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La Habana, 12 de noviembre de 1997, Cuba Free Press
Reportaje al Pie de la Urna. Por Ernestina Rosell, Cuba Free Press.
Todo continuará igual, como hasta ahora: Los años que se sumen solo aumentará el tedio sobresaturado de consignas y discursos envejecidos por el tiempo y la realidad.
Mientras, el prometido desarrollo será palpable exclusivamente en las cifras de los planes productivos, las informaciones noticiosas oficialistas, la oratoria gubernamental, y la mesa del grupo de "los de siempre".
Sin embargo, no habrá juguetes ni tan siquiera una vez al año, como cuando Carlos Varela era niño y la adultez de los pequeños se iniciará al cumplir los 7 con la "perdida del derecho" a un poco de leche.
La gente se odiará con cansancio en las eternas colas de miserables trifulcas por miserables raciones o por cualquier otra mínima necesidad.
La ruinosa ciudad continuará despedazándose entre los permanentes salideros de agua potable, unidos en sus cursos a los de fosas y alcantarillas, que bordeando montañas de basura y desperdicios desembocan en fétidos tragantes y estancados charcos callejeros.
Un Washington valdrá más que un Martí; un extranjero más que un cubano en su propia tierra.
La opinión será un peligro hasta para los cobijados del poder. La suerte mayor estará dada por una lotería: el matrimonio con un extranjero o un viaje de trabajo que propicien la fuga, que abran la puerta de la Isla Prisión al exterior.
Batista, el monstrum horrendum de los años cincuenta, mantendrá la gloria exclusiva de la última amnistía dada a los presos de conciencia en la historia de Cuba.
A pesar de los pesares, caretas risueñas cubrirán los rostros de ciudadanos amedrentados, cautelosos u oportunistas.
Pero esta "desgracia de muchos será el consuelo de los tontos": Empecinados zombis se aferrarán por inercia al aplauso hueco, aletargado, sumiso, torpe, obligatorio, irrazonable, avasallador de los despiertos. Por su parte, los Poncios Pilatos de la época se lavarán las manos, echando la culpa de tantos fracasos al cercano Enemigo y a las antiguos, distantes y desmembrados amigos.
No obstante, camino a las urnas, carnet de identidad y boleta en mano, frente a unos comicios inmovilistas y una realidad invariable, cobrará vida en el alma cubana con sarcástica dicotomía aquella pregunta perdida en los años, olvidada en el tiempo, abortiva de todos los males sucesivos: ¿Elecciones? ¿Para qué?
Por Ernestina Rosell, Cuba Free Press.
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