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La Habana, 29 de Octubre de 1997, Cuba Press
Florida, Uno - Habana, Cero. Por Iván García, Cuba Press.
La Florida está de fiesta. Su equipo de béisbol, los Marlins, ha realizado una proeza. Por vez primera en la historia de las grandes ligas, un conjunto beisbolero en expansión triunfa en una Serie Mundial a solo 5 años de jugar en la gran carpa.
En La Habana, los medios oficiales no le dieron ni un ápice de repercusión. Hasta el año pasado los programas deportivos reflejaban al menos los resultados de la Serie Mundial. Esta vez no. La censura fue total. El equipo de los Marlins estaba integrado por el lanzador cubano de 22 años, Liván Hernández Carreras, quien había desertado de la selección nacional en Méjico en 1995. Para disgusto de los censores, Liván tuvo una actuación extraordinaria. Ganó cuatro juegos de pos temporada e igualó un récord para uno al final al abanicar a quince jugadores de los Bravos en célebre duelo con el "maestro del montículo", Greg Maddox, --tres veces nominado para el Cy Young de picheo.
Esto era mucho para los oficialistas cubanos. De ninguna manera se podía reflejar así la imagen de un "traidor" que gana millones de dólares y es cubierto por la gloria deportiva. De romper la censura se encargó el pueblo cubano. En la capital, miles de fanáticos siguieron jugada por jugada el play off de los Marlins. Alberto Reyes, obrero de 37 años, siguió los encuentros por la CMQ. "En la voz de Felo Ramírez y Manolo Álvarez escuché todos los partidos de pos temporada." Dijo haberse emocionado los días que Liván Hernández picheaba. "Cuando venció a los Bravos en partido decisivo inmemorable constaté de lo que son capaces nuestros peloteros: tienen calidad por arrobas para imponerse en las mayores".
Candido Gómez, jubilado de 73 años, escuchó los comentarios por Radio Martí y cuando la interferencia era mucha, sintonizaba la CMQ. A él no le asombra que nuestros peloteros descuellen en las grandes ligas. "Siempre fue así. Antes del ‘59, Cuba era el país que más jugadores exportaba hacia Estados Unidos." Era nuestro mercado natural. Pero después que el gobierno abolió el profesionalismo, Venezuela, Puerto Rico y Dominicana ocuparon nuestros puestos. Un joven talento del béisbol criollo que pidió no ser identificado confiesa que su futuro decididamente tendrá que ser la pelota profesional. "A los beisbolistas jóvenes no nos convence ya jugar por placer o por un ideal fracasado. Queremos ganar dinero." Los salarios que rondan los seis ceros han despertado grandes expectativas entre las nuevas estrellas. Ellos están conscientes de que poseen madera para brillar en ese circuito.
Algunos aficionados cubanos tuvieron la suerte de poder seguir por la televisión la Serie Mundial entre los Marlins y los Indios de Cleveland. Es el caso de Luis Frometa de 31 años, quien vio el primer partido que Liván lanzó contra los Indios. "Pagué $10 dólares ($230 pesos), pero no me pesa." Vio el desafío en una azotea donde había cerca de 80 personas. Funcionarios favorecidos por el régimen son autorizados a tener satélites. Ellos pudieron ver las transmisiones de la NBC gratis, cómodamente en sus casas. Pero como la necesidad económica afecta a todos, y la demanda era mucha, en seguida surgieron personas que decidieron cobrar las entradas a precios prohibitivos para el cubano medio. Miguel Álvarez de 53 años, trabaja en exteriores y posee un canal por satélite. "En los partidos de los Marlins contra los Gigantes cobré $2 dólares ($46 pesos). Pero al ver el éxito en el play off contra los Bravos subí a $5 dólares ($115 pesos); y en la final cobré $10 dólares per cápita. Yo sé que es caro, pero tuve que poner tres televisores. En el partido final se reunieron en mi domicilio 110 personas." Como entre el publico había varios familiares y amigos, Miguel cobró solamente a un centenar de personas, embolsillándose solo en el séptimo juego cerca de $1,000 dólares.
Un negocio boyante a costa de la censura oficial, pues todos en la isla estaban ansiosos de conocer los resultados de los Florida Marlins. Ocurrió también que, a diferencia de otros sucesos --el funeral de la Princesa Diana, por ejemplo-- los televisores instalados en hoteles, bares y cafeterías en divisas, no estuvieron autorizados a difundir la Serie. El que lo hizo fue exclusivamente para extranjeros o por su cuenta y riesgo.
Andrés Escobar, 49, es un profundo conocedor del béisbol. Según él, el habanero ahora tiene dos equipos: Industrial, equipo insignia de la capital, y los Marlins de Liván Hernández. La fiesta de la Florida se extendió a La Habana. Hasta altas horas de la noche en improvisadas peñas la gente comentó la victoria y el permiso de salida que el gobierno de la isla a última hora concedió a Miriam Carreras, madre de Liván.
Miami ganó. La Habana oficial perdió porque no dedicó ni una línea al acontecimiento. Mas el pueblo rompió el silencio. Como quiera que sea casi puede considerarse a la Florida como parte de Cuba: Dos millones de sus hijos viven en ese estado, y en el mar que nos separa una cantidad indefinida de compatriotas han dejado su vida. Proclamado el jugador más valioso de las grandes ligas, Liván Hernández también es parte nuestra, aunque muchos quieran ignorarlo.
Por Iván García, Cuba Press.
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