Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 5 de noviembre de 1997, Cuba Free Press

****Pepe Pinta a Pistola. Por Raúl Rivero, Cuba Free Press.

José Pratts Sariol, "Mariel". Editorial Aldus, Méjico, D.F., 1997.

Creo que esta novela inesperada de José Pratts Sariol (y sé muy bien por que creo en ella), allí en ese mundo municipal descrito sin anestesia, sin discreción a veces. con un lirismo ambiguo, aparece la vida. Nuestra vida.

Y la vida que aparece, que Pratts hace aparecer con una prosa siempre limpia, no está contada con inclinaciones de la geometría derecha sino que fluye en toda la lozanía de su equilibrio. Para decirlo pronto: Es una aproximación a la sociedad cubana contemporánea con todo el instrumental de un escritor profesional (que es algo así como una escoria eminente). Este escritor no hace propuestas ideológicas y eso, en este planeta desbordado de panfletos y fotocopias de convocatorias políticas, es una virtud. Pero en Cuba, en la Cuba de los 90, me pone al borde de proponer su canonización.

Pratts cuenta las viditas (que ya sabemos que pudieron ser algo) de cuatro cubanasos metidos en las redes del fin de siglo, en un país donde ni ellos ni nadie sabe qué va a suceder mañana, o en el minuto siguiente al que se vive. En esa excursión, el lector encuentra no solo el curso y el latido del transito por la tierra de los protagonistas, sino una serie de senderos, desvíos, y hasta caminos reales que lo enfrentan a un panorama amplio y tangible de lo que pasa en estos años dentro de nuestras fronteras.

Es, desde luego, un libro con trampas. Con pequeñas trampas pero que al menos permite que se seleccione el sabor del final. Por momento, sobretodo si uno se deja provocar por el título, "Mariel", que está asociado a un éxodo de decenas de miles de cubanos a Estados Unidos, se puede tener la impresión de que leeremos un novelón anti-castrista y amargo. En otro momento puede seguir teniendo esa impresión...pero no es así. A mi modo de ver, se trata de un retrato amargo y amoroso y una llamada urgente a fijar la atención en esa tabla de salvación nacional que es la cubanía.

Hay en el libro un pasaje que ilustra muy bien este reclamo. Se trata de una señora propietaria de un apartamento en el edificio Focsa, en el centro de el Vedado. Ella tiene más de 70 años y vive sola. El administrador del recinto viene a proponerle que seleccione otra vivienda en cualquier zona de la ciudad y que entregue su apartamento porque el edificio está destinado a los técnicos extranjeros: Rusos, búlgaros y checos, entre otros. La mujer se niega a abandonar la casa y entonces el administrador le propone que el gobierno le facilitará la salida a los Estados Unidos, si ella lo desea...

--Jamás abandonaré mi patria--, responde la anciana con firmeza.

--Ah, disculpe compañera, no sabía...

¡Compañera tampoco, señor, eso es otra cosa! ¡Yo soy hija de un coronel mambí!

No puedo y no quiero perderme la oportunidad de informar al lector que la señora de la anécdota es la madrina de Pratts. Ella, por cierto, murió hace pocos años en el apartamento codiciado por los técnicos extranjeros y sus sirvientes criollos.

Así, me parece encontrar zonas de la biografía del autor en casi todos los personajes centrales del libro. Datos y asuntos repartidos para enriquecer el universo individual del hombre inventados, unas veces con la alegría y otras con la agonía, de haber vivido en Cuba en los últimos 50 años.

Adivino también fragmentos, cuentos, chistes, chascarrillos, y aventuras de muchos amigos comunes que aparecen en las vidas de los cuatro Josés que integran la historia guía de "Mariel". El pesquisaje en la experiencia personal y en la de gente cercana, le confiere a la novela esa diminuta corona de cubanía que enuncié y que convierte al libro en un estudio de la frustración, de los escombros y de las fatigas. Es muy duro el laberinto que el novelista pone frente a nosotros y está dibujado casi siempre con un ansia desatada, con un fulgor que va poniendo claridad paso a paso, por un territorio de la Cuba de hoy que todavía disfruta y padece alternativamente el anonimato. Estoy hablando del "insilio". Esta es sin muchas dudas una novela de los "insiliados". Esos tipos empecinados en vivir en el país donde nacieron. Esos raros individuos que quieren trabajar, dormir y amar y (¡Que se le va a hacer!) morir en el mismo sitio donde nacieron.

Desde el exilio, siempre más publicitado y exuberante, llaman las familias y los amigos con crisis de nostalgia, extrañando los lugares donde se enamoraron y crecieron, donde leyeron el primer libro o escribieron en una hoja mínima las sustancias del primer verso. Los "insiliados" - -anuncia la novela de Pratts Sariol-- se han quedado en estos lugares. Pueden verlos, tocarlos y volver. Solo que ya no serán nunca esos los lugares porque faltan precisamente los que los añoran y reclaman en cartas, llamadas, y textos tristes y bellos, inocentes, como escrito con sangre de gacela. Pratts Sariol nos sube a una atalaya y dice: Miren. Y uno mira y lo que vé es una región de la sociedad que encarna la verdadera resistencia de los cubanos. La resistencia lúcida, sin fobia ni fanatismos, la que impulsa solo el amor a la patria. Seguro de que la patria no es ningún partido político ni ningún hombre, sino la familia, los mangos del patio, los versos de José Martí, y un bar que se puede llamar por ejemplo, El Two Brothers.

"Mariel", es también de alguna manera una novela de amor, pero como lo entendió William S. Burroughs, el más natural y doloroso de los verdugos.

Por Raúl Rivero, Cuba Free Press.


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