Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.
La Habana, 3 de diciembre de 1997, Cuba Press.
El Cobre-La Habana, Vía Roma. Por Raúl Rivero, Cuba Press.
La peregrinación de la imagen de la Virgen del Cobre por las parroquias de Ciudad de La Habana, su contacto con la devoción de miles de cubanos y la atmósfera especial que provoca su presencia, anuncian que la visita del Papa en enero será un sismógrafo pastoral, pero un sismógrafo.
Y es que la figura de la Patrona de Cuba al aire libre, en las calles y plazas de la capital, está produciendo un fenómeno social, un estremecimiento, una reacción popular inédita.
Tiene que ser materia de reflexión el hecho de que 10,000 personas se reunan en esta ciudad para aistir a una Misa, en un país regido por el ateísmo científico y después de casi cuatro décadas de campañas ardorozas contra todas las ideas religiosas, en particular contra la Iglesia Católica.
Domingo tras domingo, en diferentes zonas de La Habana, han ido a las ceremonias eucarísticas, 3,000 en Miramar, 5,000 en el Vedado, 2,000 en Centro Habana, convocados por mensajeros en bicicletas, por teléfono o simplemente mediante avisos verbales.
El clima particular que se vive en esas reuniones religiosas, parece completamente ajeno al que se ha establecido en mas de 35 años de mítines criollos de toda naturaleza.
La impresión general es que quienes asisten son otros cubanos, sin dejar de ser los mismo, entran en un olvidado estado de espiritualidad, son serenos y comedidos y cuando se corean frases y gritos de Viva Cristo Rey, no hay odio sino una especie de dulzura que prospera sobre el miedo.
No estoy hablando de un milagro, hablo de una realidad y esas transformaciones de la gente ante la imagen de la Virgen, tiene muchísimo que ver con las necesidades de grandes sectores del país que se han quedado con un pie en el terreno pantanoso del socialismo real y otro en los dominios de un capitalismo mas que salvaje, aborígen.
La inmensa mayoría de los cubanos que siguen a la Virgen Peregrina de parroquia en parroquia, son creyentes sin fisuras, pero también una ola de curiosos, policías, incrédulos y observadores se han convertido en sus asiduos acompañantes.
En el aluvión popular tienen el número uno los católicos, pero hay centenares de hombres y mujeres que no van a ver a la Virgen de la Caridad del Cobre, van a pedirle cosas buenas a Ochún.
Hay otro grupo, menor desde luego, pero importante, que va a ver pasar a Cachita, y a pedirle, por si acaso, que no le deje fuera de lo que venga.
Algunos cubanos se acercan a las misas con un asombro que no pueden disimular. "Esto es increíble", me dijo un ingeniero de 56 años en las cercanías de la iglesia de San Juan de Letrán en el Vedado".
"Si no lo veo, no lo creo. Esto no lo pueden haber inventado de un día para otro, la gente lo mantenía oculto, nunca lograron matar la fe, la tenían escondida a la fuerza. Aquí tiene que pasar algo, comentó".
Ese es el criterio de muchos: va a pasar algo por la carga de presagios de estas reuniones ante la anunciada visita de Juan Pablo, II.
El recorrido de la Virgen del Cobre, fuera por fin del confinamiento del templo, crea un horizonte sin límites de especulaciones sobre la reacción de los cubanos, porque estas misas han sido como ensayos contra el temor. Como laboratorios para verificar el grado de represión o tolerancia real que observarán las autoridades ante una manifestación popular despotilizada y libre, donde el hombre común al resguardo de la multitud, puede gritar "algo que no haya dictado el Partido Comunista".
Es pastoral la visita del Papa, y así lo recuerda cada día la jerarquía de la Iglesia Católica Cubana, pero la respuesta humana individual que suscite la presencia en la Isla del Señor Wotjila es impredecible.
Por el momento los pequeños sismógrafos instalados en las barriadas de La Habana han dado señales alteradas cada domingo de la jornada de Cien Días con María.
En las misas la gente pide muchas cosas a la Virgen del Cobre, pide paz, seguridad, salud, felicidad para la familia y pide cambios, libertades, reencuentro y amor.
Han llegado otra vez a la Virgen, como llegó aquel poeta cubano que escribió en los 40 una plegaria en la que le decía: "Tú si puedes verme, cansado, triste y pobre".
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