Desde Dentro de Cuba

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La Habana, 1 de julio de 1998, Cuba Free Press.

¿TRASVESTISMO ROJO? Por Ana Luisa López Baeza, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.- El gobierno cubano, campeón de campeones en el aprovechamiento de los mitos, vuelve a asirse al de que "todo revés puede ser convertido en victoria".

La prensa independiente de la isla puso en tela de juicio ante buena parte del mundo esa consigna, ofreciendo pruebas que el único responsable de las calumnias y el hostigamiento de que se nos hace víctimas son los gobernantes insulares, y ahora nos dirigen un nuevo ataque, pretendiendo sacar provecho del "extraño error", de cierto extraño colega.

Es bueno decir que antes de conocer el contenido de la "Introducción a la reunión con cuadros y secretarios de organizaciones de base del Partido Comunista en la capital", intuíamos que se estaba gestando una nueva ofensiva contra nosotros.

En mi caso particular, un hecho me indicó que yo tenía razón. A mi hija, su única amiga sobreviviente en el vecindario le dijo apenada: " Yo te tengo mucho cariño, Lubia, pero el trabajo de tu madre se toma como algo contra el gobierno. Y eso nos perjudica." No fue necesario que dijera más. Mi hija le expresó su "comprensión" sobre el asunto y se despidió como quien emprende un viaje del que no se sabe si habrá regreso.

Otro mal augurio fue un trabajo publicado en el semanario "Juventud Rebelde", bajo el mismo título del libro que aparentemente justificaba el comentario periodístico: "¿Disidentes o mercenarios?".

Se nos identificaba allí como uno de los varios grupúsculos contrarrevolucionarios, supuestamente manipulados o creados in vitro por la dirigencia política de Washington, "en su guerra directa contra nuestro país, para realizar sus sueños de anexarse Cuba".

A decir verdad, esperábamos un golpe contundente en perjuicio nuestro desde principio de año, en los días que precedieron a la visita de Juan Pablo II y luego de esta.

Constatábamos que las autoridades cubanas cambiaban de táctica en relación con todo el movimiento opositor –en el que nos incluyen—presionadas por el imperativo de disimular un mínimo grado de receptividad al llamado papal de ser tolerantes y respetuosos de los derechos humanos: todos.

Pero vivimos persuadidos que al gobierno cubano le es imposible permitir un resquicio de libertad de prensa porque su permanencia en el poder por casi 40 años ha sido posible, en buena medida, por la impunidad con que puede confundir a la opinión pública nacional e internacional, merced al estricto control que ejerce sobre todos los medios nacionales de comunicación social.

Y fue en vísperas de la llegada a la isla del Sumo Pontífice, cuando se conoció que Jesús Díaz Loyola se sumaba al gremio de los periodistas independientes. La forma como lo hizo nos sorprendió y nos puso en guardia. Supimos que, figurando todavía en la nómina de la Agencia de Información Nacional (AIN), colaboraba con Habana Press. Unas semanas más tarde se hizo noticia su ruptura definitiva con la prensa oficial y, casi al mismo tiempo, su nombramiento en esa agencia autónoma, de la que quedaron excluidos de inmediato dos fundadores de la prensa no gubernamental: Joaquín Torres Alvarez y María de Los Angeles González Amaro.

A los que antes de integrar la prensa libre estuvimos en los órganos de difusión del Partido Comunista de Cuba, el "Caso Loyola" nos puso en ascuas. Tomamos algunas providencias y hasta compartimos nuestros resquemores con amigos, pidiéndoles la mayor discreción porque entonces no teníamos pruebas concretas para formular acusación sobre asunto de naturaleza tan delicada.

Sin embargo, el hecho de que ese periodista haya publicado una entrevista que jamás le concedió el cardenal Jaime Ortega, nos da derecho a asegurar que, consciente o inconscientemente, Díaz Loyola le ha prestado un gran servicio a la Seguridad del Estado.

Mediante "Granma Internacional", enmascarándose con el crédito de uno de sus voceros, el Partido Comunista aprovecha el "Caso Loyola" para el desquite contra quienes difundimos la estricta relidad de nuestro país y denunciamos los propósitos de la cúspide de intensificar su acción ideológica para lograr un mayor aislamiento de los periodistas independientes. Como decir: más actos de hostilidad contra ellos, y que todo tenga la apariencia de que es el pueblo quien actúa.

El yerro de este individuo –Loyola-- es de tal magnitud que sólo podría explicarse por quienes comenzaron hace muy poco su labor de reporteros en la prensa independiente. Pero nunca en alguien que estudió la carrera de periodismo, ejerció la profesión durante años y que a escasos 3 meses de trabajar fuera del control estatal fue nombrado colaborador del ABC, en La Habana.

Nadie piense que me resulta fácil ni mucho menos grato abordar el asunto. Lo esquivamos aun después de que el periódico hispano comunicó su decisión de prescindir de la colaboración de este compatriota, exponiendo las causas de tal medida.

Pero no es probable que volvamos a caer en la trampa del silencio necesario por defender una causa común. Mucho menos cuando, como ha quedado dicho, el error particular de ese redactor se enarbola para acusarnos a todos los periodistas independientes "de inmorales, mentirosos, capaces de inventar cualquier suceso a cambio de dinero…"

Y si el error de Jesús Díaz Loyola no es, a fin de cuentas, un capítulo del trasvestismo operado en la policía política cubana, él tendrá que comprender nuestra reacción, aprobarla y aliarse al tiempo, minuto a minuto, para deshacer las dudas que su comportamiento ha dado lugar.

Ana Luisa López Baeza, Cuba Free Press.


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