Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.
La Habana, 3 de diciembre de 1997, Cuba Press.
Se Trata de Patrañas. Por Ana Luisa López Baeza, Cuba Press.
La paradoja de que Cuba esté abriéndose cada día mas al capital extranjero, en tanto que los nacionales con condiciones para invertir en pequeñas y medianas empresas, se les reitera la prohibición de hacerlo, ocupa a los ideólogos del Partido Comunista. Raúl Valdéz Vivó, publicó en el periódico Granma un artículo que concede categoría de axioma a este juicio: ser cubano con capital es ser anexionista condenado a no disfrutar del paraíso patrio. Fué muy sintomático que en la misma edición se anunciara en primera página un reciente encuentro de Fidel Castro con líderes de varias iglesias protestantes. Resultando que al jefe del gobierno cubano se le obsequió en esa oportunidad una Biblia muy especial, en cuya dedicatoria aparece este pensamiento del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres: "Ser un cristiano y no ser revolucionario es vivir en pecado mortal". "Se trata de pirañas", sentencia a su vez el rector de la escuela superior del Partico Comunista Cubano, aludiendo a las empresas que pudieran resultar de las inversiones de compatriotas que han hecho capital. El pedagogo, que se supo, se muestra como reverso de esa condición, al subestimar tanto a los lectores que los conciben capaces de creer que aquella prohibición persigue el noble empeño de impedir el regreso a la Isla de una clase explotadora interna que indefectiblemente estaría asesorada y apoyada por el enemigo histórico del país.
Ni una sola de las razones que esgrime después de sustentar esa tesis, resite el análisis, no ya de especialistas, sino aún de los cubanos mas profanos en materia de economía y política. ¿Cómo podría concedérsele crédito a la peregrina idea de que en manos foráneas, sea por el término que sea, van a estar mas seguras las fuentes de riqueza de la patria? ¿Cuál es la protección que tienen los trabajadores de las empresas mixtas con capital extranjero? Lo que prima como opinión generalizada es que se le remunere como a esclavo y no precisamente por voluntad de los socios de afuera, sino por la del único empleador de la isla: el Estado que aplica igual política económica a los técnicos y profesionales de las mas diversas ramas, enviados a otras naciones en misiones de carácter civil.
O acaso, ¿se les da por protegidos cuando se les entrega cada mes una jaba, convertida en un litro de aceite comestible, un tubo de desodorante, un jabón de baño y otro de lavar, detergente y cualquier otra mercancía de primera necesidad que sólo puede adquirirse con dólares? ¿Por qué se les va a estigmatizar como incapaces de propiciar los elementos necesarios al desarrollo de Cuba, a quienes alejados de ellas y encarnando las deventajas que acarrea la condición de exiliados lograron imponerse con laboriosidad e inteligencia, y en buena cantidad de casos, supieron bailar en casa del trompo. Si son tan viles, tan poco capaces de amar lo suyo, ¿por qué tantos cubanos de la isla mitigan sus necesidades extremas actuales a merced de las remesas que ellos envían desde el extranjero?
¿A qué super explotación asalariada futura pueden temer los trabajadores cubanos cuando hoy ni siquiera los mas eminentes especialistas disfrutan de un nivel de vida decoroso mediante el desempeño profesional y muchos de ellos simultanean esas tareas con las de mercaderes de cualquier cosa exponiéndose no sólo a vérselas con la justicia sino también a enfermarse por falta de descansos y adecuada alimentación? Además, ¿no existe ya una clase explotadora en la isla? ¿No hay ahora mismo una burguesía local, signo de abismo cada vez mas profundo entre las grandes masas de trabajadores que no devengan ni diez dólares mensuales como salario mensual y ciertos personajes que en los barrios son identificados como los ricos o los poderosos? La mayoría de ellos, por cierto, no son cuentapropistas resurgidos de los imperativos del Período Especial, muestra de que, si no, del poder desmedido y egoísmo llevado a límites extraordinarios. ¿Qué es esto, de que un número reducido de personas se arroguen el derecho de decidir por millones de otras y que para colmo proclamen ante el mundo que ese pueblo los autoriza a hablar en nombre suyo?
¿Cuál es el hombre nuevo, moralmente superior que estaría en peligro de extinguirse en Cuba por obra y gracia de empresas creadas con capital de cubanos que lo poseen? ¿Podría concebirse mayor grado de corrupción, ilegalidad, y enriquecimiento ilícito de los que existen hace ya mucho tiempo en ese país? Algo barruntan los voceros oficiales, cuando abordan temas tan escabrozos y comprometedores. Tal ves están temiendo al creciente cuestionamiento de por qué en China si pueden sus nacionales ser propietarios y socios privados. De toda forma mejor les valdría guardar silencio. De las madejas de sus presumidas explicaciones trasciende una única conclusión: se trata de patraña.
Por Ana Luisa López Baeza, Cuba Press.
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