Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 23 de Febrero de 1998.

Sufriendo por la Fe. Por Marvin Hernández Monzón, Cuba Free Press.

Impedir la práctica libre de la religión dentro de las prisiones cubanas, ocurre desde antes de 1998. Solo repetiré uno de los tantos casos conocidos, el del preso político, Augusto César San Martín Albistu, sancionado a 17 años en la causa 130 del 95 por la Fiscalía Militar de La Habana.

En 1995 en la prisión militar La Condesa, municipio Guines, La Habana, hubo una confiscación masiva de Biblias y todo tipo de material religioso, algunos fueron entregados posteriormente a los familiares, alertándoles que la entrada de este tipo de literatura a la prisión era ilegal.

Entre los que mas literatura les ocuparon estaban Alfredo Tórres, Vladimir Tápanez Sánchez y Augusto César San Martín Albistu. A partir de ese momento, las estampillas, oraciones, escritos, etc. pasaron a ser ilegales. Hablar de creencias era tomado por actividad proselitista.

Actuando en esa oportunidad contra la libertad religiosa, el funcionarios Teniente Julio Ibarra, Teniente Juan Manuel, y el oficial Sarmientos entre otros.

Al comenzar 1996, trasladan a San Martín Albistu a galera, después de ocuparle una Biblia, estampillas de Jesucristo, de San Judas Tadeo y otros documentos religiosos como el periódico dominical de la Iglesia Católica Vida Cristiana.

Solicitó entrevista con el jefe de la cárcel, Teniente Coronel Francisco Capote, que ratificó la prohibición de literatura religiosa en ese penal y dijo que si quería tenerla debía solicitar traslado hacia otra prisión que fuera tolerante en ese aspecto. Igual respuesta fué dada a la familia cuando reclamó por las medidas tomadas contra el.

En la nueva galera, la no. 1, varios cristianos comenzaron a realizar cultos religiosos. Las autoridades las prohibieron, también las alabanzas y las oraciones colectivas.

Algunos afectados escribieron a algunos dirigentes del gobierno cubano como Vilma Espín, Presidenta de la Federación de Mujeres Cubana, a la Oficina de Asuntos Religiosos, etc. Como respuesta visitó la prisión habanera un oficial que entrevistó a presos no cristianos, excluyendo a los reclamantes. Después de esto permitieron tener la Biblia para uso individual.

Las reclamaciones trajeron nuevas medidas y en diciembre de 1996 fué trasladado para la prisión de Guanajay acusado de proselitista. No obstante solicitó asistencia religiosa desde su llegada, la que le fué otorgada luego de 3 meses de perseverante gestiones.

Otros presos que también solicitaron la asistencia de un cura, tropezaron con el alegato de las autoridades de la penitenciaría de que tenían que esperar el permiso de la jefatura de la Dirección Provincial de Establecimientos Penitenciarios. En Guanajay, la celda 15 de la galera 2, llegó a albergar a mas de 15 presos en los cultos religiosos. A pesar de la introducción de elementos provocadores y delatores, las autoridades no tomaron medidas públicas hasta agosto de 1997 cuando Augusto César fué trasladado fuera de su provincia hacia la prisión Ariza, en la provincia del centro sur de Cuba, Cienfuégos, por practicar la religión católica.

En septiembre solicitó asistencia de los sacerdotes católicos que atienden la prisión. Hasta hoy, febrero de 1998 no le ha sido otorgada. Tampoco al preso político Bernardo Arévalo Padrón, aunque la han pedido por escrito reiteradamente. También a través de sus familiares y por los propios sacerdotes Francisco Vega y José Durano. A todos les han dado respuestas evasivas. Al respecto entregaron cartas al Teniente de Seguridad del Estado, Ramiro Orlando, y reclamaron al Jefe de Reeducación de la Cárcel, Teniente Luis Veque Padilla, pero no dan respuesta.

Con motivo de la visita de Juan Pablo II a Cuba, esos presos políticos, cristianos activos, fueron entrevistados por el Oficial Caisel, encargado de los asuntos religiosos en la cárcel, para informarles que la anunciada visita sacerdotal les sería otorgada a partir de los primeros días de febrero, lo que catalogaron como farsa para tranquilizarlos durante esos días.

Los cultos religiosos en Ariza comienzan a partir del mes de octubre de 1997. En la segunda ocasión es llamado Augusto César por el Teniente de Seguridad del Estado René y con amenazas lo instó a desintegrar la reunión de estudios bíblicos y oración.

Basado en el Código Penal vigente en Cuba y la constituctión de la República fundamentó su iniciativa de disolver los encuentros religiosos. Aumentaron las amenazas de carácter agresivo, no solo para San Martín Albistu sino para otros participantes como Antonia Vega Ravelo, Jorge Félix Canosa Castro, Bernardo Arévalo Padrón y otros, que bajo presión dejaron de asistir. Por la postura de algunos participantes, las autoridades del penal cienfueguero desarrollan diversas medidas de hostigamiento y obstaculización contra el culto entre las que se encuentra:

Amenazas a los participantes.

Amenazas reiteradas al preso político Augusto César San Martín Albistu de abrirle causa por asociación ilícita y proselitismo.

De forma particular fué amenazado Bernardo Arévalo Padrón, periodista independiente, condenado a 10 años de cárcel.

Utilización de otros presos - no cristianos - para que saboteen los cultos con métodos violentos

Cerrar los cubículos de la galera para evitar que los presos acudan al no. 15 donde se reunen para estudiar la Biblia y orar.

Introducción de elementos provocadores que procuran intercalar temas políticos.

Tratan de desacreditar a los cristianos que se congregan, principalmente a los presos políticos Bernaro Arévalo Padrón y Augusto César San Martín Albistu.

Sin embargo no han dejado de hacer los actos religiosos en la celda 15 del destacamento 4 de la prisión provincial de Cienfuégos, Ariza;"unas veces 3, otras 2, pero nunca la luz de Cristo Nuestro Señor dejó de alumbrar en circunstancias de tanta penumbra" - dijo Albistu en una misiva.

El Director Provincial de Cárceles y Prisiones, Teniente Coronel Tomás Piovet Pérez, y el Director del Penal Ariza de Cienfuégos, Mayor Carmelo Otero, son los principales responsables del impedimento al derecho del recluso a practicar la fe y recibir asistencia religiosa así como de todas las maniobras en su contra que ocurren en la prisión.

En carta fechada el pasado 14 de febreo, dice Augusto César San Martín Albistu: "llevo tres años recibiendo amenazas por realizar cultos religiosos, no es problema de política, algo mayor, mi respueta a sufrir por Cristo Jesús." FIN, por Marvin Hernández Monzón, Cuba Free Press.


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