Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 17 de diciembre de 1997, Cuba Press.

Unidad Totalitaria. Por Orlando Bordón Gálvez, Cuba Press.

A menos de un mes de los comicios cubanos del 11 de enero próximo, el llamamiento gubernamental a ejercer el voto unido, resuena con insistencia en todos los medios oficiales que informan a la población.

La formula lanzada implica repetir la experiencia de febrero del 93, cuando bastó una marca en la boleta electoral, para el respaldo ciudadano a todos los candidatos municipales propuestos para integrar el Parlamento Nacional, y lo mismo sucedió con los delegados a los gobiernos provinciales.

La intensa campaña en favor de la unidad en el voto se justifica desde posiciones oficiales, con la gran trascendencia política que el Presidente Fidel Castro le atribuye a estos comicios, al clausurar el periodo de sesiones de la Asamblea Nacional, el pasado 13 de diciembre.

Con el lenguaje habitual de los discursos estatales, Castro planteó la necesidad de movilizar todas las fuerzas, para que el máximo de la población electoral apta, ejerza el voto de manera positiva para el gobierno y el voto unido como se le pide.

En su mensaje al pueblo, el presidente calificó al respaldo que reclama de los ciudadanos, como una demostración de honestidad y patriotismo, y a las posibles respuestas personales como la acción para escoger entre lo que representa la revolución y la contrarrevolución.

Por su lado, la radio, la prensa, y la televisión, en la isla se empeñan en inculcar la supuesta idea de la unidad necesaria en el voto, como garantía de la independencia, de la soberanía, y de la existencia de la nación, ante la guerra y el hostigamiento norteamericano para someter al país.

Con ese tronar en las palabras de Castro y en las de sus medios informativos, quedó muy claro entre la población, que influir en el proceso electoral con todo el poder de la revolución, como orientó el presidente a sus seguidores, incluye clasificar a los ciudadanos en honestos o deshonestos, en revolucionarios o contrarrevolucionarios, en patriotas o traidores, solo porque en enero próximo respalden o rechacen al sistema gobernante imperante.

Quedó muy claro también que nada pueden esperar los que opten por el rechazo y se compruebe de alguna manera, cuando el país real que define la elite de la revolución es de los revolucionarios, y su mentalidad totalitaria considera al resto como algo externo en la nación.

Este sentimiento de descriminación prolifera acompañado de una opinión generalizada en la población que asegura que el voto unido no es una simple consigna, sino una estrategia de la contrarrevolución, para mantener el poder en circunstancias adversas, al precio que sea necesario.

De aquí se desprende entonces que la campaña emprendida para conseguir ese objetivo no representa propaganda electoral, sino una amenaza muy seria para quienes pensaron colocarse en favor de otra perspectiva política.

Es simplemente el llamado a la unidad totalitaria que fuerza apoyar la verdad de otro, repetida por todos los medios publicitarios, aunque no se crea en ella. La unidad totalitaria donde el control de todos los medios de expresión no admite ni voces discrepantes ni posibilidades de críticas ni refutaciones públicas, mientras el miedo se encarga del resto.

Este añejo proceder de las autoridades gobernantes cubanas pretende instigar el miedo y la resignación, y para peor suerte numerosos testimonios de la población revelan que lo logran, siempre que se lo proponen, y esta vez no será la excepción de la regla.

Con estos antecedentes tangibles es previsible que los cubanos en mayoría votaran en enero próximo, y como el gobierno lo pide, aunque cara a cara, siempre que no medie una credencial oficial, reconozcan que los conduce el temor a perder de los pocos derechos que conservan.

Votaran con el orgullo lastimado y con la dignidad ofendida, pero temerosos de oponerse a una propuesta con etiqueta de obligatoria, que lo interpretan como una forma de control mas bien blanca pero igualmente cruel.

En un pueblo que arrostra el temor y no lo niega, es previsible que muchos votos a favor del régimen carezcan del sentimiento de solidaridad y de apoyo que legitimiza verdaderamente a un proceso político --sentimiento que hoy se enrumba por otros caminos tan criollos como la palma real-- aunque la propaganda gubernamental intente manipularlo con la acusación de responder a intereses extraterritoriales.

Los cubanos que hoy no desean respaldar al gobierno revolucionario, aunque lo hagan el 11 de enero, lo sienten porque creen que la visión de un estado mejor de cosas por venir ya es verosímil bajo la tutela de este socialismo tropical. Lo sienten porque creen que hasta los logros de la revolución en la educación, salud, y erradicación de la pobreza absoluta, son envidiables, después de comprobarse lo caro que cuesta el estatismo que los limita y, sobretodo, la dependencia del subsidio externo para ser aplicables y sostenibles.

Porque en resumen creen que el socialismo cubano es un fracaso y que el país que propone no es mas que una mezcla de miseria económica para muchos, de miseria social para la mayoría, y de miseria moral para todos.

Por Orlando Bordón Gálvez, Cuba Press.


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