Desde Dentro de Cuba.

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19 de noviembre de 1998, Cuba Free Press.

NAVIDADES POR DECRETO Por Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.— El pasado año 1997 se declaró feriado en la isla el 25 de diciembre con motivo de la próxima visita del Santo Padre, Juan Pablo II pero, se aclaró, que la medida era "excepcional". Ahora cuando volvemos a estar a fin de año, de nuevo la iglesia reclama que ese día se pueda dedicar a la celebración del Nacimiento del niño Jesús y se permita la libre y pública manifestación de regocijo por el trascendental acontecimiento.

Así, volvemos a la expectativa del documento legal que reconozca ese aspecto de la libertad religiosa. La propia espera y el reclamo mismo prueban que en Cuba esta libertad no existe. Que el ateísmo oficial impuesto a la creciente masa cristiana demuestra una forma más de opresión y sometimiento de los ciudadanos. Y es que no porque los gobernantes y la doctrina que preconizan se fundamenta en la soberbia creencia que el hombre no necesita de Dios es justo --ni debe ser legal-- que los cristianos se vean limitados en la expresión de su fe.

Es claro que la posición de los que detentan el poder no puede impedir que los creyentes celebremos la fecha religiosa. Está por descontado que este año habrá más hogares cubanos que cenarán el 24 de diciembre, aunque sea con chícharos, arroz y pan pero con mucho amor y devoción por el Nacimiento. Pero es el caso: si el gobierno es dueño y controlador de los alimentos básicos, de los comercios y centros de trabajo, él determina, en gran medida, qué podemos tener en la mesa ese día y la trascendencia de la fiesta, como ocurre en el mundo entero.

De esta forma se limita también a los que trabajan para dedicar el día a las actividades religiosas. Declarar feriado el Día de Navidad es reconocer el derecho de los cristianos a su celebración y el ejercicio de ese culto y, por tanto, de la voluntad de hacer valer la libertad de conciencia a que se refiere la constitución de la República. No hacerlo es además violatorio de ese precepto.

Si las manifestaciones religiosas de esta fecha se permitieran libremente a los cristianos en centros laborales, de la misma manera que se decora el centro para una actividad política de los comunistas, la satisfacción de esos trabajadores no ha de lograr más que mejores voluntades para el trabajo mismo.

Por otro lado, la conversión de los ciudadanos al cristianismo parece ser una de las pocas vías que le quedan al país para recuperar los valores morales y conductas cívicas que han desaparecido prácticamente de nuestra sociedad. La generalización de las conductas negativas trae grandes problemas, tanto a las personas, a la sociedad como al estado mismo. Y hay que rendirse a la evidencia de que "el hombre nuevo, socialista y ateo" no es, ni con mucho, mejor que el tradicional ciudadano educado en la fe, con los valores que ahora pretenden rescatar.

Es, entonces, no sólo justo que se decrete legalmente el 25 de diciembre por la llegada de Nuestro Señor: resulta, también, necesario.

Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.


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