a mas de un filosofo que el hombre era el lobo del hombre.

El filosofo no se hizo falsas ilusiones; creía que una reunión de hombres solo estaba motivada para hacer el mal, de hecho o palabra, a cualquier otro hombre. Y Hobbes consideraba a una reunión al simple encuentro del "yo" con algún otro; o sea, dos personas.

Un dúo es ya un artificio antinatural en busca de la maldad. Lo natural es el silencio y la soledad; pero el hombre no se siente cómodo con su naturaleza y necesita exhibirse en sociedad; se regodea en la envidia, la vanidad, el odio, sentimientos que es incapaz de ejercer sobre si mismo.

Sin embargo, muchos estudiosos creen que Hobbes no era un pesimista ni un misántropo, sino un pensador realista que solo sobre esas bases pudo concebir la posibilidad de un estado que garantizara la felicidad posible en el marco de lo social. En filosofía Hobbes parte de un principio que cree capaz de explicar la totalidad de los eventos: el movimiento. Como es imposible aceptar para un sensualista el movimiento puro, ese principio se completa afirmando que la única realidad que puede explicar lo demás es esta: existe el movimiento de los cuerpos.

No hay mas argumento que la convicción a favor de la propuesta del movimiento como elemento explicativo de la existencia porque la existencia es génesis. La sensación no es mas que movimiento de los cuerpos que las producen actuando sobre el sujeto; movimiento que reciben los sentidos y la almacenan. El alma que piensa es también cuerpo en movimiento, y hasta el mismo Dios es de naturaleza corpórea. Según esta perspectiva filosófica declarar que Dios es incorpóreo es como afirmar que no existe.

El silogismo en cuestión es muy sencillo: Solo existen los cuerpos/ Dios existe. Luego: Dios es un cuerpo. Pero aunque Dios es un cuerpo, lo es sin padecer movimiento; pues el movimiento implica génesis y Dios es eterno, sin principio ni final.

Descartes había transitado en su razonamiento desde el reconocimiento de un pensamiento que duda hasta la sustancialidad del pensamiento. Según Hobbes esta transición es ilegitima. No se pueden considerar transitivas las afirmaciones "Yo soy una cosa que piensa" y "Yo soy una sustancia pensante". Con la primera expresión se alcanza a significar que el sujeto tiene entre sus atributos al pensamiento, en la segunda formulación se avanza mucho mas: el sujeto mismo se presenta como un pensamiento.

Desde el punto de vista de Hobbes esta ultima alternativa es imposible pues lo único sustancial, que se basta a si mismo para existir, y que constituye una realidad que es "causa sui", es el cuerpo.

Para Hobbes los conceptos no son mas que nombres, y los nombres son signos que poseen dos funciones fundamentales:

1)-Conservar los pensamientos que se encuentran sometidos a un rápido fluir y cierta inestabilidad.

2)-Comunicar los pensamientos a los demás.

El filosofo establece un principio importante: podemos tener ciencia de lo que nosotros mismos hacemos como individuos; lo que no hacemos nosotros lo hace Dios, y esto ya es objeto de una filosofía "natural" que se apoya en la teología y no de la ciencia en sentido estricto o de la "filosofia civil".

La certeza de las ciencias morales o civiles se encuentra en el carácter convencional de las mismas, pues el objeto sobre el que ellas trabajan es creado por el propio hombre en su actuar especifico; y en ese actuar procede según convenciones normativas tomadas según acuerdos.

Ahora bien, esto no significa que dichas convenciones sean fruto de la arbitrariedad, o de una libertad sin control, fantástica e ilimitada; las convenciones son acuerdos generalizados con vistas a lograr un fin determinado que las organiza.

La certeza descansa en una garantía muy peculiar que los filósofos han reconocido como convencionalismo; que es introducido de modo conciente por Hobbes en el corpus gnoseológico de su filosofía.

Resta solamente una interrogante: ¿es Dios objeto de la filosofía? Puesto que el único principio de explicación de las cosas es el movimiento que las genera, y Dios carece tanto de movimiento como de génesis, este es objeto de la teología, que se separa así de la reflexión estrictamente filosófica, empeñada en persuadir, dar explicaciones y argumentar racionalmente como preámbulo de la convención.

Si la verdad o falsedad de las proposiciones filosóficas son convencionales, los valores morales y los criterios de distinción entre el bien y el mal, serian también subjetivos. No hay nada que sea absolutamente bueno o malo, ni un sujeto que pueda diferenciar o determinar con certeza una cosa o la otra.

En general se llama bueno a lo que se desea, además de placentero y bello; en sentido inverso, se suele llamar malo a lo que se odia y por lo tanto feo y molesto. Aunque no lo hace con decisión, Hobbes se encamina hacia la formulación de una ética del placer, que Spinoza convertirá en una ética de la alegría.

Por otra parte Hobbes entenderá la libertad como ausencia de impedimentos para la acción; pero esta proposición contradice a los hechos, es evidentemente contrafáctica, pues en el fundamento de estas acciones humanas esta la voluntad, y la voluntad misma esta condicionada.

