Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.
La Habana, 5 de noviembre de 1997, Cuba Free Press
*** En la Lejana Orilla de la Desesperanza (1). Por Germán Castro, Cuba Free Press.
(1) "Informe Contra Mi Mismo", Eliseo Alberto, Lichi. Extra Alfaguara, 1996, Méjico.
Sartres, a través de Orestes, "en las Moscas". "...la vida humana comienza en la lejana orilla de la desesperanza." Y parece cierto. Algo así es lo que sugiere el libro "Informe Contra Mi Mismo", de Eliseo Alberto (La Habana, 1951). Al menos su recuento de la experiencia revolucionaria o, más exactamente, la historia de sus memorias, conduce a ese puerto, no obstante (o quizás por eso) haberse propuesto --por cierto-- como una de sus más bellas proposiciones-- escapar de las Apollonias extremas, ya sean de la virtud o del defecto. Pero aun cuando esa haya sido la consecuencia final de sus casi 300 páginas, se observa un hasta ahora inusual esfuerzo por lograr tal objetivo, sin moverle la cola a ningún bando.
Yo, en cambio, por razones que espero queden suficientemente justificadas, intentaré respecto del libro, una apología extrema: La de la virtud; pues creo más en la importancia de su valor documental, en cuanto memoria "emotiva" de una generación, que en el supuesto significado estético en cuanto a obra literaria. De modo que comenzaré por enumerar cuatro de los que a mi juicio constituyen pilares del libro: (a) El Tema; (b) la Tésis de Baraja; (c) la Información pormenorizada sobre la Diáspora (exilio) y en relación con los métodos y el significado global del hecho revolucionario cubano; y (d) el delicioso tono evocador que flota, casi ininterrumpidamente, desde la primera mayúscula hasta el último punto.
Y si bien Milán Cundera acierta cuando afirma que nos hemos resignados a transformar inmediatamente el tiempo presente en su abstracción, Eliseo Alberto, por su parte, logra un producto lo bastante "concreto" como para que podamos considerarlo en su óptica especifica -- como debe ser-- el epitome de la trampa histórica en que nuestra generación se debate desde hace ya casi cuatro largas décadas. Y aun cuando, apartándome un poco del pensamiento del novelista checo, considere que esa tendencia a la abstracción obedece mas que a una aptitud (resignación), a una limitación natural de nuestro sistema de percepción, quiero decir, a su resultante fisiológica o de los sentidos, el autor es capaz de forzar, incluso ese limite, y aprovechando los pocos cabos atados por el tiempo, encender una lampara, no importa cuán modesta sea, para andar por la niebla del presente sin tropezar demasiado y sin tener que esperar a convertirnos en pasado para comenzar a entender lo que nos ha sucedido y continua sucediendonos.
Así sitúa, por ejemplo, a la "diáspora" con todo lo dramático, triste y desgarrador que realmente implica. Así utiliza el concepto "anti imperialismo" con una tesis que podríamos llamar de "la doble trampa": La del gobierno cubano y la del gobierno norteamericano. Así no vacila en considerar el embargo (bloqueo) o el bloqueo (embargo) --según el bando-- como un error, y denuncia el hecho innegable de que "la guerra tiene sus ventajas", no es difícil para quien. Así ubica la impresionante participación popular en la desatinada experiencia "internacionalista" militar en África, como un hecho de "confusión" espontaneo, es decir, no exactamente logrado mediante presión (en lo que, por fidelidad con su propuesta inicial, yerra, por cuanto negarse al llamado constituía una conducta públicamente repudiada y una macula que inhabilitaba la idoneidad para ocupar ciertos cargos y militar en cualquiera de las dos organizaciones políticas (UJC o PCC) existentes; o sea, había presión, y no solo social, sino también administrativa y política). Así enumera los momentos que, según el, marcaron escalones que nos han ido conduciendo al sótano del desencanto o, como diría Sartres, de la desesperanza: El asalto de Praga por tropas soviéticas en 1968; el suicidio de Ayende en la