Desde Dentro de Cuba

Distribuido Por El Proyecto Cuba Prensa Libre.

La Habana, 11 de Septiembre de 1997, Cuba Press

Moisés - Confesiones Tardías. Por Raul Rivero, Cuba Press, de su libro Pruebas de Contacto.

Hace 36 años Moises fue a su primera y última guerra. Estuvo de guardia en unos barracones cerca del Central Australia cuando la invasión de Playa Girón en abril de 1961. Su fusil, un M-52 fabricado en Czecoslovakia. Volvió virgen. Las estrías del cañon cubiertas por grasas y salitres, y la bayoneta mohosa y seca.

Moisés era Testigo de Jehová y solo había leído un libro en su vida -- La Biblia. Sus amigos y mucha gente del pequeño poblado donde vivía cerca de Matanzas se extrañaron de que el hombre se inscribiera en las milicias. A este Moises nadie lo sacó de las aguas de un río. Vive con su esposa Miriam. Ella es testigo de esas confesiones de Moisés junto al pozo de su casa.

En el 61 yo cuidaba ovejas y me sentía forastero en tierra extraña. Un día vi a Dios en medio de la zarza y mi bastón se convirtió en serpiente. No tenía facilidad de palabra y era muy tímido e introvertido. Por eso nunca fui Testigo de Jehová eficiente. La conversión al socialismo fue traumatizante, como aquel espectáculo de muerte del cual todavía no me he repuesto. ¿Quién hace que uno vea, que el otro sea ciego, o sordo? Cuando regresé de Girón, deliraba, decía que ya habían muerto los que querían mi muerte. Me pusieron un tratamiento psiquiátrico que me empeoró. Todo el tiempo hablaba de plagas...de cuando las plagas del Nilo se convirtieron en sangre.

Miriam ha traído unas tacitas de café y una pausa para el monólogo de su marido. Moisés está atrapado en una telaraña de paisajes bíblicos y su pobre vidita de jubilado. La batalla de Playa Girón lo persigue, y los morterazos y el ruido de los aviones lo asustan todavía en las noches muertas de un reparto de las afueras de La Habana.

¿Cómo es ahora tu vida, Moisés?

Mi vida ahora? Ojalá hubiera muerto en el 61. Extraño demasiado los tiempos en que me sentaba junto a la olla y comía pan en abundancia. No se imaginan como me siento en este desierto. Con estos camellos y este gentío muertos de hambre. En el desierto el pueblo decía: "Cómo echamos de menos el pescado que comíamos en Egipto, y los pepinos, y los melones, porros, cebollas y ajos! Aquí en cambio, ya no tenemos ganas de vivir!

Del libro Pruebas de Contacto, por Raul Rivero, Cuba Press.


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