Si actuar sin condiciones es definitivamente la libertad, como esto es imposible, Hobbes esta adelantando de hecho un serio cuestionamiento a la libertad humana. Hobbes mismo considero que difícilmente se puede encontrar alguna acción que, por casual que parezca, no este producida y condicionada por todo lo que existe en la naturaleza.

Hay quien ha inferido que Hobbes imagino la política de manera geométrica; algo parecido a lo que haría Spinoza con la ética. Para ello debe adelantar unos cuantos principios básicos, solamente avalados por la convicción en el fundamento. El objeto de la política se concibe así como de carácter tan necesario y sujeto a leyes como el de la geometría; por tanto, habrían de proceder análogamente.

Hay dos tendencias en la naturaleza humana de las cuales se puede deducir geométricamente el orden político:

1)-Una avidez natural por la que cada uno pretende gozar el solo de los bienes que deberían ser comunes; es decir, la presencia en el hombre de un natural egoísmo.

2)-Una razón natural por la que cada uno procura evitar la muerte violenta, entendida como el mayor mal de la naturaleza.

La primera inclinación produce un choque de pretensiones entre los hombres; lo que explica que solamente exista justicia allí donde hay un poder común, establecido "convencionalmente" y de acuerdo a intereses, por las partes en natural conflicto.

Este choque de pretensiones es un estado de guerra del que nace, por obra de la razón, el derecho natural. Se puede destacar un grupo de mandatos básicos de dicha razón; son los siguientes:

1)-Buscar la paz, y cuando se esta imposibilitado de alcanzarla, pues sacar todas las ventajas de la guerra.

2)-No hacer para los demás lo que se quiere para uno mismo. Como se sabe, se trata de una regla evangélica conocida.

3)-El tercer mandato comprende el cumplimiento riguroso de todos los pactos emanados de las dos primeras normas.

Ahora bien, los pactos pudieran ser violados si no existiera un poder coercitivo. Ese poder es el estado, con el que nacen las nociones morales y se afianzan como obligaciones los deberes públicos. Hobbes deja claro que entiende a la moral y la política como ámbitos de carácter "interesado", con una finalidad subyacente.

El estado nace cuando el hombre transfiere su derecho natural a un individuo o grupo de ellos; aquí hay una comprensión humanista de la política, en tanto se postula que el estado, en ultima instancia, son las mismas personas que ostentan un poder concreto en su nombre. Hobbes llama correctamente al estado Leviatán, es decir, Dios castigador al que debemos la paz y la defensa.

El estado es, en resumidas cuentas, un monstruo que procura el bien de los hombres; un "Ogro filantrópico", le diría con acierto alguna vez el escritor mexicano Octavio Paz.

Hobbes defiende el carácter absoluto del poder del soberano. El pacto político se establece entre súbditos que acuerdan entregar a un hombre la soberanía sobre sus personas; no entre súbditos y soberano. Por eso este no tiene que rendir cuentas; de hecho no ha participado en el pacto, aun cuando su poder haya emergido de el. El soberano solo debe dar cuentas a Dios, quien creo la necesidad política entre los hombres y con ella la ley y el poder.

En ultima instancia Hobbes eleva un ámbito político por encima del individuo para rescatar al individuo mismo; la sociedad y el estado están por encima de todo, incluso de la religión. La vida civil ordenada implica dos exigencias fundamentales:

1)-Obediencia de los súbditos.

2)-Autoridad divina del regente; cuya voluntad es ley absoluta y no esta sometida a ningún otro mandamiento.

El pensamiento social de Hobbes supone que el origen de toda sociedad civil hay que buscarlo en el temor mutuo de todos los hombres. Sentimiento que actualiza el hecho de que es el egoísmo el móvil ultimo en todas las sociedades.

Los hombres son, en efecto, naturalmente iguales; y esto lo demuestra, según el pensador ingles, el hecho de que cualquiera puede matar a otro, puede ejercer la violencia extrema. Es un punto de partida del cual la Ilustración tomara el elemento natural, pero se desmarcara al incluir el elemento axiológico sobre esa naturaleza humana.

Hobbes creía que todos los hombres eran iguales, y naturalmente débiles en el control del ejercicio de la fuerza. Una paradoja con muchas evidencias en la historia de la humanidad.

Los hombres están tentados a actuar unos contra otros; por tanto, todos tienen razón en sentir temor de los demás. La sociedad es un sistema de desconfianza donde todos, justificadamente, se temen y atentan los unos contra los otros. En esa batalla, que solo puede controlar el Leviatán, triunfan los mas fuertes.

En una lucha desordenada, sin finalidad, donde no exista el control del "ogro filantrópico", existiría igualmente la contienda, pero el resultado podría ser naturalmente adverso; por ejemplo, podrían triunfar los menos fuertes.

