Desde Dentro de Cuba.

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5 de Noviembre de 1998, Cuba Free Press.

MULTAS: A UNOS SÍ, A OTROS NO Por Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.— Las leyes, dicen los delincuentes, se han hecho para violarlas. Esta especie de filosofía puede ser comprensible en ese medio, pero cuando vemos la misma conducta en otros sectores de la población, uno llega preguntarse: ¿Será verdad?

A partir de 1974, por ejemplo, el cubano está obligado a portar el Carné de Identidad, establecido por la ley 1278 de ese año. De tal suerte ese librito se nos ha convertido en el bacalao del hombre que identificaba, hace muchos años, la emulsión de Scott, de triste recordación por su mal sabor.

Este bacalao, sin embargo, si no se lleva encima puede costar multas de 5, 10 y hasta 30 pesos, lo que sabe mucho peor que la emulsión de marras.

No obstante son muchas las personas, sobre todo jóvenes, que diariamente son conducidos a la unidad de la policía más cercana y multados por esta causa.

Lo que no he conocido todavía es que se hayan detenido o multado a un gerente o administrador de algunas de las tiendas que venden en dólares por violar el artículo 26 del referido reglamento que prohibe "terminantemente exigir o entregar el Carné de Identidad en calidad de depósito o garantía".

Y es que esas tiendas no permiten la entrada con carteras, bolsos, los que tienen que ser depositados en estanquillos habilitados a los efectos. En esos lugares, se recibe una chapilla para recoger el paquete, una vez terminada las compras. Y por lo regular exigen el carné de identidad como depósito o garantía de que será la misma persona la que recogerá el bolso.

En fin, ello puede ser loable en tanto garantiza que el paquete será entregado a su dueño pero: ¿Justifica la violación? En todo caso bien podría derogarse el artículo. Al cabo, eso no resulta tan difícil en nuestro país.

Ante esa situación y como a mí me enseñaron que la ley no reconoce fuero ni privilegio, y yo me lo creí, me he dirigido en varias oportunidades a este tipo de tiendas exponiendo la violación que cometen y hacen cometer a los clientes.

En todos los casos recibí respuestas inconsecuentes: "No entre a comprar", "A mí eso no me importa", "Señora, tenemos mucho trabajo para que usted venga ahora con eso…", y "Mire, no me hable de violación, a mí eso no me interesa, déjeme en paz..."

Temiendo cerrarme las puertas de los únicos establecimientos donde puedo –cuando puedo— comprar artículos de primera necesidad para la restringida existencia que me ha tocado vivir, desistí de mis intentos legalistas pero no he dejado de preguntarme: ¿Por qué unas violaciones se multan y otras no?

Como la esperanza es lo último que se pierde, aún aguardo porque alguien con autoridad ponga fin a la impunidad que hasta hoy disfrutan los violadores de un reglamento por el que tantas multas, todos los días, se imponen al cubano de a pie.

Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.


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