Desde Dentro de Cuba

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La Habana, 1 de mayo de 1998.

La Razón del Silencio. Por Germán Castro, Cuba Free Press.

Si no excerto un llamado que dice "de allí vengo estropeado por tanto silencio," Francisco Mír. Al conocer de la muerte del poeta Francisco Mírmules, Banes, Oriente, 1953, a travéz de Radio Martí en al voz de un colega de la prensa independiente, lo primero que me llamó la atención fué el curioso silencio conque se acogió el hecho en los medios oficiales cubanos. Y digo curioso, porque hasta donde se, Paquito deja en su haber tres libros de poesía publicados, sendas menciones en los concursos David y 13 de marzo y una trayectoria político-cultural que lo llevó a transitar por diferentes responsabilidades.

En ese sentido, fué, como puede leerse por cierto en la presentación de uno de sus libros, miembro activo del Comité Municipal de la Unión de Jóvenes Comunistas. Así como Director de Literatura del Sectorial de Cultura, Presidente de la Brigada Hermanos Saíz, Instructor de Literatura, Asesor Literario del Grupo de Teatro Guiñol y Presidente de la Comisión Permanente de Estudios Martianos, todo en la Isla de la Juventud. Es decir, Paquito era un jóven poeta tipo de la hornada revolucionaria.

Entonces, ¿que sucedió? ¿por que de pronto nada menos que ante el trágico suceso, este silencio?

Para comprender busqué en mi biblioteca los libros de su autoría, "Proyecto de Olvido y Esperanza," Letras Cubanas 1981; "Las Hojas Clínicas," Ediciones Unión, 1985; y "Pianista en el Restaurant," Ediciones Unión, 1990. Y después de reeleerlos quedé tan desorientado como al principio. Los poemas de estos libros están básicamente orientados en el mismo sentido de dirección ideológica.

Del "Proyecto de Olvido y Esperanza," leí versos como éstos: Te nos vuelves revolución en la mirada
Esperaré el amanecer que inaugará océanos de azules transparencias
y aqui Fidel plantó la sonrisa.

Y en "En Las Hojas Clínicas," busqué el de la Cama 3, Lo que necesites leer del Capital:

Ud. blanquísimo Señor, no se le perdona llegar a esa edad
sin hacer una guardia en el comité
Usted, jóven sin parabrisas ni lentes le urge enamorarse
de la revolución y sus achaques.

Sólo en "El Pianista en el Restaurant," encontramos, es cierto, lo que podrían ser algunos indicios de la explicación, sólo algunos indicios. Para comenzar el libro abre con el siguiente verso:

A esta edad los juegos son mas difíciles
Un viejo perro de circo cuenta sus penas y alegrías.

Mas adelante en "O mundo amor mío," dice:

Voy con una soguita reventada al cuello y
husmeo en el desorden algún pedazo de pan fresco
Escapé de alguien que me torturaba y me hacía ladrar inúltimente.
Y la alambrada, que me quedó en la alambrada, que me safo
que tu caerás también en la alambrada y no podremos desprendernos
ninguno de los dós.

Y en "Dialéctica:"

Y en el polvo, que allí vengo estropeado por tanto silencio
Tranquilo a pesar de todo, y pronto estrenaré zapatos nuevos

Y en "Coherencia de Instinto,"

Esa paloma murió de no poder contener en las patas el mensaje

Y en "La Juana del Barrio:" Los animalitos mecánicos ensordecen, no podemos hacer nada
Y Juana yerbicida tira de estos polvos entre nosotros.

Y en "El Nuevo Testamento:" Seguiré tomándole tragos a la botella
donde se hundieron tantas ideas.

Evidentemente "El Pianista del Restaurant," tiene como, se habrá aprecido, un conjunto de significaciones completamente distinto. Pero si se observa bien, todavía, incluso, considerándolo dentro del perímetro cerrado de la intolerancia oficial, resulta un libro pubicable, si no por otra cosa, al menos, porque contiene versos como éste:

Pueden llegar el amor con una consigna, cuando se reparte
cuando se reparten la tierra y la corriente eléctica.

Del poema "Guerrero Fuerte," que mas o menos funcionan como contrapeso, y claro, porque al fin de cuentas- ¡que caray!- la poesía es la poesía, es decir, además lo obscuro besamano. Y como quiera que sea, así al menos podían discurrir los censores, se trataba de una obra de un poeta conocido por su lealtad política, de un poeta que, como si fuera poco, dedicó su primer libro a la construcción del socialismo.

De modo que la respuesta no estaba en sus libros. Para hayarla, fué preciso que hiciera algo mas simple, ponerme en contacto con la colega que había transmitido la noticia. Y así supe que Francisco Mirmulé, Paquito Mir, era para el régimen poco menos que un delincuente, trabajaba como un activista de los derechos humanos.

Y todo quedó claro, vi las expulsiones de los centros de trabajo, las amenazas, los interrogatorios, la cárcel y el destierro, y escuché el silencio conque el régimen pretende sepultar a sus opositores, todo quedó claro. Paquito es, Dios mío, tan sólo, otra de sus víctimas. FIN, por Germán Castro, Cuba Free Press.


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