La intuición sociológica de Hobbes es asombrosa; en los albores de la modernidad esta introduciendo un elemento realista incompatible con las futuras utopías totalitarias. En estas, lo ha demostrado la historia, la mediocridad humana se consagra altiva y poderosa: triunfa en una selección antinatural. El hombre no se realiza en el placer sino en el sacrificio mas absurdo; el sentimiento es aplastado por las nociones abstractas de la nación, el pueblo, la justicia, la igualdad o la revolución.

En la sociedad real, esa que Hobbes propuso de la manera mas descarnada, triunfar significa imponerse.

IV.

En la línea que lleva del sensualismo, el individualismo y el sentimentalismo a las preocupaciones políticas practicas, se encuentra también John Locke. Nació el 29 de agosto de 1632 en Wrington. Estudio y ejerció en Oxford, donde conoció una floreciente etapa de tolerancia religiosa; algo que influyo notablemente en su pensamiento.

Conoció el racionalismo y el innatismo continental, y se familiarizo mucho con el trabajo de Thomas Hobbes. Participo activamente en la vida política, en la hizo una carrera bastante irregular. Contó con la protección personal de Lord Ashley, quien fuera nombrado Conde de Shaftesbury.

En 1675 Shaftesbury cayo en desgracia con el Rey, y Locke se retiro a Francia, donde vivió unos cuatro anos preparando su obra fundamental: el Ensayo sobre el entendimiento humano. En 1683 hizo un destierro voluntario a Holanda, donde vivió unos cinco anos, quizás mas. Allí tomo parte activa en los preparativos de la expedición de Guillermo de Orange efectuada finalmente en noviembre de 1688.

Volvió a Inglaterra en 1689 con el sequito de la princesa Maria, esposa de Guillermo. Gozo entonces de mucha autoridad, siendo el representante intelectual y defensor filosófico del nuevo régimen liberal. Murió el 28 de octubre de 1704.

Su obra principal apareció con el titulo de An Essay Concerning Human Understanding, y fue publicada en 1690 (su primera edición en español data de 1956). Es considerado uno de los textos filosóficos de mayor impacto en el campo de la política practica; la democracia norteamericana le debe pautas fundamentales, y la fecha de su publicación se celebra anualmente en distinguidos círculos intelectuales.

El principio mas claro de la filosofía de Locke reza: el hombre puede aprehender la verdad, lo general, pero solo a través de la experiencia, pues solo en ella se puede hallar algún contenido. Aquí la experiencia no es comprendida como un momento, sino como esencia misma de la verdad.

Locke (como Leibniz) va a erigir en principio lo individual, las determinaciones finitas. Una posición formalmente divergente de la Spinoza y Malebranche. Su posición filosófica, por supuesto, no es muy estimada en el contexto del romanticismo racionalista de Hegel; quien cree que Locke se estanca en una fase "vulgar" de la conciencia que consiste en creer que lo verdadero y lo real son los objetos individuales que se hallan "fuera" de nosotros.

Al decir "vulgar" Hegel esta queriendo significar "el punto de vista del vulgo", el sentido común; que sera restituido dentro de la filosofía por una línea de pensamiento si se quiere marginal, si tenemos en cuenta la preponderancia de la filosofía clásica alemana a partir de los siglos XVIII-XIX.

La estimación del rango filosófico de las observaciones y reglas del hombre común, del individuo, se abrirán paso desde el sensualismo británico y llegaran a ocupar un lugar importante en el siglo XX, constituyendo ya un elemento importante de la sensibilidad postmoderna del siglo XXI.

Librar de superficial relativismo a esta restitución intelectual del individuo, es una de las tareas fundamentales de la filosofía en el momento actual. De esta manera se puede avanzar en el establecimiento de fundamentos antropológicos neutros que permitan establecer una ética universal, con responsabilidades planetarias, desde la diversidad irrepetible. En fin de cuentas, y como decía un griego genial, el hombre es un bípedo implume; significando así ciertos atributos ahistóricos de la especie, frente a los que es posible mantener una conciencia centrada en la naturaleza.

Hegel califica la filosofía de Locke de "empirismo metafisizante", puesto que junto a la experiencia y la observación defiende la abstracción y la generalización. La experiencia es la capacidad, con rango ontologico, que capta las "ideas simples"; el entendimiento elabora dichas ideas dejando entrever que, en efecto, ese procedimiento filosófico a través del cual lo complejo deriva de lo simple, o lo general de lo particular, es una "simpleza" de gran importancia en el estilo sensualista-naturalista (en Locke, Hegel lo identificaba como "realista") de pensar.

El veredicto "alemán" sobre este proceder filosófico es bastante severo. En sus Lecciones de historia de la filosofia (Edic. cit. t. III, p.329) Hegel resume un criterio que puede hacerse extensivo a otros de sus compatriotas de intelecto: "Los ingleses llaman, en general, filosofía, a una serie de principios generales acerca de la economía del Estado, como hoy el principio del librecambio, por ejemplo, y en general a los que descansan sobre la experiencia pensante, a los conocimientos de lo que, dentro de este circulo, se revela como necesario y útil".

