Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 5 de noviembre de 1997, Cuba Free Press

La Prostitución Infantil. Por Iván García, Cuba Free Press

La prensa mundial dedica amplio espacio a la plaga pedofílica que ha caído sobre la infancia. Los datos de la UNICEF no por repetidos dejan de ser espeluznantes: En Asia, más de un millón de niños se prostituyen; 300,000 en Estados Unidos; y en Brasil, los meninos de la rúa pasan de 100,000. En Centroamérica, el 47 por ciento de las prostitutas infantiles son víctimas de abusos y violaciones en sus propias familias, y solamente en Colombia, Venezuela, República Dominicana, y Haití, en este flagelo pederastas alcanzan las cifras de 325,000 que venden su cuerpo.

Es una vergüenza para la humanidad que a las puertas del Siglo 21 exista la industria pornográfica de menores. Y lo peor, es que se encuentra en expansión. Cuba no es ajena a estos males. Las principales publicaciones nacionales han realizado reportajes sobre la situación de la niñez en la isla, pero hacen hincapié en que la mayor parte de los pequeños se dedican a asediar a los turistas, pidiéndoles dinero y souvernirs con la anuencia de los padres. Apenas se habla de la prostitución y la pornografía infantil. Pero existe.

Super secretas son las estadísticas oficiales sobre el tema. Un cálculo de 5,000, menores de 16 años, ejerciendo el viejo oficio en la isla no es una cifra demasiada alejada de la realidad. A los doce años, como promedio, la más joven generación de la revolución empieza a practicar la prostitución o su variante criollo de jineterismo, término que literalmente significa "cabalgar" sobre los extranjeros. En los últimos años se ha puesto de moda que los más chicos, hembras y varones, comiencen a "jinetear", a prostituirse, dado el incremento del turismo, desde el oriente al occidente del país. Muchos de los visitantes no vienen a ver los logros de la revolución. Llegan en busca de placer en mulatas y mulatos, jóvenes, adolescentes, y niños de uno y otro sexo. Lamentablemente, pero real.

Un ejemplo es Héctor Díaz Vega, 20 años. Al igual que su homólogo de la Ilia de Homero, Héctor es atractivo. Una noche, un mejicano pasado de tragos, lo confundió con una chica. "Tenía 13 años y compartía con mis amigos en el muro del Malecón cuando Máximo, un empresario mejicano que negocia con Cuba, se enamoró de mi." Al día siguiente lo invitó a la playa y le regaló dinero. Se pasó varias semanas con él, recorriendo otras provincias. Lujo, hoteles, carro, comodidades hasta entonces desconocidas.

Héctor confiesa que la imperiosa necesidad fue el talón de Aquiles para convertirlo en homosexual. Esa condición sus familiares no la aprueban, pero la aceptan, por lo mucho que Héctor les resuelve. Hace tres años se fue a vivir a Méjico con Máximo. "Era extremadamente celoso. Me golpeaba, no me dejaba salir solo a la calle. Incluso, no quiso que iniciara estudios universitarios." Entonces, Héctor se enamoró de Saúl, amigo de Máximo. Este fue quien le pagó el pasaje de regreso a La Habana. Actualmente mantiene un apasionado romance con Saúl, quien todo los meses viaja a Cuba, en espera de que a Máximo se le pase la furia para llevárselo con él a tierras aztecas.

Según Héctor, la prostitución infantil masculina está a la orden del día, sobre todo en La Habana. Los más adictos son los mejicanos, alemanes y españoles. Uno de los sitios que se ha cogido como lugar de encuentro es la escalinata de la universidad. "Mira, allí van los iniciantes, niños entre 11 y 13 años, que por un dolar o unas baratijas se dejan toquear o practican el sexo oral." Reciéntemente, se han descubierto domicilios de particulares que alquilaban habitaciones a extranjeros sin saber (en algunos casos y en otros sabiendo) su utilización para la perversión de menores, y que incluían sesiones de fotos de video para preparar pornografía infantil y venderla en otras naciones.

¿Por que los niños? Héctor no sabe exactamente la respuesta (después de todo él es una víctima), pero piensa que es porque con los menores hay menos riesgos de contraer el Sida.

Por Iván García, Cuba Free Press.


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