Desde Dentro de Cuba.

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30 de Octubre del 2002

EL PERRO, EL DUEÑO Y LAS LEYES. Richard Roselló, de Cuba Free Press.

La Habana: Marcela Carrazana, vive una desagradable experiencia y no desea igual frustración en otros.

Ella me comunica desesperada su situación . Las quejas vienen por las molestias que el perro de un vecino le ocasiona en su patio desde una azotea: Noticia nada buena para alguien que mantiene empeño en la higiene domestica.

El asunto data de hace más de 5 meses. Carrazana vive en la planta baja de un edificio multiple muy antiguo en la calle Jesús María 295, entre Picota y Curazao de la Habana Vieja. Ella piensa, el igual que yo, que su patio es la imagen del interior del edificio, sembrada de bellas plantas que hacen un jardín.

El camino recorrido por Marcela, es tortuoso y lleno de sorpresas. Resulta que el dueño del can no se halla en casa, y justo en ella vive un lejano “sobrino” que sirve de mensajero del conflicto. Su verdadera propietaria Mirtha Reyes Acevedo, no desea dar frente al problema y hace todo lo posible porque así sea.

En un estado de desasosiego e inquietud, transmitió el asunto al Comité de Defensa de la Revolución . Y sin resultado. Fue el Consejo Popular de Belén a ver al Delegado, a quien con tanto amor escogió entre las urnas, Y sin resultados. Gestionó con Sinopsis. Y sin resultados.

Marcela llamó a patrulla y esta intervino aunque la dueña del perro, continua sin dejarse ver; no obstante de estar al tanto de lo que ocurre.

La perjudicada, siguió calando en la burocracia, mientras el perro orinaba y desefecaba, en su placido jardín, dañando sus plantas.

Fue a la Dirección Municipal de Viviendas, para quejarse por daños y perjuicios, pero allí la enviaron al policlinico a ver al jefe de Higiene e Epidemiología.

Estos se personaron en la vivienda y observaron que efectivamente el perro ajeno ocasiona molestias en área común del edificio.

A la dueña una citación de urgencia se le hizo llegar. Han pasado 5 meses. Ni el dueño, ni los inspectores de higiene, ni la advertencia que “ De no acudir constituye delito de desobediencia previsto y sancionado por el Código Penal , han podido frenar este síndrome de indiferencia.

Sin dudas la escena conmueve. Marcela cuestiona la incapacidad de los servicios epidemiológicos e higiénicos de Ciudad de la Habana, Mientras tanto observa la infesta de ratas, cucarachas y perros callejeros que erosionan la salud ciudadana.

Reportó: Richard Roselló, para Cuba Free Press.


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