En efecto, pero eso que Hegel subestima en el ámbito de la "razón pura" (utilizo códigos kantianos), es esencial dentro de la "razón practica"; ya sea en moral, en política e incluso en arte. Lo necesario y lo útil son criterios de orientación civil mas efectivos que las abstracciones utópicas al estilo de "la nación", "el imperio", "el ejercito" o "la revolución". Lo útil implica al sentimiento y la felicidad; a la satisfacción y la alegría. Lo abstracto e infinito nos lleva de la mano al sacrificio en aras de una totalidad social impuesta como deber o misión que anula las apetencias singulares en su propio beneficio.

Este es un punto filosófico clave en la historia ideológica cubana y latinoamericana; por supuesto, es de hecho el quid en que se ha debatido durante siglos la conciencia filosófica de Occidente.

A mediados del siglo XIX un grupo de pensadores cubanos protagonizaron lo que se conoce en nuestra tradición como "La" polémica filosófica; fue, sin dudas, el intercambio intelectual de mayor alcance en nuestro contexto cultural. Se le identifico acertadamente como "polémica sobre la utilidad".

Esta polémica tuvo repercusiones en el plano de la practica; específicamente en el plano educativo, ya que en la confluencia periférica de tiempos históricos, esto sucede en el marco de la Ilustración criolla. Los maestros cubanos hicieron una interpretación muy diáfana de los temas que se discutían; se preguntaron que era preferible enseñar: filosofía inglesa o filosofía alemana. De paso, indagaron también en las formas de acomodar en esta dicotomía a las fuentes españolas y francesas que, junto al espíritu político-empresarial de los norteamericanos, confluían en las receptiva isla cubana.

Es sabido ya con toda certeza, pues el mismo lo declara y el maestro Medardo Vitier lo corrobora en un par de libros sobre la historia de las ideas en Cuba, que el místico cristiano José de la Luz y Caballero hizo un viaje de conocimientos a Europa. Pretendía ver Goethe, a quien sin duda estimaba en calidad de paradigma intelectual.

No se sabe mucho acerca de los pormenores de esa peregrinación filosófica; lo cierto es que Luz y Caballero llego a La Habana y renuncio explícitamente a enseñar filosofía alemana a la juventud cubana. Esa negativa puede entenderse en los marcos de lo que aquí venimos esclareciendo; era necesario educar en el sentido de lo útil y lo sensorial, del sentido común y el sentimiento, no de la razón abstracta y sacrificial.

Se sabe también que los autonomistas, particularmente Montoro, encontraran posteriormente una forma de vincular la racionalidad comercial, un sentido de lo útil y una moderación política, con un aprendizaje cabal del racionalismo alemán, específicamente del kantismo.

Pero lo cierto es que la historia nos inclina de parte de Luz y Caballero, sobre todo si tenemos en cuenta lo bien que le ha ido a ciertos autoritarismos criollos con funcionalidad totalitaria, al amparo de las versiones materialistas del racionalismo alemán.

Por demás, lo que Hegel consideraba una limitación en algunos filósofos ingleses fue en verdad renuncia conciente en aras de una manera diferente de filosofar. Locke, por ejemplo, se distancia con toda intención del "racionalismo innatista" de Descartes, a quien llego a admirar mucho.

Locke quería, ante todo, fundar su pensamiento sobre cimientos sólidos; que son los de la inteligencia posible. Busco los limites del hombre, y propuso que este entendiera sus poderes dentro de esos limites. La experiencia dicta que hay aspiraciones humanas que, aunque valen como tales, no se alcanzaran jamás; es decir, que hay limites para los propios sueños del hombre.

Ese limite es la propia experiencia; y el conocimiento humano debe circunscribirse a sus marcos, pues ella no es mas que el, mundo "real" ("común") en que vive y actúa el hombre. Locke renuncia a la metafísica por aquella meditación amable sobre la vida que tanto disgustaba a Hegel.

Se cuenta que hacia 1670 Locke presencio una discusión entre amigos en una taberna acerca de lo que podemos considerar temas metafísicos; es decir, Dios, el infinito, la eternidad, la Substancia. Fue en ese momento que el filosofo concibió la idea general de su Ensayo: antes de lanzarse a discutir sobre temas tan trascendentales, el hombre debe precisar cual es su verdadero alcance, cuales los limites dentro de los que su pensamiento puede moverse con credibilidad.

Locke establecía así, explícitamente, la orientación general del criticismo, que posteriormente seguirán otros filósofos como Kant.

El conocimiento, antes de conocer, debe conocerse a si mismo, asumirse como objeto, y determinar las fronteras de su alcance. De ahí que la gran pregunta con que comienza el filosofar critico de Kant, el gran criticista post-lockeano, sea una interrogante que el conocimiento hace al propio conocimiento: ¿cómo son posible los juicios sintéticos a priori?.

