Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 12 de noviembre de 1997, Cuba Free Press

La Ruina de la Risa. Por Ramón Díaz Marzo, Cuba Free Press.

La risa siempre ha molestado a la AUTORIDAD, porque es una señal natural de las pasiones mas profundas; una vanidad individual súbita ante las deformidades de uno mismo y de cuanto nos rodea. La risa nos eleva en resplandor a estados superiores de la conciencia. Voltaire siempre lo supo. Lo reafirmó desde el Castillo de Fornés con toda la gloriosa vejez de sus 71 inviernos declarando: "Mis golpes mordaces, irónicos, no están dirigidos contra el hombre sino precisamente contra los males que lo hacen sufrir y, sobre todo, contra la complaciente y desesperante filosofía que lo ampara y justifica".

En la novela "El Nombre de la Rosa", de Umberto Eco, una cadena de asesinatos se suceden por el único motivo de mantener en "top secret" un hipotético "tratado de la risa", atribuído al inmortal Aristóteles que los jóvenes monjes copistas descubren como UNA VERDAD que no debe ser ocultada. Los que tratan de copiar EL LIBRO, o son iniciados en el conocimiento de su existencia, mueren misteriosamente. El monasterio cuenta con una biblioteca en espiral que es una copia del Espacio y el Tiempo. El director de la biblioteca es un monje viejo, ciego, enloquecido, que ha llegado a la conclusión de que la alegría exagerada es el mayor de los pecados.

¿Que ha ocurrido con el teatro bufo cubano comprensible para un público mayoritario? Su sobrevivencia podríamos rastrearla en el programa "Alegrías de Sobremesa", de Radio Progreso, que es una degeneración involuntaria del clásico cubano "La Tremenda Corte".

Teatro Martí.

Fundado apróximadamente en el 1850, al principio se nombraba Irijona o Ijona y toda su construcción era de una madera que fue devorada por las llamas veinte y tantos años después. En el año 1879-84, fue reconstruido con piedra de cantera. Son las ruinas que actualmente están a la vista. Esta reconstrucción la efectuó un señor de apellido Martí que no tiene ninguna relación familiar con nuestro Apóstol. Compró el terreno poco tiempo después del siniestro y bautizó al teatro con su apellido.

A parte de ser un lugar de larga trayectoria artística, el Teatro Martí también forma parte de nuestra historia. En el año 1900, el 5 de noviembre, a las 14 horas, luego de izar la bandera cubana con los acordes del Himno de Bayamo, comenzaron los primeros trabajos de la Convención Constituyente sin la presencia en la isla del yugo español. Y aunque es cierto que las tablas del Teatro Martí fueron utilizadas durante la ocupación militar norteamericana para escenificar obras que fueron una afrenta a la dignidad de la república incipiente, nunca quedará en el olvido que por él también desfilaron de modo positivo artistas de la talla de María de los Angeles Santana, Candita Quintana, Enrique Arredondo, El Viejito Bringuier, Pipo de Armas, Rosita Fornet, Armando Vianchi, Rita Montaner, El Mago Fumanchu, y los inmortales Aníbal del Mar, Pototo y Filomeno, Garrido y Piñeiro.

Hoy he caminado por La Habana. En el "Parque de la India", por el este, he leído en un cartel: "MERCURIO, restauración". He indagado y me han informado que al viejo hotel "Saratoga", situado en la esquina de las Calles Dragones y Paseo de Martí, le añadirán dos plantas y en la azotea le construirán una piscina. Al finalizar las obras, tendrá requerimientos internacionales para declararlo hotel cinco estrellas. Sin embargo, a poco metros de tan pretenciosa empresa yace, como el cascaron abandonado de un cangrejo, el Teatro Martí. Cerrado durante más de 25 años, desde la Calle Zulueta pueden verse los palcos del proscenio, el lateral o este del escenario, la pared del fondo donde tuvieron los estelares, el techo perforado por la lluvia donde se colgaban las luces altas y el telón de fondo.

Por la Calle Dragones he leído en la pared de la taquilla de la derecha: "Cristo Vive". La entrada y el vestíbulo están invadidos por la hierba. Gatos y perros se han apoderado del recinto desolado. Y en las tardes, cuando las escuelas terminan sus clases, los Pioneros, atraídos por la fuerza que tiene el silencio en los lugares abandonados, escalan con temeridad una cerca de lanza herrumbrosas. Ya en el interior de un mundo detenido en el tiempo, tratan de desentrañar el misterio de estas ruinas.

Por Ramón Díaz Marzo, Cuba Free Press.


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