Desde Dentro de Cuba.

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15 de febrero de 1999, Cuba Free Press.

EL HAMBRE DE HOMBRES Y HEMBRAS Por Ariel Tapia, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.—Hambre no sólo es no tener nada para comer. Es también un deseo violentísimo y ardiente por saciar las apetencias de la materia y del espíritu.

Cuando se ha comido lo mismo siempre desde hace un sinfín de años las personas son devoradas por una "hambre" vieja muy profunda, visceral. Y caen en las tentaciones y buscan llenarse con otra cosa y cuando tienen la oportunidad consumen opíparamente todo lo que no habían conocido antes.

Justamente esa es la sensación que deja la novela El hombre la hembra y el hambre (Editorial Planeta 1998) de la escritora cubana residente en Miami Daina Chaviano. Daina que vive en Norte América desde 1991 dibuja en esta obra las necesidades perentorias del ser humano en la Cuba de hoy en la década de los 90 cuyos años han estado marcados por esa hambre profunda.

El hilo conductor de la novela pudo haberse perdido en la historia tremenda de los últimos tiempos cubanos pero para alegría del lector la trama sigue su curso conducida por el protagonismo de sus personajes. Y aunque transcurre por ese período tan convulso y arbitrario no se detiene a analizar ni explicar por qué ocurren las cosas. Los protagonistas sólo van viviendo su propia historia. De este modo El hombre la hembra y el hambre no cae en el casi ineludible panfletarismo que corroe a las piezas literarias ocupadas en narrar historias recientes de la Isla.

Para los cubanos de adentro leer esta novela es como ver un retrato de ellos mismos. Rubén y Gilberto pueden ser cualquiera de nosotros obligados a incursionar en la marginalidad porque ya alguien a escogido su destino lo ha cambiado o le ha metamorfoseado y ha puesto ante ellos a una hembra que los vincula más a fondo en la vorágine de su país.

Claudia para Rubén, La Mora para Gilberto es simplemente esa misma persona que los une a ambos, que los pone a contar sus experiencias con una mujer misteriosamente atractiva que tiene dos nombres. Ellos en esos exquisitos coloquios dispersos de la novela no saben que "el cuento" de cada uno pertenece a una sola historia.

La hembra, como le ha sucedido en realidad a ciento de miles de mujeres últimamente, se tiene que meter a jinetera. Y no es una hembra que nació prostituta o analfabeta o poco inteligente. Nacida en tiempo de revolución tuvo acceso como todos a la educación gratuita. Fue a la universidad y lee a Milan Kundera y a Vargas Llosa.

Frecuentemente tiene experiencias paranormales que la introducen en una Habana dieciochesca, perdida en el tiempo, en una ciudad en que casi todo está arruinado. Cuando empieza en el negocio del cuerpo lo hace con un antifaz de ingenuidad: le dice a su amiga jinetera, experta, que fungirá solo como guía turística. Pero sabe que no podrá evitar a un mexicano habido de contacto sexual. Después de una noche de diversión a Claudia-La Mora la sorprende la mañana en una habitación del hotel Riviera.

A pesar de su ebriedad nocturna pudo disfrutar del placer de ser penetrada por el turista en el balcón de la habitación con el malecón por delante. Una excelente descripción que enseña mucho, por cierto, del talento de la autora para abordar el erotismo.

Y así, de pronto, luego de pasar por todas las acrobacias de la vida insular (redadas policiales, negocios en el mercado negro, ilusiones místicas en la que no faltó la toma de La Habana por los ingleses) llega el momento de la definición: irse o no irse del país.

Claudia en su debate interno en su

to be or no to be

, estresada con la propuesta de matrimonio de un gallego viejo y viudo. Está asqueada de acotarse con tipos que no le gustan pero tampoco quiere perder los beneficios materiales que le ha dado el capitalismo de la diplotienda ,con los dólares que produce su fruta. No quiere volver a padecer el hambre atroz. Se pregunta cómo sería vivir feliz pudiendo trabajar decentemente en un país "donde con lo que ahorras puedes comprar la ropa que te gusta". Los dos hombres se emborrachan y no cesan de hablar de "aquella mujer que se ha perdido". Rubén estuvo dos años preso, víctima de la operación "Pitirre" contra "macetas" (cubanos que según el juicio estatal se enriquecen a costa del pueblo trabajador). Gilberto dejó su puesto en la carnicería (ya no hay nada que robar) y abrió un paladar. Pero el hambre (la frustración) continúa omnipresente oscureciéndolo todo.

Llega el agosto candente de los 90 (aunque la novela no lo menciona, sabemos que es 1994). La gente, enfurecida y desesperada, secuestra lanchas y hasta remolcadores . Se produce una masacre (real no imaginada) y el termómetro revienta. Por primera vez en su vida los hambrientos salen en masa a la calle a gritar libertad. Pero (destino metamorfoseado) la única libertad que obtienen es la de tirarse al mar sin ser reprimidos abandonados a su suerte en todo tipo y especie de artefacto que flote.

Un maratón surrealista que se dirige hacia el malecón habanero buscando siempre el norte encuentra a Claudia embelesada, dubitativa en su ser o no ser. Ahí están cargando su balsa Rubén y Gilberto. Sorprendida ante sus dos amantes Claudia se autodefiende. Se le aparecen sus eternas visiones: una negra africana, un indio y las murallas y las campanas de la antigua Habana. Junto a todos, Martí que susurra una de sus frases lapidarias. Y Claudia no sabe entonces que hacer.

Siendo cubano lector y viviendo en la Cuba de los 90 no me queda más remedio que decir: "Si yo fuera escritor y me decidiera a escribir una novela cubana y actual lo haría del mismo modo. Bien por Daina" Ariel Tapia, Cuba Free Press.


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