Locke busca los limites del hombre, pero como afirma titularmente su Ensayo, restringe esa búsqueda a los limites del "entendimiento", ya que este es el mejor recurso a que un hombre puede apelar para guiarse. No obstante, su amplia cultura y su espíritu sistemático lo lleva a establecer limites en otros ámbitos de la actividad humana, como la política, la moral, la religión y la pedagogía. El Ensayo sobre el entendimiento humano es un libro que avanza de las cuestiones eminentemente gnoseológicas del sensualismo, hasta problemas mas o menos concretos de la organización civil y la moralidad del hombre.

En la tradición filosófica el entendimiento es una facultad analítica, fragmentadora; así incluso lo acepta Kant al trazar los "prolegómenos" de su filosofía critica. Esto, llevado al plano del "análisis social", significa el estudio particular de los eventos singulares, el enfoque de las problemáticas caso a caso. Esta prescripción metodologica constituye todo un estilo de la cultura anglosajona en el contexto mas amplio de la civilización Occidental. Se puede distinguir con facilidad en el tipo de Filosofía del Derecho que implica su sistema de justicia.

Locke busca el respeto de cada singular; "separa poderes" y atribuciones intelectuales; por ejemplo, impidiendo que la actividad de un individuo en un terreno como la política interfiera en la meditación del filosofo. Para sostener esto propone un método "llano e histórico": descriptivo; es decir, que evite los problemas metafísicos y se atenga a la realidad que, mas que realidad particular, es realidad de los particulares.

Estudia entonces los limites del conocimiento sin importarle, como a Hobbes, si este resulta o no un tipo especifico de cuerpo; por otra parte quiere, como Bacon., seguir un método seguro y provechoso, pero sin importarle fundar una ciencia de la naturaleza. Pero hay otra diferencia importante entre Bacon y Locke relacionada con lo anterior, y consiste en el concepto de experiencia: mientras para Bacon "experiencia" era en fin de cuentas el experimento, para Locke incluye todo el mundo de la actividad del hombre.

Desde otro punto de vista tenemos que Locke parte, como Descartes, del siguiente supuesto: el objeto del conocimiento es la idea. Pero inmediatamente acota: Las ideas solo pueden derivarse de la experiencia. No hay, como creía Descartes, ideas innatas; ni siquiera la intuición del pensamiento que duda; la duda no se da antes de la experiencia misma. Y por supuesto, tampoco Dios.

No obstante, hay ideas que derivan de una experiencia que esta dirigida a la realidad interna. Locke las llama ideas de reflexión, e incluye entre ellas a la duda y la voluntad. Refiere también la existencia de ideas concernientes a la realidad externa, que llama "de sensación". Son estas la experiencia de lo duro, lo caliente, etc.

Locke no acepta las ideas innatas ya que cree que el conocimiento solo existe en la experiencia; y de alguna manera, aunque no lo afirma con la decisión de filósofos posteriores, la experiencia es la única realidad. Con ideas innatas el hombre no tendría limites, podría trascender cualquier experiencia, y son precisamente los limites quienes dan el contenido de humanidad a la especie.

Con una sensibilidad que recuerda el mejor renacentismo, Locke nos esta diciendo que los defectos son también modalidades muy especificas de la virtud. "Docta ignorancia" habían postulado ya alguna vez San Agustín, San Buenaventura y Nicolás de Cusa como una combinatoria del tipo anterior. Se trata del conocimiento conciente y hasta "orgulloso" de sus propios limites; un socratismo hecho efectivo en los marcos del proto-criticismo.

En resumen, las ideas innatas están reñidas con la perspectiva filosófica de Locke pues de alguna manera aceptan la realidad de algo que va mas allá de la experiencia; y en Locke la experiencia es precisamente la totalidad. ¿Existe algo mas allá de esa experiencia?. Locke no lo afirma, tampoco lo niega; resulta que la solución de esa cuestión rebasa ella misma los limites del entendimiento humano.

Frente al innatismo Locke perfila un silogismo bastante convincente: una idea innata existe si es pensada (se da en la experiencia)/ las ideas innatas no son pensadas (no se dan en la experiencia). Ergo: las ideas innatas no existen. Por supuesto, es posible también otra conclusión transitoria: lo innato no es una idea, no se da en la experiencia; pero esto ya sale del ciclo de los intereses de la filosofía de Locke.

Locke sostiene frente a los cartesianos y algunos de sus epígonos que el principio "Pienso, luego existo", se basa en un presupuesto cuestionable: ¿quién garantiza que el hombre piense siempre?. Si dejara de pensar ocasionalmente no existiría, o habría que entrar a considerar una existencia intermitente. Locke agrega que no hay ninguna evidencia que muestre que se pueda pensar antes que la experiencia suministre material a través de los sentidos.

Todos estos detalles filosóficos configuran la posición nominalista de Locke. En sus tiempos en Oxford, por cierto, aun se estudiaba con entusiasmo la Summa Totius Logicae, de Guillermo de Occam, quien fue conocido en la Edad Media como Princeps Nominalium y Doctor Invecibilis, por su posición claramente nominalista, hasta "terminista", y su gran elocuencia en las polémicas escolásticas.

