Desde Dentro de Cuba.

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23 de septiembre de 1998, Cuba Free Press.

VIOLACIÓN DE LA INVIOLABILIDAD Por Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.— El domicilio, ese sagrado rincón donde la persona se siente a resguardo de todos los males del mundo. Lugar que alberga nuestros más íntimos secretos y sueños. En él nos desnudamos diariamente e igual nos cubrimos la desnudez, tanto física como espiritual.

Puede ser infierno o paraíso. Simple casa o dulce hogar. No importa si es lujosa residencia o humilde choza. Es nuestro sitio privado que todas las regulaciones declaran inviolable.

Habitualmente las constituciones rezan: "El domicilio es inviolable". Algunas, como la española, añade: "Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito".

La cubana, en cambio, dice: "Nadie puede penetrar en el ajeno contra la voluntad del morador, salvo en los casos previstos en la ley."

Aún cuando no conozcamos como instrumenta la ley española el cumplimiento de esta garantía constitucional, dos diferencias quedan claras.

La primera: en España es necesario el consentimiento del titular de la vivienda, mientras que en Cuba basta la de un morador. Diferencia de imprevisibles consecuencias y por demás lesiva al derecho del ocupante principal. La segunda: en la madre patria es necesario una resolución judicial para efectuar registro, en tanto la Constitución cubana deja expedita la vida para que ostente esta facultad quien la ley disponga.

Por su parte, la Ley de Procedimiento cubano estable en su artículo 218: "…a falta del consentimiento se requiere resolución fundada del instructor, con aprobación del fiscal, copia de la cual se entregará a la persona interesada al proceder a la práctica de la diligencia. En este caso el registro no puede realizarse fuera de las horas comprendidas entre las 5 y las 10 de la noche. Se presume que presta su consentimiento el que requerido por quien haya de efectuar la entrada y registro para que lo permita ejecute, por su parte, los actos necesarios que de él dependan para que pueda tener efecto sin invocar para oponerse la garantía constitucional de inviolabilidad de domicilio."

En consecuencia ala ley otorga esa facultad al instructor, que es un oficial, ya sea de la Policía Nacional Revolucionaria o de la Seguridad del Estado. El mismo que como parte de su trabajo procurará pruebas contra el sujeto del registro para el que sólo necesita la aprobación del fiscal que puede ser poco más o menos su compañero de trabajo.

Este artículo 218 tiene, además, otro aspecto interesante, la presunción de consentimiento. No es obligación del instructor, como debiera, cumplir u ofrecer la garantía constitucional haciendo saber su derecho a la persona cuyo domicilio será registrado, sólo conque esta lo ignore, no lo exija o invoque estará el instructor en perfecto amparo para registrar e incautar cuanto bien estime. Igual suerte correrá el acta de registro si lo exigen, pues a pesar de lo establecido en la ley no se le entregará.

Más específico es el artículo 219 que dice: "La resolución que dispone la entrada y registro determina su objeto preciso, las razones que justifican adoptar la medida y el edifico o lugar cerrado en que haya de verificarse. También expresa el nombre del funcionario o agente de la policía designado para su práctica, cuando no lo realice de por sí la propia autoridad."

Parecería que al menos la víctima del registro conocerá, en el propio acto, el objeto y las razones de la medida pero tampoco esto es exacto. A las pocas garantías que ofrece la ley han de añadirse las violaciones que cometen los agentes actuantes. La autora, en reciente registro a su domicilio, puede dar fe que cuando al exigir el cumplimiento de los extremos que establece este artículo, en un orden casi en blanco, el oficial le contestara: "Me la dieron así para que pusiera lo que me diera la gana."

La frase no mostraba mi desamparo e indefensión, sino la de todos los cubanos.

Al cabo, yo hace tiempo que protesto las leyes que nos rigen.

Constatar que aquellos que aseguran su justeza y propugnan su cumplimiento la violan con cierta complacencia, tal vez inconsciente pero real, no hace más que darme la razón, si no tuviera otras más profundas en mi haber. No son estas actitudes muy demostrativas de profesionalismo ni logran el respeto que presume y todos desean inspirar, aun de los opositores o disidentes.

Quede convencida que el domicilio –otro espejismo socialista—no es tan inviolable como dice la Constitución. Por el contrario, hasta él pueden llegar manos foráneas a tocarnos el cuerpo y el alma en cada objeto y a despecho de sus propias leyes dejarlo vacío como si lo habitaran fantasmas.

Entonces son posibles dos sentimientos: el miedo permisivo o la rebeldía que puede, a fuerza de inútiles protestas, dar fin a nuestra aparente libertad física pero lograr la maravillosa libertad interior que nadie podrá violar jamás.

Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.


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