Desde dentro de Cuba

Distribuido por El Proyecto Cuba Prensa Libre

La Bodeguita del Mundo, por Lucas Garve. (APIC)

La Habana, APIC, 19 de julio de 1997.

Quién no conoce La Bodeguita no conoce La Habana, así me dijo alguien en una ocasión, una especie de "happy few", ya extinguida en esta isla.

Porque La Bodeguita del Medio se ha convertido con el tiempo en un lugar de peregrinación, más que nacional, internacional.

La Bodeguita del Medio levanta sus puertas de acero todos los días sin descanso y es asaltada por una turba de turistas que recorren el mundo para agotar sus vacaciones y hasta sus penas en otra parte.

El establecimiento inició su leyenda hace unos cuantos decenios, cuando servía de socorro meridiano a un grupo de artistas y escritores, recuentadores de una imprenta colindante, y acudían a saciar hambre y sed en la fonda trasera. Allí consumió Hemingway sus días cubanos, de mojitos de La Bodeguita, y daiquiris del Floridita. Por allí estuvieron Errol Flynn, Ava Gardner, y otros nombres hollywoodenses.

Ya no sé quién fue el primero de los clientes famosos que inició el firmar en sus paredes -- donde hoy no cabe ya un garabato -- cómo una eccentricidad que fue convertida con el tiempo en rutina.

La Bodeguita del Medio en la calle empedrada, objeto de tantos homenajes anecdóticos de aquellos tiempos habituales, y los no tanto, devino en un lugar de turistas. Un museo del trago y del congrí con carne de puerco, con olor a perfumes importados de los cuatro puntos cardinales. Ya que en el mínimo espacio que dejan la barra alta y el armario lleno de añejas fotos concéntranse apretujados a los sumo tres o cuatro decenas de personas de todas partes del mundo.

En ese salón global se puede oir hablar en inglés, francés, alemán, italiano, portugués, ruso, danés, y unas cuantas lenguas más, pues al calor del trago se desatan las lenguas, y cuando éstas no bastan, se echa mano a los lenguajes virtuales.

Cubanos pueden encontrarse con seguridad detrás del mostrador porque son los que sirven el consumo. Hoy La Bodeguita cuesta dólares como todos esos lugares que sirven de atracción turísticas. Ellos están vedados para los cubanos, desposeídos del billete verde, y como en muchos de otros centros -- como por ejemplo, hoteles, playas, etc. -- ni siquiera aun aquí. No son admitidos. Única razón: Son cubanos y viven sometidos.

Por Lucas Garve, APIC.


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