Como el, Locke creía que lo general y lo universal no pertenecen a la existencia real de las cosas, sino que son invenciones, signos que el entendimiento hace para su propio uso.

Avanzando en sus posiciones, Locke considera valido a aquel conocimiento que implica alguna conformidad con la cosa que trata de conocer; pero aquí surge un escollo: ¿cómo determinar esa conformidad, si la realidad de las cosas solo me es dada a través de las propias ideas?. Es decir, si no existe la cosa con independencia de la experiencia cognoscitiva, si no hay relación propiamente dicha, ¿cómo fijar las características de la misma?.

No se si de manera totalmente convincente, pero el filosofo intenta responder esta pregunta estructurando la realidad en niveles: yo-Dios-cosas. Todo, en efecto, es resultado del mundo de la experiencia, pero en ese mundo se pueden dar sensaciones como provenientes de un Dios, o de cosas supuestamente independientes del sujeto. Estas proposiciones "ad hoc", como tantas veces sucede en filosofía, retocan el postulado original, pero a la vez lo debilitan; le restan credibilidad al quitarle radicalidad. Las reglas del juego filosófico recomiendan trabajar, siempre que se pueda, en los extremos. Un punto de vista, para ser probado, debe ser puesto a funcionar en una condición ideal, absoluta, abstracta, casi siempre inexistente.

Igual que todo lo demás, el mundo político del hombre se mueve en los marcos de la experiencia y tiene carácter probable dada la subjetividad de la misma.

El derecho debe estar limitado al propio individuo. Toda persona tiene derecho a la vida y la libertad que quiera, sin hacer daño a los demás y basándose en el trabajo y esfuerzo propio. No se puede perjudicar a otro invocando derechos propios, en su vida, salud y propiedad. Para ello el hombre debe vivir respetando el poder legislativo establecido por la comunidad. No son los conceptos generales sino los intereses y las costumbres concretas quienes perfilan las reglas de la convivencia humana.

El limite de la propiedad de un individuo es la propiedad de otro. El estado es un propietario mas, pero que disfruta a través de sus representantes de una autoridad otorgada por consenso.

Locke opone "ley" a "arbitrariedad" (que es la forma de operar de la tiranía); frente a esto, el pueblo tiene el derecho de luchar, de resistirse, y esto no calificaría propiamente como rebelión pues no es subversión del orden sino del desorden.

Bajo estas ideas Locke defiende la tolerancia religiosa. De forma parecida a como postulo respecto a la propiedad, el limite de mi creencia es la creencia del otro. El objetivo de la educación es el sano egoísmo, la formación en el dominio de uno mismo y el ordenado desarrollo de las capacidades propias.

El pensamiento de Locke esta en la base de las sociedades mas prosperas y democráticas que se conocen en la historia de la civilización Occidental. Ese hecho pone el desnudo las falacias de las utopías trazadas por la razón autoritaria, que diseña previamente un modelo social al cual se sacrifican sentimientos individuales, ordenes familiares y felicidades de todo tipo.

El único proyecto social deseable, si alguno hubiera, es aquel que emana del mundo natural de la experiencia humana. Y esa experiencia, en ninguno de los casos, es universalizable. Nada puede hacer mas feliz al hombre que su felicidad misma; y esa certeza no se puede cambiar por ninguna misión histórica, por ningún falaz afán libertario que oculte la ambición de un caudillo o la patología de una facción.

V.

Muchos de los postulados de Bacon, Hobbes y Locke fueron desarrollados consecuentemente en el marco de un filosofar que solemos identificar como "idealismo subjetivo", o "inmaterialismo", considerado a veces como una extravagancia filosófica. Hasta tal punto ha sido tergiversado el mensaje de esta variante de idealismo que una vez Jorge Luis Borges, tras exponer sus rudimentos teóricos, acoto: "La doctrina que acabo de exponer ha sido interpretada perversalmente."

Y es cierto, pocas veces se ha llamado la atención sobre el sano individualismo, sobre la conveniente ética del sentimiento que los idealistas subjetivos defendieron en la madeja de sus argucias (anti)metafísicas. El mismo Borges lanzo un desafío a los estudiosos de esta filosofía en su texto Nueva refutación del tiempo: "Comprenderla es fácil; lo difícil es pensar dentro de su limite".

Un filosofo descollante en esta línea de pensamiento fue George Berkeley, quien hereda lo mejor del empirismo y el nominalismo ingles, elaborando una versión muy dura de los mismos. Berkeley, por ejemplo, absolutiza la distinción que hace Locke entre "realidad interna" y "externa", entre cualidades primarias y secundarias, reduciéndolo todo a un acto de percepción.

Berkeley proclama como realidad y verdad a la conciencia de si, a la certeza de si mismo que es capaz de trazar el individuo que percibe, a quien también puede reconocerse como "sujeto". Cuando habla de experiencia restringe su alcance a lo individual, lo que implica una contracción respecto al modo universal en que la había entendido Locke.

