Desde Dentro de Cuba

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La Habana, 5 de mayo de 1998.

El Vértigo de la Página en Blanco. Por Raúl Rivero, La Habana, Cuba Free Press. Este trabajo de Raul Rivero, uno de cinco seleccionados por la Asociación Mundial de Periódicos de París, Francia, fué distribuido en español, inglés, francés y alemán a más de 15,000 publicaciones en el mundo entero en celebración 50 aniversario del Día de la Libertad de Prensa el 3 de mayo de 1998.

Cada vez que voy a encarar el abismo de la cuartilla virgen para escribir sobre la libertad de prensa en mi país, recuerdo, automáticamente, una frase que leí hace tiempo en un libro escrito en Praga después de instaurada la democracia. "El socialismo necesita la prensa, pero la prensa, ¿necesita el socialismo?"

Como vivo en una nación socialista desde que cumplí los 12 años, tengo, desde luego, un lóbrego almacén de argumentos para agotar, esprimir y dejar reluciente el "no" a la pregunta retórica, y como estudié periodismo en un país socialista y trabajé durante muchos (demasiados) años en los medios oficiales, dispongo también de un catálogo de fracasos para acentuar la carga irónica del autor de la frase.

Cierto. El tránsito de dos décadas por diarios, revistas y agencias gubernamentales en Cuba, me sitúan en una posición privilegiada para tratar el tema de la ausencia de libertad de prensa en mi patria. Eso sí, la experiencia definitiva, la que quiero compartir ahora con mis eventuales lectores es la de mi labor de siete años (pocos) como periodista fuera del control del Estado, al margen de las líneas del Partido Comunista, fuera de la servidumbre a una ideología.

Desde que un grupo de hombres y mujeres comenzamos dentro de nuestras fronteras a tratar de comunicar al exterior y hacia grandes sectores de la sociedad cubana, nuestra visión de la realidad, nuestros puntos de vista y a narrar con objetividad y profesionalismo los episodios más importantes de nuestra vida cotidiana, pasamos a la ilegalidad, al olvido, al rango de no personas, y, eventualmente, a la cárcel.

Y es que en Cuba no solo no hay libertad de prensa. Mucho peor. No hay prensa. Circula en forma de periódico o de revista, se escucha o informa de noticiero radial o televisado, la revisión de la vida que el Estado, dueño y señor, quiere imponer a la población.

Otro asunto sui géneris del periodismo cubano actual es que no se ha descubierto el derecho de réplica. Un medio de prensa puede acusar, difamar, destruir moralmente a nacionales y extranjeros, sin que el sujeto halle nunca la manera de exponer su punto de vista.

Nosotros, unos cuarenta hombres y mujeres empeñados en divulgar temas complejos que padecen nuestra sociedad, en sacar al aire males y grandezas, simples noticias o injusticias flagrantes, hemos sido víctimas frecuentes de ese poder absoluto.

El llamado periodismo independiente, ocho grupos que funcionan (cuatro en La Habana), los otros en las provincias del centro y del oriente, está funcionando activamente desde la primavera del 95, pero ya unos corresponsales han tenido que salir al exilio y en la actualidad hay tres condenados y dos cumpliendo tras la reja.

En el caso del reportero Bernardo Arévalo Padrón, director de una pequeña agencia que funciona en la zona centro sur de Cuba, que extingue una sanción de seis años de cárcel por un delito de "desacato a la figura del Comandante en Jefe".

Otro periodista encerrado es Lorenzo Paez Núñez, corresponsal en una región al sur de La Habana, condenado por "difusión de noticias falsas" ha 18 meses.

Y aún, Juan Carlos Recio, un hombre de 24 años reportero de la Agencia Cuba Press, en la zona norte del centro de Cuba, con una pena de un año de trabajo correccional por no dar información a la policía sobre los trabajos y la gestión de un grupo político de su región.

Este es un panorama sombrío que va a entrar dentro de poco en su quinta década en el mapa de un país que en el Siglo XIX produjo para el periodismo americano un hombre como José Martí.

El paisaje es ése. Un periódico diario de circulación nacional, y otros semanarios, así como otro semanal en cada una de las catorce provincias. Siempre con las mismas arengas políticas, con una visión edulcorada de la realidad cubana, con un periodismo celebrativo hasta tontería, escrito en un lenguaje vacío ya de contenido.

El periodismo independiente sin fax, sin computadoras, con interrupciones telefónicas permanentes, con hostigamientos y amenazas, pero tratando de abrir nuevos espacios, nuevos ámbitos que sean la base del regreso de un periodismo libre y seguido de una sociedad democrática con poderosas instituciones civiles.

Trabajamos y esperamos así el nuevo milenio y así saludamos a todos los periodistas del mundo libre, a los que dentro de Cuba siguen en los medios oficiales y creen honestamente que lealtad no es esclerosis, y los que cada día salen aquí o en cualquier parte a escribir la verdad para que el mundo en que vivimos sea mejor para todos.

Por Raúl Rivero, La Habana, Cuba Free Press.


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