Desde Dentro de Cuba.

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18 de diciembre de 1998, Cuba Free Press.

EL SHOW DEL BUTTARI El "espectáculo" que el 10 de diciembre organizó el Ministerio del Interior en un parque de la barriada habanera de Lawton enloda la imagen de Cuba, una vez más, como "cumplidora de los derechos humanos". Por Tania Quintero, Cuba Press.

La Habana, Cuba Free Press.—El gobierno cubano que nunca las ha tenido todas consigo en materia de libertades individuales, ha enfangado la victoria pírrica obtenida en Ginebra, en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en abril de 1998.

El fango provino de las movilizaciones de sus aparatos de represión el viernes 27 de noviembre y el jueves 10 de diciembre, en dos localidades de la capital, en las que no faltaron golpizas, detenciones, ofensas verbales y empujones a disidentes, ciudadanos comunes y corresponsales extranjeros acreditados en la isla.

Con su tenaz negativa a abrirse a los suyos, el gobierno cubano corre el riesgo de volver a ser sentada en el banquillo de los acusados.

Ahora no se pueden decir que son patrañas del enemigo. Porque los testigos y los vídeos están ahí, como prueba irrefutable de que a pesar de figurar la República como firmante de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 1948, 50 años después no se alinea entre las naciones que ponen en práctica los artículos contenidos en ese texto.

DOS ROSTROS A MOSTRAR

Para el exterior, para que el mundo siga abriéndose a Cuba, como pidió el Papa; para conseguir más inversiones, más dólares, el gobierno de La Habana necesita una cara de no violador de los derechos humanos. La Unión Europea e importantes acuerdos mundiales que aportan recursos para el desarrollo lo tienen establecido en sus cláusulas. Pero a las autoridades de la isla eso no les importa. Lo de ellos es mantener a toda costa el poder, respaldado por aplausos unánimes.

Para el interior lo que ellos creen son triunfos del pueblo revolucionario no son más que desengaños. Cada vez en mayor el porcentaje de personas, de diferentes edades, creencias y profesiones que a lo largo de estos 40 años se han ido desencantando con el proceder de sus gobernantes.

Porque la gente ha ido archivando frustraciones: la fallida zafra de los 10 millones, en 1970; el éxodo masivo por el Mariel, en 1980; la inútil defensa de Granada, en 1983; el proceso nunca finalizado de rectificación de errores y tendencias negativas, de 1986, cuando se dijo que "ahora sí vamos a construir el socialismo"; el bochorno del "caso Landy", ex jerarca de la Juventud Comunista y que al decir de la gente en la calle "fue un niño de teta" comparado con la corrupción actual; la vergonzosa causa 1 y 2, de 1989 (Ochoa, La Guardia y Abrantes); la proclamación en 1990 de un "salvador" período especial que en la práctica significó más penurias y escaseces, y la insoportable carga que para millones de cubanos ha representado el racionamiento de alimentos, implantado en 1962 y que todavía continúa.

A todas esas frustraciones hay que añadir las contradicciones morales y materiales sufridas por las familias, cuando en la década del '70 se permitió el regreso de los cubanos radicados en el exterior, la mayoría de ellos triunfadores económicos en sus países de residencia, fundamentalmente en Estados Unidos, el enemigo público número 1 de la revolución cubana.

Contradicciones ahondadas en 1993 con la despenalización del dólar, medida a la que siguió la apertura de una extensísima red de tiendas recaudadoras de divisas, de un extremo a otro del territorio nacional. Los que se quedaron con la revolución, el comunismo y Castro tuvieron una oportunidad única, propiciada por el propio gobierno: comprobar dónde se trabajaba y vivía mejor.

CADENA DE DECEPCIONES

A esta serie de acontecimientos que en mayor o menor grado han contribuido a la desilusión de una buena parte de la ciudadanía adulta, incluida la que milita en las filas comunistas, hay que sumar el de la generación nacida después de los '70. Ella forma el gran ejército de la decepción.

Es en la juventud que ahora tiene entre 20 y 30 años donde se localizan hoy los más graves problemas. Son jóvenes, casi todos, los presos por delitos comunes; los que se prostituyen, toma drogas o se quiere ir de su patria, por cualquier vía. Jóvenes han sido también casi todas las muertes: en Angola, y en el estrecho de la Florida. Jóvenes fueron los protagonistas principales de los sucesos de la embajada de Perú, en 1980, y de los incidentes del 5 de agosto de 1994, en áreas cercanas al Malecón habanero.

El 10 de diciembre, mientras la humanidad progresista celebraba el quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Seguridad del Estado en coordinación con el sistema Único de Vigilancia y Protección --una fuerza paramilitar que funciona en los 169 municipios del país— decidió movilizar a estudiantes de tres institutos cercanos al parque Buttari (el preuniversitario "Cepero Bonilla" y los tecnológicos "Hermanos Gómez" y "José Martí").

La orden para participar en la "pachanga revolucionaria" alcanzó también al profesorado de esas escuelas, a los Comités de Defensa, a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y a integrantes de las Brigadas de Respuesta Rápida. A más de un viejo fanático se le vio con un palo en la mano y hasta en el terreno de deportivo del parque se puso a jugar pelota a un improvisado equipos de testaferros encubiertos. Si no bastaba con los cientos de policías y agentes de la Seguridad, vestidos de civil o disfrazados de obreros, los "peloteros" saldrían con sus bates a contrarrestar cualquier intento de la pacífica oposición cubana que se proponía leer, en ese parque, los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

EPÍLOGO

En lo adelante, cuando algunos de los maestros que fueron obligados a estar allí se paren ante sus alumnos a dar una clase de la recién creada cátedra de Formación de Valores, seguramente le vendrá a su mente la visión de un tropel de muchachos, torpemente manipulados, prestándose a corear consignas o apoyar con su gritería a los agentes del Ministerio del Interior que salvajemente golpearon a Ernesto Cala y Lázaro Constanine, los dos jóvenes que tuvieron el valor de discordar en medio de aquella bachata represiva.

Tania Quintero, Cuba Free Press.


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