Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.
La Habana, 29 de Octubre de 1997, Cuba Press
El Muro de Silencio. Por Plácido Hernández Fuentes, Cuba Press.
En Cuba, Martí esta prohibido. No el Martí de las fotos y los versos, el Apóstol, claro está. Ése, no. Ése solo está manipulado, maltratado, que de hecho ya es bastante. Me refiero al de la radio, al de Radio Martí (porque el de la tele, ni hablar, que ése nunca lo hemos podido ver).
Radio Martí siempre ha estado prohibido por acá y el solo hecho de sintonizarlo ha sido un delito para muchos y conozco más de uno que se ha buscado un problema por oírlo. Sé, y no porque me lo contaran sino porque lo presencié, que una señora que fue amenazada por un conocido actor del teatro, el cine y la televisión local, cuyo nombre no es preciso omitir (Tito Junco), con llamar a la policía (esa hidra cubana), si no apagaba o cambiaba su radio para otra estación. Y luego el sujeto se ufanaba de su "intransigencia revolucionaria" en las esquinas. Éso ocurrió en el 2350, en el Municipio de Playa, aquí en La Habana donde Tito (¿imperato?) vivía por entonces.
Cuba, aparte de por agua, está rodeada por un muro de silencio, sobre todo con lo relacionado con nuestra situación real, la que día a día vivimos los cubanos y que solo nos llega a través de "Martí", como llamamos familiarmente a la "radio enemiga". Es otro bloqueo --ya que a tantos parece gustarles la palabrita-- pero interno --y que no alcanza solo, por supuesto, a Radio Martí, sino a otros medios de comunicación incluída la prensa. Así, "Martí" desapareció del aire: en la onda media primero ahogada por un insoportable sonido electrónico que hería los oídos y luego era "tapada", "sepultada", por la Radio Taíno, la tour emisora de Cuba, con sus atrayentes comerciales de fastuosos hoteles, restaurantes, cabarets, comidas y productos, a los que no pueden alcanzar la esperanza del cubano promedio, la mayoría. Aquella que no tiene acceso al dolar dios.
Después, desde hace un tiempo, tampoco se le puede escuchar en la onda corta, en ninguna de sus bandas, tragadas por un sonido aún más infernal. Es algo así como el ruido en estéreo de una concretera lo que le han echado encima, una cosa diabólica que provoca que por mucho poder de abstracción que usted posea, no logra entender nada o casi nada de lo que se dice, o lo entiende solo a medias, intentando adivinar y armar usted mismo la noticia que le ofrecen. Con otras emisoras internacionales no sucede, desde luego (al parecer las barbas del socialismo no alcanzan para tanto)... De manera que si usted posée un radio receptor de onda corta lo mismo puede escuchar Radio Francia Internacional, que Radio Exterior de España, que Family Radio, que la Voz de los Andes, que Radio Caracol, o emisoras en chino, japonés, italiano, ruso, sueco, árabe, y hasta creoles... Pero, de Martí, "ni hablar", (ni oír, quiero decir). Incluso entra limpia, clara, fresca, la voz de los Estados Unidos de América, la conocida "VOA transmitiendo desde Washington".
De esta forma el régimen totalitario cubano pretende anotarse dos tantos. Uno el de taponear a los oídos del pueblo para que no pueda escuchar las verdades que tan valientemente denuncia la prensa independiente y desde casi todos los rincones del país, y el otro, el de no permitirnos oír y saber lo que sucede realmente en el mundo y las opiniones que se tienen sobre nuestro país, y sobre este mismo régimen. Intento inútil, porque la verdad siempre se impone, y éste es un pueblo que ha aprendido a leer entre lineas y filtrar lo que escucha en la radio y la televisión, con su carga de politiquería y propaganda a la que nos quieren obligar. (Tengo un amigo que dice que esta deseoso de permutar su vivienda para el periódico Granma o para el noticiero de televisión porque allí todo está bien, y otro que manifiesta que para resolver el problema de la canasta básica familiar solo es necesario poner un saco debajo del televisor o del aparato de radio para que caigan en él las superproducciones y los super cumplimientos.) Cosas del cubano...
Pero, lo cierto es que un muro de silencio nos rodea... y que Martí está prohibido, y que no se oye para desgracia nuestra.
Por Plácido Hernández Fuentes, Cuba Press.
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