Desde dentro Cuba

Distribuido por El Proyecto Cuba Libre

El Hotel Telégrafo. Por Nestor Baguer, (APIC)

La Habana, APIC, 19 de julio de 1997.

En la década de los 60 del Siglo 19, se construyó en la calle Amistad, frente al Campo de Mar, un edificio diseñado especialmente para hotel, en la cuadra que hoy se encuentra el Mercado Selpi. Este fue el primero construido en Cuba con ese propósito específico. Los propietarios fueron unos naturales de Galicia, apellidados González uno, y Fernández el otro, a quienes les llamaban "los negritos", por razones desconocidas. Ellos dieron el nombre de Hotel Telégrafo a su negocio.

Según describe F. Hazard en su obra "Cuba a Pluma y Lápiz," publicada en 1871, "El Hotel Telégrafo, construido especialmente con ese fin, está situado en Extramuros, en la calle de Amistad, frente al Campo de Mar, cerca del Paseo, de los cafés y del Teatro Tacón. En él hablan todos los idiomas y tienen, además, la ventaja de disponer de baños."

Entre 1886 y 1889, los propietarios trasladan el hotel y lo instalan en la casa marcada con el nñmero 114, y los altos del 116. Poco después se amplió, ocupando también los altos del número 112, donde había estado el Hotel Americano, casi contiguo al Hotel Inglaterra, que en esa época estaban situados en la medianía de la acera del Louvre.

González y Fernandez eran también los dueños de Helados de Paris.

En 1895, el Telégrafo fue adquirido por Doña Pilar Samoano del T. A partir de esa fecha desempeña el cargo como administrador el esposo de Doña Pilar, la cual, en 1900, adquiere tambien Helados de Paris, dando con ese motivo una fiesta a la que asisten personalidades destacadas de la época como dice un discurso del General de la Independencia, "La Creme Morlot." Sobre Doña Pilar, se dice que simpatizaba, a pesar de su nacionalidad española, con los cubanos independentistas, y enviaba ayuda a los mambices que estaban en las mazmorras españolas.

Ella también, por ser simpatizante del General José Miguel Gómez, donó a este un sillón especial para que lo utilizara como silla presidencial cuando tomó posesión. Este sillón se hizo famoso y fue utilizado por casi todos los presidentes de la república y se le conocía como "la Silla de Doña Pilar."

Como el Hotel Telégrafo estaba situado en la acera del Louvre, famosa desde hacía años por los jóvenes que allí se reunian, conocidos como los "tacos" y, más tarde, como "los muchachos de la acera", el Hotel de Doña Pilar era el lugar preferido por estos jóvenes. La mayoría de los cuales eran independistas, como quedó demostrado por el gran número de ellos que se fue a la manigua a combatir por la libertad de Cuba. Entre las muchas anécdotas de estos "muchachos", en relación con el Telégrafo, se destaca la de un joven cubano, que durante unos paseos de carnaval, se empeñó en entrar al hotel a caballo. Y una vez logrado esto, trató de subir con caballo y todo en el acensor para ir al segundo piso, y sólo por los ruegos de Doña Pilar y de su esposo, Guillermo del Toro, desistió. El autor de esta "hazaña" fue Cecilio Acosta, que más tarde llegaría a ser congresista.

Después de la elección de José Miguel, Doña Pilar vendió el hotel a un catalán, cuyo nombre no se ha registrado, quien a su vez lo traspasó a Juanón López y Manuel Frutos, quienes habían trabajado en el famoso restaurante "Cosmopolitan", situado junto al Telégrafo.

Al principio les fue bien, pero decidieron venderlo a un grupo de dependientes del hotel. Estos siguieron con buenas ganancias administrando el hotel, hasta que comenzó a decaer, después de mal en peor, y hasta que decidieron cerrar el negocio.

Un incidente ocurrido en el hotel durante la Primera Guerra Mundial, contribuyó a la decadencia del mismo. Alli se reunian un grupo grande de alemanes diariamente. Eran en esa época los mejores clientes del hotel. Con la simpatía de la mayoría del pueblo cubano por los Aliados, la orquesta tocaba los himnos de los países que combatian contra Alemania. Los alemanes no se ponían de pie. Esto provocó una trifurca entre los alemanes y los cubanos, lo que provocó el alejamiento de los alemanes que dejaron de concurrir al hotel.

Como en su buena época el Telégrafo era el mejor hotel de Cuba, ahí se hospedaron personajes conocidos. El más importante fue sin duda el General Antonio Maceo, que se hospedó allí en el breve interregno antes de la Guerra del 95. Otro huésped ilustre fue Gonzalo de Quesada, el amigo de Martí. Durante la intervención de los norteamericanos, se alojaron allí Horacio Reuben, el periodista amigo tambien de Martí, la tiple Esperanza Pastor, de gran fama en la época, y todos los oficiales del cuerpo militar del ejército y la intervención yankee, que consideraban el Hotel Telegrafo "como una de las instalaciones más higiénicas de La Habana." Allí también se alojó Mister Stincer, Secretario de la Guerra de Estados Unidos, cuando visitó La Habana en 1911.

Después de su período de vivo esplendor como hotel, el Telégrafo prácticamente se convirtió en casa de vecindad hasta 1964 en que ocurrió un derrumbe y se determinó el desalojo, que se consumó en 1967, iniciándose la demolición la que se paralizó. Después iniciaron las obras de consolidaci162n y reconstrucción, confeccionándose un proyecto de restauración total para su utilización como hotel de 50 habitaciones en las plantas altas. (Originalmente tenía 60 habitaciones, atendidas por 142 trabajadores). Pero el proyecto, aunque aprobado, no se realizó.

En 1969, se hicieron nuevas gestiones por la Comisión Nacional de Monumentos. En 1972 se autorizó a la COR para realizar obras de limpieza y reconstrucción de la fachada del portal para instalar exposiciones.

En la actualidad las dos plantas interiores estan consolidadas, y en las aceras se han levantado muros de ladrillos hasta la altura de la cerrazón de hormigon corrido, requiriéndose una determinación sobre el destino de este monumento.

Existen varias revistas fotográficas del interior del hotel (habitaciones, lobbis, etc.), que pueden servir como guía para reproducir el estilo de la época de mayor despacho en el hotel, o sea, la de Doña Pilar Samoano, para lograr una reconstrucción final de su ambiente original. Por Nestor E. Baguer, APIC.


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