Desde Dentro de Cuba

Distribuído Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 29 de Octubre de 1997, Cuba Press

Las Cornisas Asesinas. Por Ramón Díaz Marzo, Cuba Press.

He arribado a la desesperanzadora conclusión de que actualmente andar La Habana Vieja es poner la cabeza en las manos de los siguientes dioses: la casualidad, el azar, las parcas y las moiras. La única posibilidad de escapar a la muerte por aplastamiento sería no salir a la calle; pero ¿y si el edificio donde uno vive es un candidato seguro para el derrumbe? Entonces hay que pensar que si la muerte es inevitable que sea a plena luz como le ocurrió al insigne filósofo de la antiguedad sobre cuya cabeza hizo impacto una tortuga de 500 libras que manos misteriosas lanzaron desde el cielo a las 2 en punto del mediodía.

Pero, ¿para que preocuparse? La muerte nos asecha en todas partes. No por gusto somos sus depositarios. Claro es que no es lo mismo morir aplastado por la macetica de flores delicada que en el precipicio de un balcón son primorosamente cuidadas por las manos temblorosas de una anciana casi ciega, que por el aplastamiento que le otorga a los cuerpos humanos la tos de esos edificios tuberculizados por la humedad de los años que cuando escupen lanzan fragmentos de paredes y trozos de balcones.

¿Alguien de la vieja guardia recuerda el Hotel México? Aquel que estaba situado por la parte de la Calle de Monserrate haciendo esquina con Obrapía, y que en su planta baja funcionaba la cafetería El Gallito. Pues el otro día, al principio del presente mes, escupió un trozo de corniza de 15 libras y al siguiente día escupió otro trozo de corniza de 20 libras. ¿Que está viejo y apenas logra sostenerse? No lo niego. Pero piensen que ocurre cuando hieren nuestro orgullo. Pónganse en el lugar de ese histórico edificio que alojó en los primeros días de la revolución cubana a un personaje histórico durante 72 horas. El conoce su propio valor arquitectónico y sabe que ha sido subestimado por HABAGUANEX. Solo tiene que mirar en derredor y observar la cirugía plástica que le han aplicado a sus viejos compañeros: "El Castillo de Farnés y La Zaragozana" que ahora gozan de aire acondicionado, vinos y alimentos por la gracia del dólar.

Por lo pronto tomaré toda clase de precausiones de aquel vecino mío que se llamaba Juan Turzio Polo que por los años 70 salía a las 12 del día con un casco blanco de microbrigadista y una linterna de pila y un bastón con punta de metal y un par de gafas obscuras y un anillo de plomo donde estaban grabadas la hoz y el martillo y un golongo de vagabundo. De esa indumentaria usaré el casco blando de microbrigadista.

Ahora las cornisas asesinas que amenazan a la población de La Habana Vieja, han pasado a un segundo plano. Lo que mas me preocupa es saber el uso que pueda tener una linterna de pila a las 2 en punto del mediodía. FIN. Por Ramón Díaz Marzo.


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