En su forma extrema esa "conciencia de si", como "conciencia de si individual", se expresa en el postulado: todos los objetos no son mas que representaciones. Esta es la afirmación central de la filosofía de Berkeley y de David Hume, quien también se inscribe en la línea del idealismo subjetivo.

En el marco de la "filosofía continental", Leibniz dará un paso importante sobre Spinoza en la consagración de lo individual; en el contexto del idealismo ingles ese movimiento adquiere una formulación decidida. En sus marcos el individuo se hace tan significativo, que desaparece ante el, rendida por una operación gnoseológica, la propia realidad exterior.

Berkeley, quien nació en Irlanda en el ano 1684, es una excepción en la historia de la filosofía, pues concibe desde muy joven los principios básicos de su filosofía, que expuso en su trabajo Theory of vision, de 1709.

Su punto de partida confirma: existir es ser percibido; o mas exactamente: el ser de todo lo que llamamos cosa es, única y exclusivamente, su ser percibido. Es decir, lo único que conocemos, y que de hecho es lo único que existe, son nuestras propias determinaciones.

Los objetos no son mas que percepciones que brotan de los sentidos exteriores; o del interior del sujeto; o que se forman por medio de la memoria y de la imaginación, a través de la separación y la unión de las mismas.

Ahora bien, ¿quién es ese sujeto que conoce y que, conociendo, también crea?. Pues ese sujeto es el "yo". ¿Y que es "yo"?, pues solo un conjunto de sensaciones, dirá Berkeley; y Hume ira mas lejos: el "yo" es una simple sucesión de las mismas.

Es cierto que Berkeley acepta las cosas y las diferencia del ser para si, o sea, de la representación que se tiene de ellas; pero esa diferencia solo se da en el "yo". Por eso a veces habla de la proyección de las cosas sobre la conciencia, dando una apariencia de aceptación de la exterioridad; pero en ultima instancia no se sale jamás de la propia conciencia.

Una representación tiene que darse en quien representa; es el sujeto el soporte de la sensación y no una substancia entendida como substrato. A diferencia de Locke y otros filósofos en los que se perciben aun rezagos metafísicos, Berkeley dice que la substancia es incomprensible, aunque esa incomprensibilidad no liquida su posibilidad de manera absoluta.

El sujeto tiene representaciones, pero, ?en virtud de que?. Para explicar esto Berkeley no recurre a la disposición del sujeto mismo, a su interior, como hará Leibniz al hablar del "apetito" de las monadas. Berkeley recurre a Dios.

Dios es quien sostiene y promueve las representaciones que el sujeto posee; así, esas representaciones, que son el resultado de Dios, se diferencian del Dios mismo que las creo. Esto es un ejemplo de lo que en filosofía suele reconocerse como "inconsecuencia"; es decir, un alto en la inferencia lógica en aras de resolver una cuestión de peso mayor en los del sistema de filosofía en cuestión.

Sucede que, en sentido estricto Berkeley, que pone al "yo" en el fundamento del sistema filosófico, acepta algo mas que ese punto de partida. Violenta así un curso natural que debió seguir contra cualquier prejuicio religioso. Su rumbo escogido se puede ilustrar de la siguiente manera: Existir es ser percibido/ Dios no es percibido sino que es el garante de cualquier percepción/ No obstante, Dios existe.

Precisamente donde se retrae Berkeley continua David Hume, quien se decide a radicalizar el idealismo subjetivo y deja este punto de vista filosófico dispuesto para que lo continúe, en el contexto de otra tradición intelectual, Inmanuel Kant.

Hume escribió dos obras filosóficas fundamentales: A treatise of human nature (1739) y Essays and treatises on several subjects (1742). Hegel lo ubica en la línea que va de Bacon a Locke, según la cual los conceptos se derivan de la experiencia; por otra parte, su escepticismo con tintes modernos se afincara en el idealismo de Berkeley.

Hume alcanza mayor grado de consecuencia que Berkeley; le da un carácter absoluto a lo sensible-individual y lo separa de lo general, que Berkeley habia relacionado de alguna manera bajo el pretexto de Dios. Se convierte así, tal vez sin querer, en el critico definitivo del empirismo de Locke y de paso, del empirismo en sentido general, siendo el mismo empirista. Al afirmar que el conocimiento solo puede ser dado a través de la experiencia, pasa a negar las mismas determinaciones de generalidad, necesidad y causalidad.

El comprende que estas determinaciones conceptuales no se dan en la experiencia, y con total consecuencia empirista las rechaza. Podemos también recrear su ejercicio en el siguiente silogismo: El conocimiento solo se da en la experiencia/ La necesidad, la generalidad y la causalidad no se dan en la experiencia. Por tanto: Ni la necesidad, ni la generalidad, ni la causalidad existen.

