Desde Dentro de Cuba.

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03 de Julio del 2002

UNA BIBLIOTECA PARA MIS DERECHOS. Richard Roselló, para Cuba Free Press

La Habana.- Requerir a un usuario, haciéndole recordar deberes (no derechos) que han de tener con el lugar que visitan “parte el alma”.

Parte el alma observar, cómo en nombre de los servicios públicos en Cuba, la mayoría desconoce que en materia de esa índole, es lo contrario. Un lector, no solo necesita que le digan lo que no puede hacer sino lo que debe hacer. A fin de cuentas, el papel de un bibliotecario es lograr acercar al usuario al libro y no alejarlo con drásticas medidas. El asunto de este tipo, puede servir para otros casos. Porque nadie esta dispuesto a escuchar lo que no puede hacer. De antemano “contamos con una juventud educada y con cultura”como afirma Castro. De ser así, aprendimos desde niños hasta donde no se debe transgredir.

En resumen. Los derechos pertenecen en exclusivo al hombre. No a las instituciones. No a las leyes. No a las imposiciones. En varias visitas a la biblioteca Rubén Martínez Villenas, en la Plaza de Armas de La Habana Vieja fui testigo de ello. Por cierto éste es un lugar muy moderno con ciertas comodidades. Acaso la primera biblioteca Estatal confortable.

Pero no todo lo que brilla es oro, señala el refrán. Un grupo de niños, en espera del guía, estaban sentados en grandes y cómodas butacas, a la entrada de la institución, cuando fueron requeridos. La respuesta fue mágica. “A los usuarios se le esta prohibido sentarse porque están reservadas para visitar” Quiso decir para protocolo.

Juro que nunca vi el dichoso cartelito. Tampoco la prohibición. Dijeron que si Eusebio Leal entrase, se vería indigno verlos allí. Advierto que esa moderna biblioteca ha sido financiada gracias a la Oficina del Historiador. Ya ven ustedes por donde le entra el agua al coco.

Subí al segundo piso en dirección a la sala de referencia. Es un pequeño local con dos mesas rodeados de estantes de libros. Escogí esta pequeña sala y no la general, porque el ruido es abrumador. ¿No se hasta cuando? Para sorpresa estaba prohibido consultar periódicos que debía utilizar con ayudas de diccionario. ¿No es acaso el periódico, un órgano de referencia? ¡Ah, son órdenes¡ señaló la responsable de la sala. ¿Quién entiende eso? En los días que visité aquella sala, noté que no había paz ni tranquilidad. El murmullo entre los técnicos bibliotecarios tomaba la sala para conversar. Otro ruido era el del teléfono y unas voces altas que vienen continuas a un local anexo. Todo te desconcentra.

No fueron pocas las ocasiones que tuve que abandonar aquella costosa sala de lectura por los anteriores problemas. La preocupación del Estado por mejorar a que estas cosas no se repitan y velar continuamente por ella resquebraja las intenciones del lector.

No hablaremos de los ruidos, las malas condiciones de estudio, la demora, el exceso de calor que tienen otras bibliotecas como la del Instituto de Literatura y Lingüística en Carlos III. O la mutilación de documentos que en publicaciones seriadas tiene la Biblioteca Nacional.

Las alternativas de las bibliotecas estatales son las siguientes. En ciudad de La Habana existen hoy con 24 bibliotecas. Una provincial, catorce municipales y nueve sucursales. Doce de ellas están serradas; por reparación y otros problemas de recursos. Las disponibles poseen más de cinco problemas como mínimo que no satisfacen al lector: Calor, ruidos, falta de literatura y condiciones higiénicas sanitaria, suciedad y ausencia de servicios de fotocopias, microfilm etc. Otro asunto es la falta de motivación del lector por la pobreza de literatura que carecen y no satisfagan el placer espiritual teniendo en cuenta que la lectura es un grato momento de placer. Como respuesta a algunos de estas deficiencias han surgido en el país las bibliotecas independientes como un proyecto autónomo. Hoy existen más de 200 por la Isla y son una opción humana cultural que rompe el atavismo de los inconvenientes que ofrecen las del gobierno cubano.

Reportó; Richard Roselló, para Cuba Free Press.


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