Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

Washington, D.C., 23 de Febrero de 1998.

CON EL COMUNISMO CUBANO, UN "DIALOGO FRANCO" IMPOSIBLE. Por Armando F. Valladares

El mensaje de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), "¡Abran sus corazones a Cristo!" (1), dado a conocer después de la visita de S.S. Juan Pablo II, llega en un momento crucial para Cuba y para el exilio cubano.

En efecto, en vísperas del viaje del Papa a la isla-cárcel, un clima emocional de optimismo --al cual no estuvieron ajenos ciertos medios de comunicación-- comenzó a soplar con fuerza por el mundo entero, sofocando voces bien informadas que advertían contra desmesuradas expectativas en torno de la visita papal.

El propio portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, había calificado de "injustificado" ese excesivo optimismo (2); y el Cardenal Agostino Casaroli, ex Secretario de Estado de la Santa Sede, y artífice de la ostpolitik vaticana en relación a los países comunistas, fue enfático al señalar que no se producirían los cambios políticos "espectaculares" que algunos esperaban (3).

Ese clima optimista, en el cual la emoción primaba sobre la razón, al tiempo que no concedía lo que había prometido, obtenía en sentido opuesto un resultado sin duda espectacular: paralizar la iniciativa anticastrista de los exiliados cubanos.

El destierro cubano --de manera heroica, contra vientos y mareas-- ha llevado por décadas una lucha publicitaria anticomunista en pro de la libertad de nuestros hermanos esclavizados, y de nuestra querida Patria. Sin embargo, en ese ambiente de excesivo optimismo, el exilio se sintió de la noche a la mañana como un Quijote ante el cual engañosos vientos simulaban barrer los molinos, al tiempo que le susurraban al oído la inutilidad, y hasta la nocividad, de esa lucha de toda una vida en favor de sus hermanos esclavizados.

Sin embargo, tal como veremos, los más graves problemas de nuestra Patria continúan vigentes; y, por lo tanto, la voz vigilante del exilio, lejos de ser quijotesca, se vuelve más necesaria que nunca para denunciar las fraudulentas estrategias del dictador Castro.

Conceptos centrales del reciente documento de los Sres. Obispos tienen la virtud de contribuir para hacernos volver a la realidad. En los estrechos límites de un artículo, comentaremos uno de esos tópicos, en el cual se manifiesta que la Iglesia cubana "desea ampliar e incrementar un diálogo franco con las instituciones del Estado y las organizaciones autónomas de la sociedad civil". De esa manera, los Obispos esperan contribuir a "concretar" aquello que califican de "hermoso programa de acción pastoral" de S.S. Juan Pablo II.

En el texto episcopal, las "instituciones del Estado" no pueden ser otras sino los diversos órganos, instancias y organizaciones del régimen, inclusive el Partido Comunista. Ahora bien, un "diálogo franco" presupone, entre otros elementos fundamentales, sinceridad de las partes. No dudamos que la posean los Sres. Obispos cubanos. Pero, ¿cómo pensar que la tenga el dictador Castro?

¿Cuáles serían los hechos concretos, posteriores a la visita papal, que indicasen que Castro renegó de la "revolución de Lenin", que "quiere decir revolución del odio, de la venganza, de las víctimas", según sabias palabras del Pontífice pronunciadas en el avión que lo conducía a la isla-cárcel (4)?

¿Acaso Castro, en el propio discurso de bienvenida al augusto visitante, no agredió de manera flagrante la verdad histórica al eximirse de responsabilidad por las implacables persecuciones contra los católicos, afirmando taxativamente que éstas "no han sido nunca culpa de la Revolución" (5)?

¿Acaso pocos días después de la partida del Papa altos personeros del régimen --como el segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) Raúl Castro, el Presidente de la Asamblea del Poder Popular, Ricardo Alarcón y el embajador ante la Santa Sede, Hermes Herrera-- no anunciaron respectivamente la determinación de proyectar "los principios de la revolución" hacia el siglo XXI (6); la tajante decisión de "no permitir la reapertura de escuelas católicas" (7); y la intención de limitar la colaboración de los católicos únicamente al estrecho y fraudulento marco jurídico socialista (8)?

Los Sres. Obispos citan la reciente liberación de presos como uno de los "motivos reales" que los estimulan a confiar. Pero, como expresó un párroco de La Habana, "¿qué es eso para Castro, cuando tiene cientos en las cárceles? Eso representa menos que para un rico dar un poco de calderilla. Al contrario, le viene muy bien para lavar su mala imagen internacional. Tendrá mucha repercusión en la prensa y será bueno para los interesados pero, para Cuba, eso no significa nada" (9).

