Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.
La Habana, 19 de noviembre de 1997, Cuba Free Press
Con o Sin Alianza. Por Orlando Bordón Gálvez, Cuba Free Press.
Numerosos testimonios públicos, dan fe inequívoca, de que en las expectativas de los cubanos ocupa hoy un lugar prominente la visita a la isla del Papa Juan Pablo II en enero de 1998.
En el acontecimiento, tiene fija una mirada trenzadora, tanto la reprimida espiritualidad de los cristianos, como los incrédulos en religión, obligados todos a encarar las adversidades que genera un gobierno materialista y ateo, en su concepción y en su discriminatoria práctica. Abundan a lo largo y ancho del país, pruebas tangibles que revelan, como en la sociedad cubana predomina un sentimiento imperativo bien fuerte, abogando porque la presencia del Santo Pontífice en suelo patrio, denote una cruzada cívica para neutralizar los embates del régimen, que estrangula al pueblo y paraliza las voluntades.
En las generaciones de cubanos que vivieron el ayer pre-revolucionario, enciende la pasión redentora de esta obra religiosa, el recuerdo inolvidable de aquella Misa por el Primer Congreso Católico Nacional celebrada en la entonces Plaza Cívica de La Habana en noviembre de 1959.
Fue una Misa de invocaciones, pero más que una demostración de fe Cristiana, constituyó un referéndum en favor de la paz, la concordia, y la libertad, que contrapuso el evangelio de Cristo al credo de odio y violencia que ideologisa el régimen marxista que, con el engaño y la fuerza, se apoderó de Cuba.
A los que vivieron el ayer, y a los nacidos dentro de la cortina de hierro impuesta por el marxismo en esta isla tropical, también los alienta en sus pretensiones libertarias una historia incompleta y difusa, pero real, que al amparo de la inconformidad hoy corre de boca en boca. Se trata de una historia muy sugerente atribuyendo méritos relevantes a la Iglesia Católica, y en especial al Papa Juan Pablo II, por el papel desempeñado para impulsar los cambios democráticos que se produjeron en Polonia y en Europa del bloque soviético comunista.
La historia bien contada dice que en verdad el Vaticano unió sus esfuerzos a los de la administración norteamericana de turno en la Casa Blanca, cuando el 7 de junio de 1982 el Presidente Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II concibieron un plan secreto para estimular la resistencia interna en Polonia.
La revista "Times" en su edición del 24 de febrero de 1992, reveló los detalles del plan llamado por alguien "La Santa Alianza", y las precisiones de su ejecución práctica.
Con los recursos norteamericanos y el apoyo de la Iglesia Católica, fue tan exitosa la campaña, que ya en 1987 las fuerzas internas partidarias de un cambio democrático en Polonia alcanzaban niveles incontenibles y dos años después el gobierno del General Jaruzelski, sin el apoyo militar de Moscu, tuvo que capitular. Polonia marcaba así el inicio del desplome del campo socialista.
Bálsamo cicatrizante similar al resultado de la experiencia que protagonizaron en Polonia Reagan y el Papa Juan Pablo II, es justamente el reclamo o la plegaria conque con más resonancia ponen en las invocaciones los cubanos que esperan de la visita del Santo Padre una sacudida que los saque del letargo enervante generador de la inercia y la abstención.
Sin embargo, la pasividad culposa conservada por muchas personas en la jerarquía Católica cubana, pone en duda que el Vaticano se comprometa esta vez con tal devoción en el concurso de los esfuerzos necesarios para extirpar el tumor que devora los tejidos vitales de esta sociedad.
Tampoco levanta lo suficiente el ánimo en los cubanos amantes de la libertad, las continuas cintas y los continuos artificios del liderazgo pusilánime de la actual administración norteamericana, tan ambigua y debilucha ante el imperio de las fuerzas del castrismo como lo fueron sus predecesoras demócratas.
Ojalá la Providencia responda con cordura a este toque de alarma de los cubanos; a este llamamiento de arrebato de legítimo orgullo. Ojalá Norteamérica y el Vaticano se fundan en otro pacto dignificador para que al fin Cuba pueda conquistar con rapidez el reino de Dios en justicia y amor.
Pero, más importante aún, ojalá los cubanos concienticen de una vez y por todas como se debilita la coraza del régimen totalitario, ya herido de muerte, cuando se le pierde el miedo a la represión. No hay dudas de que la experiencia libertadora polaca encaja perfectamente en las circunstancias actuales cubanas. Pero tampoco debe haber duda alguna de cuanto se puede lograr hoy en la isla en materia de libertad con o sin Santa Alianza, si se estimulan las fuerzas aunque sea solo con el bálsamo de nuestra dignidad nacional.
Lo que sostiene al régimen de Castro no es sino el miedo, y en honor a la verdad, éste, cada día va perdiendo su eficacia. Las quejas sordas ya tienen voz y se escuchan en toda la isla, e inevitablemente algún día se convertirán en retos y protestas desafiantes que como en Polonia derrumbarán de un porrazo el anacronismo revolucionario cubano.
Por Orlando Bordón Gálvez, Cuba Free Press.
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