Desde Dentro de Cuba.

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La Habana, 28 de agosto de 1998, Cuba Free Press.

NO DESISTAS Por Lorenzo Pescoso León, especial para Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.— El jueves 13 de agosto un grupo de cubanos –13 en total— fueron detenidos en el aeropuerto internacional de Ciudad de Panamá cuando intentaban viajar hacia Estados Unidos con pasaportes falsos.

Comenzaba para estos hombres, mujeres y niños (que deseaban buscar en otras tierras la libertad, la fe y la posibilidad de una vida mejor, cosa que en su país se le niega) los siete días más intensos de sus vidas, y que los marcaría para toda la existencia, no por los momentos de temor y por el final infeliz de la aventura, sino por los maravillosos instantes de calor humano y solidaridad en los que participaron.

Retenidos en Panamá, el mismo jueves fueron devueltos a Cuba por las autoridades de ese país. Pero al llegar a La Habana resultaron enviados de vuelta, pues las autoridades castristas planteaban que no los recibirían por estar indocumentados.

De regreso al país istmeño los concentraron en la base de la Fuerza Aérea, donde se les ubicó en un local habilitado para ellos, en espera de que se definiera su estatus legal. Al llegar allí eran recibidos por unos hoscos militares, y entonces todos presagiaron terribles horas y días en manos de aquellos "tipos duros".

Pero poco a poco, los uniformados comenzaron a interesarse por la situación cubana y fueron tomando conciencia de los atropellos, la falta de libertad y la constante violación de los derechos más elementales del hombre, y vieron como, lentamente, con el decursar de los días, crecía entre ellos la solidaridad con los cautivos y el deseo de hacer su estancia allí lo más agradable posible. Tanto los jóvenes guardias como los adustos oficiales comenzaron a conversar con los detenidos sobre asuntos familiares como si fueran viejos conocidos.

Los militares compraban, de su peculio, el desayuno "cubano": café con leche y pan con mantequilla para satisfacer a los que, más que otra cosa, ya eran sus hermanos. Entre las mujeres, una joven llamada Ana Ramos estaba embarazada y fue colmada por los custodios de regalos y canastillas para su bebé. Un día, uno de ellos se apareció con un hermoso cuadro en el cual, en letras hermosísimas, estaba inscrito el poema de Rudyard Kipling, "No desistas". Como el cuadro era uno sólo lo sorteó entre todos y al entregárselo a la joven ganadora le dio un beso en la mejilla y le dijo: "No desistas, vuestros sueños se lograrán. Confíen en Dios y tengan fe en el futuro". Sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz se quebró. Entonces, giró sobre sí y abandonó el local.

Esos cinco días transcurridos entre esos hombres hizo que aquel estado de angustia e incertidumbre fuera fácil de sobrellevar.

Pero como todo lo que empieza termina, el miércoles 19 se informó a los cubanos de su regreso a la patria. Empezaron, así, los intercambios de regalos, fotos, direcciones y teléfonos. Todos, desde el curtido coronel de la guardia aérea hasta el más bisoño soldado lloraron al despedirse.

Al frente de la escolta que venía a Cuba estaba el joven teniente de la guardia aérea de Panamá Ramón López que se negó a esposarlos durante su traslado, violando las órdenes de sus superiores: viril y valiente hermano que con los ojos enrojecidos por la emoción y un dolor inmenso reflejado en el rostro, los entregó a las autoridades del aeropuerto José Martí, que esperaban a los que infructuosamente buscaron un nuevo horizonte para ellos y sus familiares.

Gracias, hermanos panameños, por tan hermoso gesto. Aunque estos hombres, mujeres y niños no los vuelvan a ver nunca más, el recuerdo de ustedes estará siempre en la memoria de cada uno de ellos. Estén seguros que no desistiremos.

Lorenzo Pescoso León, especial para Cuba Free Press.


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