Desde Dentro de Cuba.

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La Habana, 26 de agosto de 1998, Cuba Free Press.

AL MARGEN DE LA INVERSIÓN EXTRANJERA Por Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.-- Cuando en la subsistencia nos va la vida, todo análisis se pierde en las brumas de esa lucha. El instinto de conservación predomina, y sólo algunos preocupados logran elevar temas tales como el de los derechos en el quehacer diario. Esta es, en síntesis, la triste situación que vive hoy el trabajador cubano.

Lograr un puesto laboral en una corporación o empresa mixta ha devenido la mayor aspiración de los jóvenes que no ven otra alternativa a la solución de sus necesidades dentro del país.

La inversión, extranjera hace muchos años es una necesidad del desarrollo. Todo país que pretenda prosperar, tiene que dar entrada al capital foráneo en los distintos renglones del servicio y la producción, porque es fuente de trabajo, desarrollo técnico y científico, y enriquecimiento cultural. El mundo de hoy exige el intercambio en todos los sectores de la vida. Y el cubano tiene la capacidad suficiente para evaluar su situación, y de hecho, la evalúa constantemente. Conoce sus ventajas frente a trabajadores de otros sectores, pero también se da cuenta del grado de explotación a que está siendo sometido.

Este tema no es nuevo en Cuba, ni tampoco su enfoque. En la convención que elaboraba la Carta Magna de 1940, el Sr. Salvador García Agüero, delegado nada más y nada menos que por la Unión Revolucionaria Comunista, pero que no estaba en el poder, dejó criterios que bien pueden traerse a colación:

". . . Yo le preguntaría si este es también un capital que favorece los intereses nacionales, propende al desarrollo y mejora la estabilidad económica del nativo o es un capital que, levantando sus utilidades en el país, las sustrae de él para llevárselas fuera, y no nos deja otra cosa que la mísera utilidad de un salario que no es si no esclavitud para el trabajador".

El trabajador cubano no cuenta hoy con un sindicato que defienda su participación en las ganancias que él contribuye a crear ni tampoco con las libertades ciudadanas que posibiliten la intervención y exigencias de sus derechos ante su único empleador, el estado. Pero no por ello es moral participar sin escrúpulos de los beneficios que esta situación conlleva.

La explotación a que se some el cubano --y sus extremas carencias--, propicia la substracción de bienes a su alcance, y va haciendo nacer un creciente rechazo contra las firmas y los extranjeros que con indiferencia participan de esta situación. Estos males podrían menguarse con un salario decoroso y un tratamiento laboral más justo. Además, es importante el mensaje que debe hacerse de las futuras Consecuencias, como hace más de un año apuntaban los miembros del Grupo de Trabajo Para la Disidencia Interna, Marta Beatriz Roque Cabello, Félix Bonne Carcasés, René Gómez Manzano y Vladimiro Roca Antúnez, en documentos a los empresarios extranjeros:

"En un plazo que cada vez se hace más corto, ocurrirá una transición hacia la democracia en nuestro país y esto aconseja que se adopten medidas que eviten que la inversión actual de capitales pueda ser valorada, en ese futuro cercano, como una forma de complicidad en el ocasionamiento de los males que padece la sufrida población cubana. Con ese fin fueron proclamados los Principios Arcos.

"No podemos inmiscuirnos en el debate acerca de si la línea correcta es la de hacer o no negocios en Cuba, pero es evidente que la observancia de normas de colaboración y equidad en las relaciones patronos-trabajadores y el respeto al pueblo cubano, por parte de los que han querido invertir, es lo mejor para todos. Una política empresarial opuesta sólo podría conducir a conflictos en el futuro, por lo que, apoyando la implementación de los Principios Arcos no sólo coadyuvamos al mejoramiento de la suerte actual de los trabajadores cubanos, si no también a la defensa y preservación de los intereses de los inversionistas extranjeros".

Ofelia Nardo Cruz, Cuba Free Press.


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