Desde Dentro de Cuba.

Distribuido por Cuba Free Press, Inc. - http://www.cubafreepress.org

02 de Agosto del 2002

EL MALECONAZO DEL 4 DE AGOSTO. Richard Roselló, para Cuba Free Press.

La Habana: Una victima de aquella inolvidable fecha nos ofrece su testimonio casi desgarrador.

Para entonces ocho años han pasado. Y un día como este, un huracán humano se lanzó a las calles de La Habana pidiendo “libertad” y condenando al régimen.

La fuente de este artículo nos ha permitido mantenerlo en el anonimato. Es nuestra responsabilidad hacerlo. Cuando el hecho ocurrió, él tenía dieciocho años. Decenas de jóvenes trasnochaban por el Malecón habanero. De la Alameda de Paula en la Avenida del Puerto y al otro extremo, en Regla y Casablanca, otros también lo hacían con sobrados riesgos.

Aquellos días de julio y agosto estaban revueltos por una mocedad desesperada y agobiada por un futuro perdido. Un golpe duro asentó por esos días. El remolcador 13 de Marzo con unas docenas de niños en él, era hundido por el régimen en alta mar a fines de julio. Nadie sobrevivió. Los ánimos se crisparon por el crimen que ocasionó la más enérgica respuesta de la prensa internacional y de los familiares.

Amotinados un grupo, aquellos prefirieron no esperar más. Al amanecer del 5 de agosto del 94 los que en la Alameda “conversaban” se lanzaron ruidosamente sobre una vía, la única, la marítima y tomaron la embarcación con la idea de escapar de Castro a los Estados Unidos.

Minutos después todos, excepto uno que logró la fuga, fueron detenidos. Un operativo de la Brigada Especial rodeaba el lugar. La operación fracasa por errores de cálculos imperdonables: la embarcación no tenía motor.

Una golpiza a bastón amaniató a los “agitadores”. Sus edades oscilaban entre los 18 a 25 años. Seis horas después eran conducidos a la unidad de policía de Dragones y Zulueta.

Hasta el medio día, cerca de 300 civiles fueron detenidos y entrevistados. Cinco horas más esperaron hasta que vino el traslado. Sin desayuno ni almuerzo un numeroso grupo se les llevó a la prisión de Micro IV en La Habana del Este.

“Los contrarrevolucionarios” así llamados, los entregaron a la Compañía 7. La cifra ofrecida apuntaba a unos 110 confinados. Allí sufrieron y supieron de tortura sicológica y de morboso tratamiento hasta conducirlo a la más férrea disciplina penitenciaria. A las cinco de la mañana daban el de pié hasta las siete, el desayuno era cereal y pan. El resto de las horas, antes del almuerzo eran obligadas a leer el Granma e incluso debatir sobre el acontecer diario.

La escena del comedor era un ardid como usan con los criminales en prisión. A el acudían con cabeza baja y manos atrás. Parecía que la comida mohosa llena de gorgojos, sin sabor, mal cocida había que merecerla con ley. Un minuto era lo que disponías. Había que tragarse los alimentos antes de saborearlos.

Uno de esos días un coronel fue a visitarlos. Alguien dentro del grupo preguntó porque no lo soltaban si Castro había dado la orden de salida de balseros. La respuesta perversa fue breve “A Uds. le vamos hacer igual que a la divisa. ¿Qué quiso decir?. A lo mejor recordó que la poca que contaba el país la guardaban celosamente hasta usarla un día.

Cumplido un mes, en septiembre nos trasladan a otra prisión conocida por Bahía Grande. En ella permanecí quince días. Días para no olvidar. El trato inhumano, dormitorios sin cama, la falta de agua, las enfermedades cundió el pánico; no teníamos electricidad y la alimentación corrompida solo podía ser comida por ratas.

En el teatro de la penitenciaria le celebraron el juicio ante los familiares. Los cargos de desacato y salida ilegal del país hacen poner rumbo a otra prisión, la 1580, en San Miguel del Padrón donde les entregaron ropas de presos.

Del lugar vuelven a ser trasladados. Finalmente, a la cárcel de Agüica en Matanzas prisión de mayor rigor. Seis meses permanecerían bajo un régimen especial, mezclados con comunes y asesinos.

Los años han pasado y las heridas profundas de los sufrimientos quedan. Mi entrevistado no ha perdido las esperanzas. Pensativo y con una lágrima asomada recuerda que la crisis de los balseros y el maleconazo han quedado como el acto más vilipendiado acometido por el tirano a su pueblo quien lo condenó a la pobreza cándida y viceral de 43 años de dictadura.

Reportó: Richard Roselló, de Cuba Free Press.


CUBA FREE PRESS, INC.
P.O. Box 652035
Miami, FL 33265-2035
Phone: (305)270 8779 -- Fax: (305)595 1883

E-mail: mailbox@cubafreepress.org
Home: http://www.cubafreepress.org
Copyright © 2002 - Cuba Free Press, Inc.