Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 29 de Octubre de 1997, Cuba Press

*** Un Lugar de Cuba. Por Germán Castro, Cuba Press.

Perea es un pequeño poblado de Sancti Espíritu, en los límites con Ciego de Avila, que no aparece en el mapa. A simple vista se diría que es uno de esos lugares del mundo donde no ocurre nada. Uno de esos pueblitos del interior de Cuba, tímidos y empolvados, que el poeta Eliseo Diego cantara con tanto amor en su poesía. Sin embargo, quizás porque permanece abierto al resto de la isla por el ferrocarril, quizás porque el torbellino de la revolución ha interesado en su metástasis hasta los huesitos mas ínfimos del esqueleto nacional, Perea, envuelto en su aparente rutina, se mueve. Y sus movimientos son harto contradictorios, a pesar de que en los últimos años, debido al llamado período especial, la tendencia de estos ha sido más bien hacia un idilio de sentidos: El deterioro.

Debido a las molestias de esta descomposición material y moral que afecta también al resto del país, durante años los pobladores han efectuados varias protestas a través de los delegados del poder popular y en algunas reuniones improvisadas con dirigentes del gobierno y del partido que han visitado esporádicamente el lugar. Así han pedido infructuosamente que se arreglen determinadas calles, que se sitúe una ambulancia en el policlínico del lugar y no a casi siete kilómetros en el poblado vecino; que se reconstruyan el cine y el antiguo bar/ restaurante/ cafetería, demolidos hace años; que se les conceda el status más favorecido de "zona urbana"; que se sitúen ómnibus suficientes para el transporte social; que se estabilice y amplíe el transporte ferroviario, antaño, vía fundamental, y actualmente casi paralizado; que se construya una nueva escuela, pues la que hay hace años se encuentra en peligro de derrumbe...

Sin embargo, aparte de estas solicitudes "formales" que invariablemente eran respondidas con las promesas también formales del gobierno y del partido, la vida de la localidad continuaba despeñándose en el olvido, como si no ocurriera nada, salvo la espera y los comentarios escépticos en voz baja para burlar el espionaje de los numerosos "informantes". Pero en septiembre pasado se combinaron un par de factores que espontáneamente sirvieron de detonantes, y encaminaron las cosas por el sendero deseado: Uno, la noticia de que el CDR 11 de la Zona 25 se había declarado en huelga o había sido disuelto por su presidente, negándose incluso a pagar el gasto del agua, como protesta por la falta de atención a la solicitud de arreglo de su calle que era de tierra; y otro, la intención de llevarse --como ya habían hecho a lo largo del tiempo con muchas otras cosas-- la tiendecita de recaudación de divisas.

En el primer caso, hubo el propósito inicial de detener al presidente del CDR, pero los vecinos de su cuadra protestaron reafirmando su posición, y lo impidieron; en el segundo, también el pueblo concentrado en el lugar donde se esperaba la grúa, amenazaba con amotinarse si finalmente insistían en realizar el traslado. Al mismo tiempo alguien llamó al Comité Central advirtiendo sobre el rumbo que podían tomar los acontecimientos. Así que el Partido de la provincia no tuvo más remedio que hacerse cargo y encarar directamente la situación. El propio Pedro Saez, Secretario General (posteriormente electo miembro del Buró Político en el V Congreso), acudió al lugar en dos ocasiones para explorar y evaluar el estado de opinión y buscar una salida satisfactoria a la crisis. Una vez escuchado los alegatos de los vecinos, no pudo más que darles la razón y prometer, como por arte de magia, la solución de los problemas más apremiados.

Para empezar, ordenó que dejaran la tienda de recaudación de divisas en su sitio; que distribuyeran los tres huevos per cápita mensuales que corresponden a los que viven en zonas urbanas; que se reparara la calle del CDR sublevado; que la escuela se construyera a un ritmo tal que permitiera su inauguración el próximo enero; que se celebren más fiestas los fines de semana; que el bar se termine para el próximo año; y que el cine se reconstruya para sala de video. En fin, que mediante este característico maratón, la gente recobrara la fe. Y con el fin de garantizar de lo dispuesto por él, in situ, siguiendo meticulosamente las lecciones del maestro, dispuso además que todos los martes acudieran los funcionarios encargados a comprobar la marcha de los trabajos (10 ó 12 carros y 20 ó 30 dirigentes), y prometió que en noviembre vendría él personalmente. Todo ésto ante unas 300 personas que acudieron a su segunda visita.

Pocas semanas después pueden observarse, en efecto, algunos movimientos constructivos, que recuerdan más bien los preparativos del campo de batalla para una guerra. Movimientos que una gran parte de los vecinos valoran con justificado escepticismo, seguros de que será más el cacareo que los huevos, y que bien pobre deberá ser la calidad de lo que salga de semejante corre-corre.

Pero lo más importante quizás esté en la lección básica que se deriva de esta experiencia: A saber, que solo la unión decidida del pueblo contra las promesas eternamente diferidas, hace que el gobierno y el partido tomen en cuenta su voluntad en el sentido de esa voluntad, y no para aplastarla o confundirla.

Curiosamente todo ésto estuvo acompañado por otro acontecimiento que vino, por así decirlo, a redondear el contenido de esa elección: La visita al pueblo de la Virgen Peregrina. Porque a pesar de que se indujo al pueblo para que no fueran a recibirla, la recibieron unas 500 personas. Cantidad, según testigos presenciales, notablemente superior a la que días antes habían acudido a conversar con el Secretario General del partido en la provincia. Lo que dice mucho más que cualquier largo texto que lo pretenda explicar.

Pero, por supuesto, hechos como éste son celosamente censurados. Solo cuando alguna de estas obras se concluya, independientemente del por qué, del cómo, y de los cuantos, podrá esperarse que Perea, por fin, obtenga un lugarcito en el mapa. Pero, por ahora no. Por ahora parece conveniente que continúe perdido, o, lo que es casi lo mismo, que no exista.


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