A la vista de ello, ¿cómo podríamos, en sana conciencia, mantener con el dictador comunista y con su régimen un "diálogo franco"? Sólo lo haríamos si, cuales nuevos Clodoveos, Castro y sus secuaces "quemaran lo que hasta hoy adoraron y comenzaran a adorar lo que sistemáticamente han venido quemando". Para tal les bastaría, como a cualquier pecador --aún al más empedernido-- "abrir sus corazones a Cristo", según palabras pronunciadas por Juan Pablo II al inicio de su pontificado, reiteradas por él en Cuba (10) y acertadamente colocadas en el propio título del reciente documento episcopal.

Pero eso está lejos de ser una realidad. Lo ha afirmado categóricamente, con mucho sentido común, un sacerdote y periodista español, enviado a La Habana por el diario ABC de Madrid: "No creo en absoluto en ningún tipo de conversión, ni ideológica, ni moral, de Castro" (11).

Los Sres. Obispos, en otro tópico del documento que hemos comentado, invitan a los exiliados a colaborar con la Patria "con serenidad y espíritu constructivo y respetuoso".

Sin duda, son estas mis disposiciones al redactar las presentes líneas, y al colocar tan indispensables cuanto ineludibles interrogaciones a los planteamientos de los Sres. Obispos.

Sin duda, son sobre todo las disposiciones de la gran mayoría de los cubanos desterrados y de los que gimen en la isla-cárcel, hermanados por un mismo amor a la Iglesia, al Papado y a la Patria, así como por un rechazo al comunismo "intrínsecamente perverso" (Pio XI, Encíclica "Divini Redemptoris"). Hermanados también por el ardiente anhelo, propio de los hijos de la luz, de una pronta liberación de nuestra querida Patria. Hermanados, por fin, por el indispensable espíritu de vigilancia en relación a los hijos de las tinieblas, recomendado por el Divino Maestro: "Vigilad y orad para no caer en tentación" (S. Marcos, 14-38).

Los católicos cubanos nos sentiríamos más encadenados que en las peores mazmorras comunistas, si no nos fuera permitido expresar pública y respetuosamente estas ideas, siguiendo los dictámenes de nuestras conciencias; y actuando en consonancia con los documentos de los grandes Pontífices que condenaron al comunismo así como a toda y cualquier forma de colaboración con él.

----- Armando Valladares, ex-preso político cubano, fue embajador de los EE.UU. ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George Bush.
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NOTAS:
(1) Mensaje de la XCVII Asamblea de Obispos de Cuba, después de la visita del Papa Juan Pablo II, a los fieles católicos y a todo el pueblo cubano: "¡Abran sus corazones a Cristo!", La Habana, 12 de febrero de 1998. (2) Philip Pullella, "Feature Pope Trip to Cuba May Be Catalyst for Change", cable de Reuters, 14 de enero de 1998. (3) Agencia Católica de Información, "El Papa pide oraciones para su viaje a Cuba", 19 de enero de 1998. (4) Cfr. Vatican Information Service, "Los periodistas entrevistan al Papa durante el vuelo a Cuba", 21 de enero de 1998. (5) Prensa Latina, "Discurso de bienvenida de presidente cubano a Juan Pablo II", 21 de enero de 1998. (6) "El canciller Robaina anuncia que la visita del Papa no tendrá consecuencias", ABC, Madrid, 30 de enero de 1998; "Raúl Castro anuncia monumento a 'víctimas del colonialismo español'", Diario Las Américas, 29 de enero de 1998. (7) "Sí a liberación de presos, pero no a educación católica", Agencia Católica de Información, 30 de enero de 1998. (8) Lael Varella, "Piensa mal y acertarás", El Nuevo Herald, Miami, 15 de enero de 1998; Federico Mandillo, "La Habana prevé creciente colaboración con el Vaticano", O Estado de S.Paulo, 1o. de febrero de 1998. (9) Entrevista hecha por el Padre Santiago Martín, "Los cubanos afrontan el día después de la marcha de Juan Pablo II entre el temor y la esperanza", ABC, Madrid, 27 de enero de 1998. (10) S.S. Juan Pablo II, Homilía en Camagüey, 23 de enero de 1998. (11) Padre Santiago Martín, "Los cubanos afrontan el día después de la marcha de Juan Pablo II entre el temor y la esperanza", ABC, Madrid, 27 de enero de 1998.


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