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La Habana, 12 de noviembre de 1997, Cuba Free Press
Con Los Pobres De La Guerra. Por Iván García, Cuba Free Press.
Onelio Martínez es un olvidado que regresó de la guerra de Angola con sus facultades mentales atrofiadas. Historias como las de el no suelen recogrese en revistas del corazón ni en melodramas fílmicos.
A pocos les interesa la suerte de los perdedores, de los frustados. La tristeza no vende. Onelio Martínez, 61 años, es oriundo de Yateras en la oriental provincia de Guantánamo. Pertenece a la extensa legión de mendigos sin techo que ha diario engordan la cifra de la pobreza. Es un por ciento que en reuniones globales discuten cancilleres, ministros y presidentes.
Rodeados de lujos y abundancia los mandatarios no logran acertar en el combate contra la miseria. Onelio Martínez, ex Teniente Coronel de las Fuerzas Armadas Cubanas, lleva la suya con gallardía. Su vida es similar a la de muchos que se vieron arrastrados por la vorágine engendrada por la revolución. Desde los 15 años Onelio estuvo presente en cada uno de los abatares y desastres revolucionarios. Como militar combatió en Argelia y Venezuela. En 1969 se preparaba junto a Tupamaros uruguayos para crear un foco guerrillero en las afueras de Montevideo, cuando una orden suprema les hizo detener la operación.
Los repetidos fracasos en el Continente Americano, que culminaron con la muerte del Ché Guevara en Bolivia, hicieron dar marcha atrás al gobierno cubano en su idea de crear "dos, tres, muchos Vietnam." Onelio participó en aquella estupidéz colosal que fué el cordón de La Habana. Al frente de un centenar de reclutas se dedicó a sembrar café Capurra en las afueras de la capital. Igualmente estuvo presente en la absurda quimera de hacer que las tierras de Banao, en el centro de la Isla, produjeran uvas, peras, manzanas, y melocotones. Fué un fracaso. También lo fueron la zafra de los 10 millones y el esperimento en una localidad pinareña de implantar el sistema comunista de vida para medir sus resultados. En los dos reveses, Onelio puso su empeño.
Con el grado de capitán participó en su última aventura, Angola. Por aquel país africano desfilaron 300,000 cubanos. Mas de 2,000 hayaron la muerte. Muchos quedaron lisiados o tarados. Uno de ellos es Onelio Martínez, hoy considerado un "loco pacífico." Es el saldo de la última campaña militar cubana.
Durante 7 años recorrió de norte a sur el territorio de Angola. Pero Cuando Cubango lo marcó para el resto de su existencia. Síntomos de paranoia ya floraban en su psiquis cuando con sus propias manos ahorcó a Flavio, un soldado angolano del cuál se sospechaba era colaborador de la UNITA, fuerza que lideriada por Jonas Zabimbi, combatía al gobierno de Agostiñho Neto. "Utilizé las manos porque estábamos rodeados y tratábamos de romper el cerco enemigo. No podíamos utilizar armas. Una especia de esquizofrenia me asechaba. Pensaba que todos los angolanos eran traidores. Una actituda vacilante de Flavio me hizo desconfiar." Se le celebró una corte militar que duró 3 minutos. En ese momento Onelio poseía los grados de mayor y decidió que había que matarlo. Nadie quizo hacerlo. "Yo mismo ejecuté la orden que dicté." Pero la imagen del muchacho muerto entre sus manos, no lo deja vivir en paz. "No estaba seguro de que fuera un delator. Que Dios me perdone," dice en voz baja.
Onelio regresó a Cuba con grados de teniente coronel y una demencia incurable. Lo licensiaron del ejército. La pesadilla africana lo perseguía todo el tiempo. Se refugió en la bebida, lo que provocó el fracaso de su vida matrimonial y familiar. Ahora se le localiza por los alrededores del Paradero de la Víbora. No tiene hogar. A menudo se le ve urgando en latones de basura. A veces está cantando. Imita a los intérpretes de música salsa. Siempre alegre, pero con su culpa en las espaldas.
Onelio Martínez se considera líder de los pobres. "Los artistas y poetas se reúnen; los empresarios y presidentes también. Entonces en los congresos donde se debata la miseria debemos acudir nosotros, los miserable." A escrito una carta al "máximo nivel," para que tomen en cuenta su propuesta. Hace un saludo marcial y se aleja con un bolso lleno de cachivaches, un bastón colorido y una botella de alcohol de cocina. Es el trago de los olvidados. FIN, por Iván García, Cuba Press.
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