Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 19 de noviembre de 1997, Cuba Free Press

Desierto Literario. Por Iván García, Cuba Free Press.

La revolución de Fidel Casto enseñó a vivir a muchos cubanos. En sus inicios, cuando la experiencia fidelista causaba furor mundial entre dos intelectuales, las editoriales nacionales publicaban anualmente una cifra extraordinaria de volúmenes literarios. Los grandes clásicos estubieron al alcance de todos: desde Don Quijote, primer libro editado por la revolución los grandes de la prosa(Get, Chester, Dickens, Victor Hugo o Fornes) hasta la nueva ola de escritores latinoamericanos que años después serían famosos: Vargas Llosa, Cortaza, García Márquez, Juan Rulfo, Justo Robasto.

Prácticamente se publicó todo lo interesante que había en el espectro literario universal y en el nacional, de Cirilo Villaverde a Miguel de Garrión, de José Martí a Nicolás Guillén. Después de 1961, cuando en el panorama cultural se impuso, el anatema "con la revolución todo, contra la revolución nada," los que no aceptaron convertirse en amanuenses optaron por el exilio o las largas estancias fuera del país. Fueron los casos de Cabrera Infante de Alejo Carpentier, que respaldaba el proceso revolucionario desde París. En la Isla, maestros de la talla de Vigilio Piñeda o Lezama Lima pasaban al ostracismo y solo después de su muerte comenzaron a ser útiles a la propaganda gubernamental. Sin embargo, las librerías estaban abarrotadas de obras de escritores rusos, exponentes muchos de ellos del realismo socialista y de tomos de filosofía marxista.

En 1990 a raíz de decretarse el "período especial" consecuencia de la caída del muro de Berlín y del socialismo en el Este de Europa, los libros buenos o malos, desaparecieron de los estantes oficiales. Si antes se encontraba un oasis creativos, ahora el desierto era total. Entre 1959 y 1960 se imprimieron 1,000,000 de ejemplares y 45,000 títulos a precios módicos, pero en los últimos 6 años la producción ha sido insignificante: unos pocos miles de ejemplares y medio centenar de títulos a precios exhorbitantes.

Esta sequía ha traído consigo que el interés en la lectura haya caído notablemente. Como consecuencia, de los abatales de la difícil supervivencia diaria, el cubano apenas lee. Resultado: un ciudadano con un nivel cultural cada vez mas empobrecido. Una especie de fantasma corpóreo al que la letras impresas le aburren y le asustan. En las bibliotecas los fondos han disminuído casi en la misma medida en que ha aumentado la acción depredadora de inescrupulosos usuarios.

La prensa oficilista cubana ha querido revitalizar una campaña en favor de la lectura, pero esta no tiene el soporte material imprescindible. A la escacéz de papel hay que sumar, la arbitraria censura que mutila o prohibe todo texto que considere amenazador o que simplemente haga pensar en un modelo nuevo de sociedad. En las sociedades cerradas los medios de comunicación no son autónomos y el desequilibrio en el flujo informativo suele primar. Gobernar es mas fácil cuando se pueden silenciar opiniones contrarias o discrepantes. Y cuando un pueblo se manipula y se desinforma, según convenga a los intereses estatales.

Como única opción, tácticamente, a los lectores de los 90 les ha quedado el intercambio de libros en pequeños negocios de alquiler por cuenta propria o darse el lujo de destinar los escasos dólares - usualmente dedicados para árticulos de primera necesidad - para adquirir libros en establecimientos donde los estantes están repletos. Por lo tanto, si queremos leer, informarnos o distraernos con obras de cierta envergadura y actualidad, también debemos poseer divisas. De lo contrario continuar sumidos en el lento y desgastante camino de la inanimación. FIN, por Iván García, Cuba Free Press.


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