Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 5 de noviembre de 1997, Cuba Free Press

Liván Hernández Es Tan Héroe Como Mary Linares. Por Tania Quintero, Cuba Free Press.

Mientras exista la diáspora cubana habrá que seguir hablando de los que se fueron y de los que se quedaron.

La vida da muchas vueltas. ¿Quien iba a predecir que 35 años después de la "crisis de los misiles" el propio hijo de Kennedy viajaría a Cuba para entrevistar a Castro? En este carrusel incidental se podría hacer una abstracción e imaginar cuán distinto hubiera sido el destino de la patria, sii miles de sus hijos no se hubieran marchado al exilio en los primeros años de ascenso al poder por los barbudos.

Cada cuál tuvo sus razones para marcharse o quedarse. Unos tomaron la decisión solos y otros conminados por sus familiares. A todos les importabana las consecuencias: de lo contrario no se hubieran ido o quedado, para bien o para mal. En el medio quedaron los inocentes, niños indefensos, desrraigados que crecieron con otro himno y otra bandera. Menores que al arribar a la mayoría de edad le pasaron la cuenta a sus padres por no haberse ido. Dramas que 38 años después se repiten. Dilemas que desatan irresponsabilidades. Adultos que juegan con la vida de pequeños, exponiéndolos a una muerte casi segura en el mar o intentando crusar el campo minado alrededor de la base de Guantánamo.

Tal parece que nuestro destino está marcado por el signo de la migración, en todas las épocas, pero ahora mas: de una provincia hacia otra; de la capital del país hacia otras capitales del mundo. Sobre todo si es norteamericana. Por que la tuvería por la cuál regularmente desaguan en las costas cubanas es sostenida por los que se fueron. Ello provoca que los que se quedaron vivan entre la espada y la pared. O reconsideran su decisión y tratan de incorporarse allá fuera a lo que suponen es "una maquinaria de fabricar dólares" o se conforman con el billete de a cien que el pariente pueda enviarle de vez en cuando. Falta poco para que termine el año 1997 y para muchos cubanos la opción sigue siendo irse o quedarse.

¿Cara o cruz?

La tierra donde se nace no es una servilleta desechable. Se toma, pero no se deja. Es como un viejo amor: aunque se deje no se olvida nunca. Los que se fueron y triunfaron, llámense como se llamen y vivan donde vivan, no pueden suplantar a la patria, a pesar de su gloria y su dinero. Con sus defectos y virtudes, ella es insubstituíble.

Ahora que Liván Hernández, con sólo 22 años, forma parte de la legión ricos y famosos en Estados Unidos, el tema de la diáspora criolla vuelve a aflorar. El hecho de que a Liván la suerte le halla acompañado no menozcaba a estelares, que en su momento, no se pasaron al profesionalismo. Dos nombres encabezan la lista: Teófilo Stevenson y Omar Linares. Boxeador retirado el primero, pelotero inactivo el segundo. ¿Porqué no se fueron? ¿Por qué optaron por la patria real y palpable y no por la que duele desde lejos? Linares y Stevenson, vivien en un presente modesto, comparado con el futuro que les hubiera deparado el deporte rentado. Ellos y la pléyade de deportistas - y artistas - que tuvieron ante si similar disyuntiva y decidieron quedarse, son tan héroes como los que desidieron irse y vencieron, desde Roberto Goizueta, el presidente de la Coca Cola, recientemente fallecido hasta Liván Hernández, seleccionado el jugador mas valioso de la última Serie Mundial del Beisball de las Grandes Ligas en los Estados Unidos.

La condición heróica no es una medalla. No la da la riqueza material ni el hecho de ser internacionalmente conocido. Se gana también cuando la persona cambia todo eso por los olores, el sonido y los colores de la patria, sean los de la guayaba, las notas de la Bayamesa o el verdeazul del mar. El parque de la infancia y la esquina de la adolescencia. El cine y la iglesia del barrio. Las calles y aceras por donde pasearon una vez los sueños. El primer trago; el segundo amor o la última vez que escuchamos nocturnos. La represión por los Beattles, la minifalda y el estallido del short. La casa de los padres o la finca de los abuelos.

Es heróico, asímismo, el que a pesar de la angustiosa situación política y la asfixia provocada por la crisis económica, siente que Cuba es cosa suya. Y no la abandona, pase lo que pase. La lleva en el pecho, no como uno de los amuletos de moda, sino junto con un príncipe negro, cuyas espinas rozan los pulmones y desangra el corazón. Porque la patria no es asunto de cara o cruz. Es cara y es cruz. FIN, por Tania Quintero, Cuba Free Press.


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