Hume afirma que en la experiencia se puede llegar a relacionar ciertos acontecimientos; pero solo exteriormente. La experiencia de que una cosa ocurre tras otra muy bien puede crear el habito de considerarlas regularmente sucesivas; y ese habito llevar a una costumbre que a su vez puede generar la creencia de que, efectivamente, las cosas acontecen de esa manera. Pero el hecho de que un evento ocurra frecuentemente tras otro no es suficiente para afirmar entre ellos una relación de causalidad. La causalidad, reitera Hume, no existe.

Cuando vemos que una corriente de agua derrumba una casa, no podemos decir, como alguna vez hiciera el propio Locke, que el agua es la "causa" de dicho derrumbe. Lo único de que se dispone en este caso es de un registro de experiencias: la experiencia de ver el agua correr contra la casa, después, la experiencia del impacto y, finalmente, la experiencia de ver la casa caer. Si se establece una relación entre los sucesos, es producto de una simple asociación de representaciones. Ni la necesidad, ni la generalidad, ni la causalidad son dadas en la experiencia; es nuestra subjetividad, el habito, quien las introduce como creencias.

En sus Lecciones de historia de la filosofia (edic. cit. p.377) Hegel hace una valoración bastante polémica acerca de este punto de Hume: "Hume, al concebir la necesidad, la unidad de lo contrapuesto, de un modo enteramente subjetivo, cifrándola en el habito, desciende tanto en la escala del pensamiento que no cabe mas".

Y ya aquí se va produciendo la gran fisura; lo que en un tiempo fue dialogo creativo entre las formas inglesa y continental de filosofar, avanza hasta una encrucijada donde se van a separar drásticamente. En ideología política ese quiebre corresponde al contrapunto entre el liberalismo "egoísta" y el socialismo de corte nacionalista, misionero, sacrificial e imperial que básicamente elabora la inteligencia germana.

Hegel fue muy claro en su preferencia por la historia sobre el individuo cuando afirmo: hay cosas históricamente existentes, pero que no son históricamente significativas. Este espíritu será recogido por Carlos Marx, quien considerara a los indiduos piezas prescindibles en el camino hacia un fin que llamo a veces comunismo, otras, misión histórica-universal del proletariado o revolucion.

De cualquier modo, y si vamos a llevar el razonamiento hasta sus ultimas consecuencias, tenemos que al admitir que entre las sensaciones hay una cierta "sucesión", Hume acepta entre ellas una relación de "sucesión"; es decir, de temporalidad. Y el tiempo es, junto al espacio, una noción de máximo nivel de generalidad cuya presencia en la experiencia es cuestionable.

Pero lo mas interesante de esta línea de pensamiento empirista, sensualista y subjetivista, es que propuestas filosóficas a veces inconsecuentes, llevan con firmeza a conclusiones éticas, políticas y sociales muy útiles.

Los conceptos morales de Hume también contienen ese elemento de relatividad y escepticismo que adelanta en su filosofía. El escepticismo de Hume se extiende también a Dios, y en este punto es mas radical que Berkeley. Exalta los instintos y las inclinaciones sobre la razón; lo verdadero y lo justo no tienen, para el, una dimensión racional sino que pertenecen al ámbito del sentimiento.

Con el idealismo subjetivo el relativismo quedara definitivamente instalado en la gnoseología. Es de esta fuente, y no de las evidencias que posteriormente aportara la antropología cultural, que el filosofo asume el pluralismo y la tolerancia; el sano culto a las diferencias en el contexto de una visión universalista de la realidad.

Si el conocimiento parte de la experiencia, la única "generalidad" posible será de carácter subjetivo: una creencia, no una verdad. Al escepticismo Kant opondrá la existencia de una fuente interior para el establecimiento de lo verdadero; lo que tendrá implicaciones dogmáticas en lo moral y discutibles consecuencias en lo político.

Berkeley refuto a la substancia, a la materia, pero acepto instancias filo-metafísicas como la identidad personal en el "yo" y Dios. Hume fue mas allá, subjetivizandolo casi todo; al espacio, al "yo", a Dios, pero trabajo con una noción de sucesión muy cercana al concepto metafísico de tiempo.

Borges cree, finalmente, que ser consecuente con el legado del idealismo subjetivo de este ultimo implica una refutación del tiempo mismo. Pero la refutación que propone, que llama "nueva" o "ultima", aparece presa ella misma de elementos ligados a la temporalidad.

Resulta que tanto lo nuevo, esa diferencia que se impone después y sobre lo que se estableció con anterioridad; así como lo último, que es un limite extremo de lo retardado, implican de hecho a la misma noción de tiempo que se quiere refutar.

Quizás por eso Borges confiesa el estado de perplejidad que nos escolta durante cada incursión por los enigmas del idealismo subjetivo y que rige cuando el estudio de este segmento de la tradición intelectual británica trata de ir mas allá de ella misma: "Ignoro, aun, la ética del sistema que he bosquejado. No se si existe".

Emilio Ichikawa. Homestead, Florida, EEUU. Julio-2001.


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