Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.
La Habana, 5 de noviembre de 1997, Cuba Free Press
Vaca Sagrada. Por Ariel Tapia, Cuba Free Press.
En la interminable lista de privaciones que han tenido que sortear los cubanos, se encuentra en lugar destacado la carne de res, fuente vital de proteínas y reconocido símbolo del buen comer. No es precisamente la religión, ni mucho menos una mera tradición vegetariana lo que impide el consumo cárnico en la isla, aunque en ciertas ocasiones, los medios de divulgación la han emprendido contra este producto, argumentando científicamente su lado dañino.
Cuando la revolución llego al poder, Cuba contaba con una masa ganadera estimada en seis millones de cabezas, similar al volumen per cápita actual de un país como Gran Bretaña. Tras la instauración del socialismo, casi todos los alimentos, incluyendo la carne roja, fueron sometidos a un estricto racionamiento que en cambio garantizaba una canasta básica equitativa, acorde con los preceptos de igualdad que sustenta el marxismo-leninismo. El racionamiento no significó, sin embargo, que en la mesa cubana faltara un bistec por mucho tiempo. Pues por cada integrante del núcleo familiar se repartía más de un kilogramo al mes, alternando con carne de ave. Las promesas de un rápido crecimiento económico bajo la mirada protectora de la burocracia centralista se disiparon con el tiempo, y con ellas, la esperanza de que los comercios estatales ofrecieran la carne vacuna de forma libre.
En la década de los años 80 los mercados paralelos tampoco lograron satisfacer la demanda interna. Para esa época --señalada como la de mayor prosperidad en la revolución-- los índices cubanos en materia alimenticia eran aceptables. La isla se ubicaba en el segundo lugar entre los 18 países latinoamericanos en consumo de calorías, con un total de 2,898 por habitante. Además, los cubanos ocupaban el cuarto lugar en el consumo de proteínas, con un promedio diario de 77 gramos.
El "período especial" desató una verdadera "crisis de platos vacíos". Se agudizó la falta de carne y, en consecuencia, su encarecimiento. El reflejo mas diáfano de tal situación ha sido el incremento de robos y sacrificios ilegales, los cuales se triplicaron de 1986 a 1995. Las penas que los tribunales imponen por traficar carne están aparejadas con la del contrabando de narcóticos, y los operativos y cordones policiales de que se disponen suelen ser increíblemente enormes, solo comparables con la búsqueda de algún asesino suelto, o con el control de revueltas antigubernamentales.
En el momento mas tenso y dramático de la crisis, el gobierno recomendó a sus conciudadanos a acudir a la madre naturaleza para apalear la bruna. En medio de tantas carencias, los periódicos publicaron recetas con hojas, flores y raíces como ingredientes, en tanto que el dominical programa culinario de la televisión se convirtió en tribuna para defender el uso de cítricos y viandas, transformados ilusoriamente en jugosos filetes.
Luego de que la economía detuviera su curva de decenso, la situación continua difícil en cuanto al suministro cárnico. En 1996, cada persona recibió por la libreta de racionamiento tan solo dos libras de carne, cuatro de picadillo mezclado con soya (eufemísticamente nombrado picadillo enriquecido), así como discretas cantidades de subproductos, también con un alto contenido de soya. En el actual año las cosas no han cambiado y las perspectivas que tienen los cubanos de entrar el próximo milenio alimentándose tan primitivamente --con fricandel o masa cárnica-- son enormes.
La atenencia, cada vez mayor, de dólares en manos del pueblo, no ha incrementado la venta de carne en los establecimientos por divisas. El mercado negro constituye un excelente competidor que le resta clientes a esos comercios, cuyos precios son prohibitivos para el cubano común. Son numerosas las formas que emplea la gente para "resolver" carne: Desde la compra de dietas médicas para diabéticos, que otorgan una ración mensual, hasta el sacrificio ilegal, cuya incidencia es alarmante en las provincias orientales y del centro del país. Según anunció un alto dirigente partidista en las tunas, el gobierno le ha declarado la guerra a los comerciantes ilegales de carne, que hasta el momento siguen campeando por su respeto.
Mientras tanto, los informes de la organización de derechos humanos, Amnistía Internacional, tienen registrados varios nombres de cubanos que han sido ultimados por la policía en pos de la preservación del ganado.
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