moneda en 1973; el absurdo fusilamiento de Roque Dalton en las selvas del Salvador; la burdamente manipulada huida de oficiales y tropas cubanas frente a tropas elites estadounidenses en Granada; la muy reveladora derrota electoral de los sandinistas en Nicaragua; la también muy poco mencionada en el país masacre de Tiananmen, justificada meses después por Fidel Castro; la no menos manipulada desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, sin que ningún soviético hiciera nada por impedirlo; el tampoco detallado derrumbe del campo socialista europeo que dejo al descubierto, junto con lo sucedido en la URSS, un traumático rosario de errores, arbitrariedades, mentiras y crimines, imposibles de justificar; la insólita consigna "ahora si vamos a construir el socialismo", como si en el cuarto de siglo transcurrido hasta entonces desde que se declarara el carácter socialista de la revolución, no hubiese sucedido nada ni se hubiese construido nada, salvo perder el tiempo; la no menos insólita prohibición de las revistas y otras publicaciones extranjeras, especialmente soviéticas, en 1989, al parecer, como dice Eliseo Alberto, porque "la verdad podía ser subversiva"; el muy mal argumentado, y por lo tanto, sospechoso juicio y fusilamiento de Arnaldo Ochoa y otros oficiales de prestigio, acusados nada menos que de haber mantenido vínculos con el narcotráfico...
En fin, que ahí están esas pulsiones devastadoras expuestas como llagas, y la toma de conciencia a que nos arrastraron, dejandonos heridos, arrasados, perplejos, pero aun por suerte, con el suficiente coraje para dar la cara y reconocer incluso hasta el error de un nacionalismo manipulado, útil solo a los políticos que lo alimentan, caracterizado por un cubacentrismo ridículo descrito en el libro (pagina 207-8), con una feliz simbiosis de critica y humor; humor que, sin dejar de provocar la sonrisa, es amargo como el humus de que proviene.
Sin embargo, hay una limitación del libro que, a la vez que apunto, desdigo (o desdice el propio autor): Que la experiencia se centre en la Habana sin que el resto de Cuba participe de modo alguno, y que sus amigos habaneros o residentes en la Habana sean los prototipos de su generación, al pecho del resto, cuya proyección y tipología tiene sus peculiaridades y su nivel de protagonismo. Porque centro-habanizar es tan erróneo como cualquier otra intención centrípeta, pero, como dije, en este caso (al menos en este caso) esta bien. Eliseo Alberto lo explica: "No me propuse una memoria de la historia sino una primera historia de mi memoria", y como ese es el caso en que decidió moverse, ahí se mueve, entre esos lugares que cita para la nostalgia como las Siete, Ocho o Nueve maravillas de la Habana (solo para cubanos). Y no otros, digamos, de Canagüey.
Y es que en realidad, si se observa con calma, se comprenderá que el recuerdo es otro presente, modificado, absorbido y procesado, pero otro presente que incide sobre el presente actual (temporal, real y sin memoria). La generación de Eliseo Alberto lo sabe, y por ellos serán seguramente los mejores lectores de este libro. Ellos, nosotros, la generación victima como ninguna otra de lo sucedido, que no llego a tiempo para nada: Ni para elegir su destino en el momento del reparto, ni para reorientar ahora el destino que le impusieron. Mi generación, pues, podrá reconocerse en cada coma y en cada modo de ver; podrá sentir que anda entre esas palabras por su isla, por sus sueños, por sus esperanzas, y por sus desesperanzas...por su vida, comentando --ojala que no tardíamente-- la vida humana.
No importa que se discrepe o se coincida con el autor, lo que importa es que "Informe Contra Mi Mismo" es un informe contra todos nosotros, la generación perdedora por antonomasia en el juego del presente siglo cubano; una generación que, sin saberlo, actúo, casi siempre llena de un furioso entusiasmo, contra si misma.
Por Germán Castro, Cuba Free Press.
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